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La otra mirada

Carnaval propio, suicidio ajeno y la mano fantasma


yo opino
lunes, 27 de noviembre del 2017 | 04:00Hs

Foto: N. Gramaglia
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"Pero ni aún así adquirió el difunto un aspecto púdico y decente: era un muerto de carnaval, ni siquiera mostraba sangre de bala o de puñalada corriéndole por el pecho que pudiera rescatarlo de su condición de mascarita",  Jorge Amado, escritor, novelista, dramaturgo, cuentista y crítico literario brasileño, autor de "Doña Flor y sus dos maridos" (1966).
La fotografía en cuestión data de 1900 y fue expuesta en una galería por el diario Belfast Live, en donde se mostraron todo tipo de oficios desaparecidos. En la misma se pueden ver a 15 jóvenes descalzas, algunas serias y otras más alegres, con un detalle fantasmagórico. Y es que, en el hombro derecho de una de las empleadas se posa una mano que a su vez ¡no pertenece a ninguna de las chicas allí presentes! Lo curioso, también, es que nadie había notado la mano fantasma hasta la exposición, ciento diecisiete años más tarde. Seguramente que tampoco la hubiese visto el árbitro Jonathan Correa, o su asistente del lado sur del Monumental, que vaya uno a saber cómo se llama. ¿Yo? ¡Nooo!. Yo soy hincha de fútbol, y los hinchas tenemos visión selectiva. Es decir que solo vemos lo que nos conviene o lo que queremos ver. Consecuencia, todos los hinchas de la Crema aseguran que no hubo nada, mientras que para los de Juventud Unida la mano fue más grande que la de Tulio, aquel brasileño que logró sacarnos de la Copa América de 1995 con un movimiento digno de Ginóbili.
Lo que es ilógico es que un equipo que llegó a Rafaela en la tarde de un sábado de clima glorioso segundo en la tabla, con cinco victorias y dos empates, diecisiete puntos maravillosos sí, como ellos aseguran, se tiene como objetivo salvar la categoría, decida suicidarse ante la primera adversidad. Es entendible que se hayan sentido perjudicados, pero aún les quedaba un tiempo y un ratito para tratar de cambiar una historia que venía complicada en el desarrollo por su propia impericia y por el notable funcionamiento de equipo local. Todos parecieron perder la cabeza y rodearon al árbitro cordobés con tanta vehemencia en los reclamos que no le quedó otra al hombre que sacar una roja y un par de amarillas. Casi nada ante ese cuadro, como si hubiese presagiado que había metido la pata. Pero ni ese flaco perdón ni el entretiempo los calmó, porque a los 10 del segundo tiempo, y ya perdiendo dos a cero, se fue de boca Romero y otra vez la tarjeta roja salió al ruedo.
Tipos extraños estos de Gualeguaychú. Cuando preparan su carnaval, que es de los mejores, decidieron vestirse de mascaritas y entregarles el cetro del rey de la comparsa al dueño de casa. Pero para ser justo hay que decir que, once contra once, Atlético había mostrado lo mejor del torneo, con juego asociado y llegadas varias, aunque la falta de definición mantenía a los fantasmas del Monumental vivitos y volando. Todo hasta la exquisita definición de Albertengo y el descontrol del Decano. Con todo por ganar, al conjunto de Bovaglio le faltó algo de chispa, pero igualmente manejó el partido a su antojo y se valió de cada ventaja que le daba su oponente.
Esta vez sí fue inteligente, como si hubiese aprendido la lección de la negra noche ante Almagro. Con un Mauro Albertengo cada vez más desequilibrante a pesar de sus errores en la definición, un extraordinario Romero y un Pittinari recuperado, el equipo tuvo algunos momentos de brillo, un largo tiempo de control y solo algunas preocupaciones. Sólido Macagno, perfecta la defensa que se sobrepuso a todas las variantes, ilusionante Marconato a pesar de su falta de ritmo y tranquilizador el retorno de Casa. Solo queda la preocupación por la obstinación del entrenador en mantener en el equipo a Velázquez y Klusener, cuyas presencias solo se sustentan en sus apellidos. Es posible, ojalá, que por fin aparezcan en plenitud. Pero queda claro que el precio que hasta aquí ha pagado el equipo por la titularidad de ambos parece ser demasiado alto.
Hay tipos que vuelven a jugar cuando aparecían casi retirados y no pueden ni levantar las piernas. En realidad, todos lo hacen para seguir siendo jugadores de fútbol. Sergio Palma aseguraba que "yo no soy ex, yo soy un boxeador que está viejo para pelear". Este sábado Chipi Gandín tenía la chance de mostrar cómo es su regreso. Con el resultado favorable, la mayoría de las miradas estaban puestas en él, que respondió con un par de pinceladas magistrales. Pero el árbitro no pudo con su sentido de culpa y lo expulsó de manera irritante por lo injusta. Dicen que para conocer a un hombre, en este caso un futbolista, hay que verlo en dos situaciones límites. Gandín decidió exponer su historia, aún con todo en contra, por volver a jugar en su casa, eso debe ser valorado más allá de nuestros preconceptos. Ahora habrá que ver si es capaz de levantarse después de un golpe duro como el que sufrió.
Este fue para la Crema un sábado de gloria, desde los reconocimientos del inicio hasta el resultado final que prepara un cierre de temporada ilusionante. Se saldaron varias deudas y se ganó claramente. La gente se fue hablando de fútbol, de juego. Que teniendo en cuenta lo visto últimamente, casi que se parece a un carnaval.

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