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Columna de opinión

A volver, a volver, vamos a volver…!!!


yo opino
lunes, 19 de junio del 2017 | 04:00Hs

Foto: Facebook
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“Buscó su acostumbrado miedo a la muerte y no lo encontró. “¿Dónde está ella?, ¿Qué muerte?” No había miedo porque tampoco había muerte. En el lugar de la muerte había solamente luz”. León Tolstoi (1828-1910); de “La muerte de Iván Illich” (1886).
Nacho tiene una campera oscura que lo abriga tanto como la capucha azul intenso que cubre su cabeza y apenas deja entrever que debajo, muy cerca de su piel, está la camiseta a bastones celestes y blancos. Se muerde con fuerza el labio inferior en un gesto de furia contenida y sus ojos tienen todas las lágrimas a punto de caer sobre las mejillas heladas por el viento. Es la imagen del desencanto por un arbitraje que traiciona su concepto de la justicia. Nacho no sabe lo que significa el descenso, el nació para el fútbol con la Crema en Primera. Sus lágrimas son por la victoria que le quitan. Lo consuela como puede Lalo, su padre. Pero él también tiene el llanto contenido, aunque en su caso no importe tanto lo de Beligoy, porque lo que realmente le duele es esta caída del Celeste al Nacional. Algo más allá don Aldo se saca los anteojos para secarse una lágrima que anidó en sus arrugas. En sus largos setenta años, pocas veces disfrutó como en este tiempo de ver fútbol de Primera “en el patio de mi casa, porque eso es Atlético para mí, señor”. Don Aldo conoce las raíces, y tiene presente sus recuerdos en Liga, cuando imaginar a la Crema en la elite era simplemente una locura. Para él, bajar un escalón no debería ser un drama, “pero era un gran premio estar tan arriba. Por eso me parte el alma”. Entonces se pone los anteojos y aplaude al ritmo de la hinchada. “A volver, a volver, vamos a volver…”
Se quiebra Llop en la conferencia, cuando Diego Oviedo le pregunta que siente por Atlético y Rafaela. Uno no imaginaba que ocurriría esto con el hombre que vive cada partido en la antesala del infierno y que ha pasado por situaciones límites tantas veces como ha festejado. Pero ahora que está calmo se quiebra y la emoción se hace onda expansiva. El fútbol, que debe ser una excusa para ser feliz, muchas veces es esto, pura tristeza. Una tristeza tan grande que hasta envuelve al vestuario visitante, donde cada hombre de Quilmes también sabe que ya no está en Primera, que solo le quedan un par de partidos antes de volver al ascenso, ese sitio en donde Atlético llegó a ser protagonista. Orgulloso protagonista central. Pero hoy la categoría nos parece pocos menos que un abismo.
Hubo un partido en la tarde de otoño que terminó siendo noche de invierno cerrado. Un partido que Atlético ganaba con justicia hasta que la misma fortuna que nos fue esquiva durante toda la temporada volvió a estar presente. Entre la injusticia propia del fútbol y la justicia manejada por el árbitro con la lógica de esta Argentina de hoy, nos robaron la posibilidad de gozar de un triunfo que hubiese sido ideal para atenuar la pena.
Y aunque los jugadores siempre serán el centro de la escena del fútbol, esta tarde el espectáculo lo dio la gente. Esta gente es hincha del fútbol tanto como de Atlético, porque en estos días, como no ocurre en ningún lugar de nuestro país, dieron una lección de honestidad deportiva y dignificaron con su proceder el alma del juego. Tuvieron la dignidad de reconocer la entrega del equipo, sintieron propio cada metro corrido por los jugadores, cada golpe recibido, cada gota de sudor derramada. Todo a pesar del descenso. Es que tras tanto tiempo de ser humillados, por fin este equipo nos dio la posibilidad de recuperar la autoestima.
Se termina en dos fechas este proceso de Llop, porque seguramente el entrenador se irá a su Newell´s. Y está bien, se lo merece. Este equipo y este cuerpo técnico nos dejan en el ascenso sin el karma de sentirnos derrotados, además de entregar la posibilidad de que los dirigentes puedan pelear por mantener parte de la base y disponer de varios juveniles con rodaje y buen futuro. No es poco. Tras los partidos del viernes, cuando ya sabíamos que habíamos perdido la categoría, algo se quebró. Ya no estaba el miedo al descenso, ya no se temía por la muerte deportiva. En lugar de ella está la luz. La ilusión de que, como dice el afiche, no es el fin, se trata del principio de algo hermoso. 
Está bien que lloren Nacho, Lalo, don Aldo, el Chocho Llop y tantos otros. Es parte del fútbol, que es la vida en noventa minutos. O en un campeonato. Pero está mejor que después canten, porque este equipo nos devolvió la posibilidad de creer en el hoy y en el mañana. Después de gozar los partidos que nos quedan en Primera será el tiempo de ilusionarnos con volver a ser los grandes del ascenso. Porque vamos a volver. Seguro.

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