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CON POCOS RECURSOS Y ESCASO MARGEN DE MANIOBRA

Castellano enfrenta un 2018 lleno de incertidumbres


locales
martes, 13 de febrero del 2018 | 04:00Hs

Foto: CASTELLANOS
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(Miguel González). El primer día de marzo será jueves. Con el estreno del mes, el intendente Luis Castellano deberá cumplir con el rito anual de concurrir al Concejo Municipal para exponer, como dirían los estadounidenses, sobre el "estado de la ciudad". No será una visita más. Como quedó dicho en otras oportunidades, y como nunca le sucedió a ningún intendente desde la restauración democrática, Castellano enfrentará a un Concejo dominado íntegramente por la oposición, con un bloque oficialista debilitado por el resultado electoral y por la defección, no inesperada, de uno de sus integrantes, quien hasta diciembre fuera presidente del cuerpo.
El Intendente regresó hace pocos días de sus vacaciones de verano. Fueron las primeras en las que dejó el Ejecutivo al mando de un presidente del Concejo que además de ser opositor, ansía probarse el sillón de Giménez por algo más que un interinato intrascendente. Y los gestos de Raúl Bonino, más la hiperactividad casi proselitista esbozadas en pleno enero por las otras "primas donnas" de Cambiemos, Hugo Menossi y Leonardo Viotti, le habrán ayudado a entender, por si no lo había hecho todavía, que la oposición esta vez no solo tiene muchas bancas sino también vocación de poder. Y ese fenómeno no lo enfrentaron nunca los intendentes del ciclo peronista, acostumbrados mas bien a que los candidatos opositores se subieran al escenario pidiendo perdón por el atrevimiento.
Con la amenaza de un desafío tan grande al poder del oficialismo local –en el marco de una elección donde también se pondrán en juego de manera definitiva las aspiraciones  a gobernador de Omar Perotti-, Castellano amagó con volver a las fuentes. Fue después del cimbronazo de agosto, el primer terremoto fuerte que sufrió en sus seis años de gestión. Ese resultado debilitó las columnas principales de su estructura política y lo de octubre terminó por sembrar de escombros el patio principal. Se quedó en el amague.
En la cancha, cuando juega con sus amigos, Castellano suele usar la camiseta 7, que identifica su posición en la cancha cuando soñaba con jugar en Primera. Ahora su equipo acaba de sufrir dos goles de esos que amenazan no solo la suerte del partido sino la del campeonato entero. Le toca jugar de 10: bajar a buscar la pelota, levantar la cabeza, mostrar picardía y talento, darle juego a los que pueden desequilibrar, inventar alguna genialidad que levante a la popular y silencie a los contrarios. Y si puede, meter un gol.
Castellano, sin embargo, sigue con la 7. Pegado a la raya, la pelota no le llega porque no tiene un "10" que se la alcance redonda, ya que todos esperan que ese "10" sea él. Tiene algunos "52 que corren mucho para intentar recuperar la pelota, pero incluso sospechan que si le tiran la pelota a él, el que sigue con la "7", cuando la agarre no se la entregue a nadie, sino que se quede ahí, haciendo jueguito al lado de la raya de cal, de cara a la tribuna, sin tirar ningún centro que pueda terminar en gol. Y así, aunque la tribuna grite un rato, al final del partido no habrá triunfo ni campeonato, sino un largo camino al túnel que lleva al vestuario.

 

El panorama

 

El Intendente enfrenta otros problemas inéditos. Sus esperanzas de mantener una buena relación con el Gobierno Nacional de Cambiemos –que le valieron el destrato permanente de los K más recalcitrantes en el pago chico- chocaron con la realidad. En primer lugar, no llegó ninguna obra de las prometidas por la gestión nacional, sobre todo en materia de saneamiento urbano, como cloacas o pavimento. Obras de pico y pala, que permitieran contratar mano de obra poco calificada, generar trabajo y movimiento económico en los sectores más vulnerables. Las carpetas con proyectos llevadas por los funcionarios rafaelinos duermen el sueño de los justos en algún cajón de Buenos Aires.  Para cuando se inauguren la pavimentación de Gabriel Maggi; el exCEPLA y la refuncionalización de Vieytes-Marchini, todas partes de la pesada herencia que el propio Castellano consideró como tal en su afán de despegarse de las corruptelas de la obra pública kirchnerista, se habrán terminado los aportes nacionales para Rafaela. La gestión macrista no mandó nunca recursos para obras del Estado Nacional en la ciudad. Ni mandará, a juzgar por el déficit que afronta el Estado federal.
De la Provincia tampoco le quedará mucho por esperar, más allá de las obras ya en marcha o comprometidas. Para colmo de males, en Santa Fe hace rato que miran con malos ojos a Castellano. Cerca del principal despacho de la Casa Gris aseguran que no hay proporción entre los palazos que recibe desde Rafaela la administración provincial –justificados en más de un caso- que está ejecutando obras de presupuesto multimillonario, como el desvío del tránsito pesado o el Canal Norte; con las suaves reprimendas que Moreno 8 de vez en cuando, muy de vez en cuando, hace oír acerca de los incumplimientos nacionales. Citan entre ellos a la falta de precisiones sobre la obra de la ruta 34; la marginación de Rafaela de los planes de recuperación ferroviaria y la ayuda con cuentagotas que llega para los tamberos.
Sin embargo, el problema principal de Castellano está puertas adentro. El achique de la estructura política que se esperaba luego de las elecciones no se cumplió. A la Municipalidad no le sobra dinero en absoluto y tuvo que cerrar las cuentas del 2017 con fórceps . El plan de pavimentación de más de cien cuadras de la ciudad, todavía está en veremos y hay un alto grado de posibilidades de que cuando el Gasoducto Regional Centro II –que dará la posibilidad de dotar con ese combustible a todos los barrios de la ciudad- comience a proveer gas, el Municipio y Litoral Gas sean sorprendidos con los pantalones bajos, sin respuestas concretas sobre cómo se encarará una obra que piden todos los que no la tienen, pero que cuesta mucho dinero ejecutar.
Como si todo esto fuera poco, se abre el período de negociaciones paritarias con la FESTRAM, que figura entre los gremios más combativos del espectro estatal.  Los sucesivos ajustes pegan cada vez más bajo la línea de flotación de los sectores asalariados y crecen las demandas en los barrios, donde los equipos territoriales del Municipio han hecho agua sistemáticamente en los últimos años. Los pedidos de socorro van desde los que no pueden afrontar más los alquileres hasta los que tienen dificultades para afrontar el pago de servicios vitales, como la electricidad y el agua.
El círculo de la gestión dejó de ser virtuoso. Al agrandarse la estructura y reducirse el flujo de recursos –menos obras nacionales, menos coparticipación, más costos operativos- la porción del gasto municipal que se destina a los cargos fijos creció y es menor la parte de la torta que le toca a los programas y proyectos. Sin "aceite" que los lubrique –léase sin presupuestos acordes- los engranajes de la maquinaria que debe dar respuesta a los requerimientos y demandas de los vecinos se endurecen, van más lentos. Hacen ruido. Y hay oídos atentos para esos ruidos: Cambiemos, con el cuchillo entre los dientes y sin otras habilidades demostradas que una buena capacidad para juntar descontentos, hace su juego. Con la elección de autoridades del Concejo ya demostró que ninguno de los concejales que se arroparon detrás de la globofilia se pone colorado a la hora de votar lo que le sirva a sus planes de conquista del poder. A esas reglas el peronismo las interpreta bien, porque también las usó. Y sabe lo que significan.
Castellano parece ignorar las dimensiones de la tormenta que se ciñe sobre el horizonte del futuro político del oficialismo en Rafaela. Con el socialismo tratando de curar las heridas que le dejó la derrota del 2017 y sin terceras fuerzas que dividan el voto opositor, el Intendente necesita galvanizar la gestión. Hay quienes creen que lo puede hacer con una inyección de hormigón armado: pavimento y otras obras. Pero no hay plata para eso. Otros le apuntan que llegó la hora de gestos dramáticos, como la conformación de un gabinete de crisis con poderes de reorganización total dentro del Municipio, que haga recuperar algo de entusiasmo a los cuadros permanentes, desalentados por controles a los que consideran exasperantes por cuidar la gota que se desperdicia en el baño mientras el agua chorrea por las canillas de la cocina y se filtra por los desagües del living a la vista de todos.
El 1 de marzo, sin margen de error, frente a una oposición que se le metió en el área y le cascotea el arco, el "7" necesitará tener el buzo de arquero, jugar como un "10" y definir una estrategia que le haga meter un gol que salve la chance del campeonato.

 

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