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Homenaje: Rodrigo Valdéz

Adiós a "Rocky"

El miércoles 15, a los setenta años, y tras sufrir un infarto en su casa de Cartagena, murió el único boxeador que tuvo en la lona a Carlos Monzón durante su reinado. Ex bicampeón mundial fue, junto a Kid Pambelé, referente de oro del boxeo colombiano. Y parte inolvidable de nuestros recuerdos.


yo opino
lunes, 20 de marzo del 2017 | 04:00Hs

Hay fechas marcadas a fuego en la memoria del boxeo mundial. 7 de noviembre de 1970, noche lluviosa en Santa Fe, una ciudad convulsionada por la presentación en Roma de un flaco alto, sin carisma ni cartel, pero con un notable potencial que el país en general desconocía. Carlos Monzón peleaba en el Palazzo Dello Sport ante el local Nino Benvenutti, y en el duodécimo round sacudía al mundo con un nocaut que significaba su coronación como Campeón Mundial Mediano. 26 de setiembre de 1971. Carlos, que tenía entonces 29 años y estaba en la plenitud de su campaña, hacía su segunda defensa del título en un Luna Park desbordado por la gente, enfrentando al moreno norteamericano Emile Griffith, de 33 años, un brillante campeón de la década del sesenta que quería volver a su tiempo triunfal. Monzón comenzó esa noche a escribir su leyenda dándole un tremendo castigo a su rival. 30 de julio de 1977. Montecarlo, el más grande boxeador argentino de todos los tiempos ganó por puntos su decimocuarta defensa. Y se retiró. Fueron siete años donde nos sentimos junto a él, en la cima del mundo. Y pocas veces, muy pocas, temimos por su reinado. Aquella en que Bennie Briscoe lo obligó a mirar el reloj en el Luna Park, la primera pelea ante Jean Claude Bouttier, en una enorme carpa armada en París por Alain Delón, y las dos últimas, frente a Rodrigo Valdez.
Cuarenta años atrás el mundo era otro. No existía Internet y la telefonía móvil solo se veía en los comics futuristas. Argentina vivía en 1977 el primer año de la dictadura militar, tiempos de los comunicados amenazantes y la tablita de Martínez de Hoz. En agosto de ese año morían Groucho Marx y Elvis Presley, casi a fin de diciembre se estrenaba Star Wars y el 28 de julio nacía, en Bahía Blanca, Emanuel David Ginóbili. El mundo del boxeo era conducido por la Asociación Mundial, la entidad más vieja, y el Consejo Mundial, que por esos años comenzaba a hacerse fuerte. Es decir que había solo dos campeones por categoría. El 30 de julio, Monzón volvía a enfrentar a Rodrigo Valdez, a quién había derrotado un año antes en la unificación del título. Oriundo de Cartagena, Colombia, "Rocky" era un boxeador moldeado en la fragua de los más exigentes gimnasios neoyorquinos, y tenía en su esquina al ya legendario Gil Clancy, histórico manejador de Emile Griffith y expromotor del Madison Square Garden. Valdez tenía un estilo de pelea brutal, era un fajador de corta distancia de tremendo poderío. Monzón, como se sabe, venció por puntos en la primera pelea. Fue aquel un encuentro tensionado y todo quedó sabiamente articulado como para montar una revancha.
Por esos tiempos, Monzón vivía un apasionado romance con Susana Giménez, la mujer que le cambió la vida desde que la conoció, en el rodaje de la película "La Mary" en 1974. Terminada esa primera pelea, Tito Lectoure decidió alejarse de Monzón en medio de una pelea de intereses que además, involucró a "Cacho" Steimberg y el legendario entrenador Amílcar Brusa, quien ya nunca pudo entrar al Luna Park y terminó emigrando a Venezuela. Mientras, la revancha se ponía en marcha. Carlos tenía por entonces 34 años y una carrera de 99 peleas, de las cuales se había impuesto en 86 (56 antes del límite), empatado 9, perdido 3 y contaba con una sin decisión. No conocía la derrota en los últimos doce años y nueve meses, cuando Alberto Massi le ganó por puntos. Con 1,81 m tenía ventajas de altura sobre el colombiano. Valdez, cuatro años menor, medía 1,76 m y sumaba 66 peleas. Tenía 59 victorias (39 antes del límite), 5 derrotas y 2 empates. Su última pelea había sido una derrota ante Carlos, el 26 de junio de 1976, quien le cortó así una racha de cinco años y once meses sin perder, con 27 triunfos consecutivos.
La pelea fue en el estadio Louis II de Montecarlo, donde estuvieron presentes, entre otros, el príncipe Rainiero, Jean-Paul Belmondo y Alain Delon. La entrada más cara costó 250 dólares y se habilitaron 12.500 localidades, lo que posibilitó una recaudación de 386.234 dólares. Monzón cobró 500 mil, en lo que fue la bolsa más alta de toda su carrera, mientras que el colombiano se llevó 150 mil. Fueron acreditados 150 periodistas con solo 12 fotógrafos al borde del ring. En total, el encuentro llegó a 30 países a través de la señal que emitió la cadena norteamericana CBS. Otros tiempos.
En el primer asalto, la derecha de Rocky llegó a la cara de Monzón, encendiendo una luz de alerta. Pero en el segundo, el cross largo llegó justo al rostro del argentino y este cayó de rodillas. El referí inglés Rolan Dankin le contó los 8 segundos de reglamento. Sin embargo, y tras recuperarse, Monzón comenzó a mandar con su izquierda, aunque el colombiano nunca se entregó. El décimo terminó de desequilibrar el encuentro. Con una larga derecha en punta, el campeón le abrió la ceja a Valdez. Tremendo corte, de labios abiertos y sangrantes que literalmente lo quebró. El resto fue durar para llegar al final. Monzón fue proclamado ganador en forma unánime, abrazó a Brusa y a todos sus amigos, incluyendo a Miguel Ángel Cuello. Y luego llamó a Lectoure, quien estaba en el ring side. Subió Tito, se fundieron en un gran abrazo y al oído, embargado por la emoción, el campeón le dijo: "Ahora sí, Tito... Nunca más... Esta fue mi última pelea...".
Para Valdéz la historia continuó. El 5 de noviembre de 1977 le ganó a Bennie Briscoe el título mundial de los pesos medianos, por decisión, en un combate a 15 asaltos. Fue la segunda vez que se enfrentaron por el título, ya que antes lo hicieron en Montecarlo en 1974, cuando a Monzón le quitaron la corona por no haberla querido defender con el número uno en el escalafón de los medianos, precisamente Valdez. 
En su primera defensa, el 22 de abril de 1978, perdió contra el argentino Hugo Pastor Corro. Unos meses después, el 11 de noviembre de ese mismo año, se reencontraron en el Luna Park y Corro volvió a ganar. Luego hizo dos peleas más, y se retiró después de vencer a Gilberto Amonte el 28 de noviembre de 1980. Su historial es de 63 victorias (42 de ellas por nocaut), 8 derrotas y dos empates. Fue clasificado en el puesto 29 del ranking de Ring Magazine de los 100 mayores pegadores de todos los tiempos. 
En su etapa posterior al retiro, "Rocky" vivió en el residencial barrio de Crespo, donde está el aeropuerto, un lugar con mucho movimiento en Cartagena, la ciudad sin inviernos. La diabetes lo fue golpeando aún más que sus rivales del ring. "Pero muchos de ellos fueron mis amigos, como Carlos Monzón", dijo cierta vez el único boxeador que tuvo por el piso al santafesino. "Si no hubiese sido boxeador, seguramente me habría dedicado a la pesca. Perdí a mi padre de muy pequeño y tuve que salir a ganarme la vida. Y como era un peleador callejero, me dediqué al boxeo", le dijo hace algunos años al diario El Litoral. "Me agarraba a trompadas con cualquiera, grande, chico o mediano. No me importaba. Pegaba y recibía. Siempre me gustó "fajarme". A los grandotes les pegaba y me tiraba encima... Era de meterme en problemas siempre (risas). Si el grandote era flaco, seguro que le ganaba. Todos los días hacía entre cinco y seis peleas... Había algunos que eran buenos", aseguraba sonriente.
Su recuerdo de Monzón era emotivo para nosotros. "Corría mucho, no lo podía agarrar, corría demasiado. Era bueno Monzón, buenísimo. Él y Cassius Clay fueron los mejores boxeadores que yo he visto. Pero tenían un estilo que a mí no me gustaba. No se fajaban. Y a mí, siempre me gustó subir al ring a fajarme con el rival, porque la gente paga para ver eso. Monzón me agarraba, se me escapaba. Yo quería que el rival se me plantara para fajarme. Él no era así. Pero reconozco que era buenísimo", solía asegurar.
Dicen que vivió intensamente y que cuando llegó el momento del reposo, le quedó el afecto de su familia, los recuerdos y un pequeño capital que le permitió llevar una vida decorosa. Junto a su compatriota Antonio Cervantes, "Kid Pambelé" elevaron, con sus roles ganadores, la imagen de los atletas colombianos. Su corazón, ese que nunca falló en el ring, decidió fuera de este que era tiempo del reposo. Se va parte grande del boxeo mundial. Queda grabada a fuego en nuestra memoria la imagen del guerrero que amenazaba a nuestro campeón. 

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