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La otra mirada: El final de El Gráfico

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Nació en 1919 como una revista de interés general pero rápidamente se volcó al deporte. Y se convirtió en un hito. Salir en su tapa era tocar el cielo con las manos. Por sus páginas pasaron la mayoría de los mejores periodistas y escritores. Durante décadas, muchos esperábamos el martes para comprarlo. Pero el decreciente consumo de medios impresos le puso fecha de cierre.


yo opino
lunes, 22 de enero del 2018 | 04:00Hs

"El Gráfico fue una clásica revista deportiva argentina que se publicó por última vez en enero de 2018", dice hoy mismo Wikipedia. Es una drástica muestra de realidad. Apenas la empresa anunció su cierre, el portal ya da su muerte. Nosotros, en cambio, esperábamos hasta el martes para leer en la revista el análisis que maestros de la pluma escribían sobre algo que había ocurrido hasta una semana antes. Es la realidad, una realidad vertiginosa y despiadada que no reconoce mitos ni atiende tristezas. "El Gráfico, otrora 2Biblia" del fútbol argentino, desaparece. Momento triste para todos los que hemos amasado sus ejemplares como oro en paño", escribe el gran periodista Juan Castro en la española Marca de este martes, "y se va un gran trozo del fútbol argentino. Qué pena".
El uruguayo Constancio Cecilio Vigil, creó a los 15 años el periódico El Derecho y a los 19, el semanario La Alborada. A los 27 se radicó en Argentina y allí permaneció hasta su muerte. Escribió unos 50 libros, pero su obra más importante fue fundar la Editorial Atlántida. El 30 de mayo de 1919 sacó la segunda revista de su empresa: El Gráfico. En noviembre surgiría Billiken y en 1922 lo seguiría Para Tí. Gente lo haría en los años 60.
En la portada del número uno se lee "ilustración semanal argentina". Las 12 páginas solo contenían fotos y epígrafes, y no tenía nada que ver con el deporte. En una época con textos poco amenos y diagramaciones rígidas, la nueva publicación se destacaba por su innovación. Tenía un formato tipo sábana de 58 x 40, y solo ofrece dos coberturas deportivas: el tercer campeonato de fútbol en Río de Janeiro y un certamen de tenis en las canchas del Lawn Tennis Club.
El deporte tenía entonces muy poca cabida en los medios. Aníbal Vigil, hijo del fundador, fue el primer director de la revista. El N° 2, que apareció 35 días después del inicial, exhibe una tapa de aviación. El N° 3, tenis. El 4 muestra el desfile militar del 9 de julio. Y en el N° 5 aparece por primera vez el fútbol, con escenas de un partido entre argentinos y uruguayos.
El Gráfico se transforma en deportiva a partir del N° 333 (1925). El tamaño se comprime a 35 por 25 porque ya no es necesario el tamaño sábana para que el público la vea en los kioscos. Atlántida se instaló en Azopardo y México en 1925, donde todavía continúa. El edificio lo hizo construir John Wassermann Spiro, un judío alemán que le vendía papel a la Editorial. Durante la Primera Guerra Mundial, en el edificio se guardaba documentación secreta.
Ricardo Lorenzo fue un prócer del periodismo. Nació en Montevideo, adquirió el hábito de leer con avidez y así se terminó de formar, ya que solo había llegado hasta tercer grado. Su seudónimo, Borocotó, nació por su amor al candombe. Su sección más popular iba en la última página. El contenido, según el mismo lo definió eran "anécdotas, reflexiones y brochazos con olor a polvareda de baldío. En el andar surgió el recuadro que vestí de lila y blanco en homenaje al cuadrito inolvidable del barrio. Era el Sacachispas". Y se autorretrató: "Mi violín tiene dos cuerdas, una que hace reír y otra que hace llorar". Dijo de él Frascara, otro emblema de la revista: "Hubo un momento en que Borocotó era El Gráfico y El Gráfico era Borocotó. Llegó al público, a la muchachada, al alma del barrio, al palpitar del baldío, al corazón de las madres. Poetizó las rodillas sucias de los purretes y la tristeza pobre de la solterona que fabricaba las pelotas de trapo y recomponía las alpargatas de los raboneros".
Félix Daniel Frascara alimentó su vida a la vera del ring. Hincha de Estudiantes, amigo de la noche y bohemio empedernido, llegó a El Gráfico en 1930. Era un purista del idioma. Enviado a los JJ.OO. de Londres, "al ganar Delfo Cabrera la maratón perdió la compostura y saltó del palco de prensa para abrazarlo. Así sentía el deporte", relató su hijo. Escribió sobre todo de boxeo y fútbol. También firmaba como Sobrepique o Contragolpe.
Alfredo Enrique Rossi utilizaba el seudónimo Chantecler (canta claro). Dio cátedra en crítica futbolística y cumplió una función didáctica de gran valor. Estuvo en El Gráfico entre 1925 y 1941 y creó secciones de gran arraigo como "Consultorio", "Entre pitada y pitada" o "De sábado a sábado". Era tal su prestigio que cuando Jules Rimet, presidente de la FIFA, vino a Argentina en 1939 pidió ser entrevistado por él.
Ricardo Alfieri ingresó en Atlántida a los 18 años como linotipista. "Cierta vez la empresa propuso a los obreros que aprendiéramos un oficio en nuestras horas libres. Y yo me anoté para ser fotógrafo –contó él mismo-. Al principio hacía trabajitos de laboratorio. Un sábado faltó un fotógrafo y me dieron su tarea. Tenía que retratar a unos atletas que participaban en un torneo. La noche del sábado no pude dormir, me sentía Gardel. El torneo empezaba a las 14.30 y yo estuve a las 8 de la mañana". El gran referente de la fotografía deportiva argentina, junto a Antonio Legarreta, trabajó hasta 1980.
El verdadero nombre de Osvaldo Ardizzone era Osvaldo Onofre Bramante. Trabajaba como empleado administrativo de Atlántida hasta que Dante Panzeri, entonces director de la revista, habitual interlocutor de sus charlas en el buffet del cuarto piso, le comentó que si volcaba en un papel las historias que contaba, sería un gran periodista. Y lo fue. Bohemio, poeta, de talento supremo, sus entrevistas y comentarios adquirieron un vuelo literario único y son un sello de distinción de los ‘60 y ‘70.
De convicciones morales intachables, Dante Panzeri introdujo en el periodismo deportivo la mirada ácida y crítica. Referente de periodistas prestigiosos, dejó su marca entre 1945 y 1962. Llegó a director y se fue por un desgaste con las autoridades, que culminó cuando lo presionaron para que en un Boca-River del 62 publicara la opinión de Álvaro Alsogaray.
Carlos Fontanarrosa asumió entonces como director. Incorporó a Juvenal, El Veco y Cherquis Bialo, convenció a los directivos de Atlántida de que invirtieran en nuevas máquinas, impuso el slogan "El Gráfico en la calle", suprimió el horario fijo de 8 a 14 bajo la consigna "los periodistas no tienen horario" y marcó una bisagra en la historia de la revista. Se retiró en 1977.
Orlando Ríos, periodista de automovilismo de los años 70 y 80, se integró como personal oficial a la escudería Williams de F-1 en el GP de Argentina de 1981 para cubrir el desempeño de Reutemann. También fue pilo de TC y en 1987 corrió la París-Dakar. En la revista escribieron Roberto Arlt, Mario Vargas Llosa, y, en los últimos años, Eduardo Sacheri. El Gráfico llevó por primera vez al inolvidable Negro Roberto Fontanarrosa a ver un River-Boca. Ocurrió en 1988, en el Monumental. Una pincelada del comentario: "Está el árbitro y los dos equipos formados para comenzar el partido. Y un césped verde impecable. Cierro los ojos y trato de recordar dónde he visto antes esta escena. Debo remontarme a la infancia: la he visto en las tortas de cumpleaños".
La mayor venta de ejemplares corresponde al título mundial ganado en México 86, con 690.998. Hubo 44 deportes que alguna vez aparecieron en la tapa. El fútbol primero, seguido por el boxeo, automovilismo y natación. El espectro incluye aviación, billar, paracaidismo y cricket, entre otros. Después del Mundial 98, El Gráfico fue comprado por Torneos y Competencias y dejó Editorial Atlántida. En 2002 pasó de ser semanal a mensual. "Para cualquier jugador del fútbol argentino solo existen tres sueños: 1) jugar en la primera de su equipo, 2) salir en la tapa de El Gráfico y 3) jugar en la selección nacional", dijo Alfredo Di Stefano. Aún sin sus grandes escritores de entonces, siempre fue un placer ver la revista en los Kioscos. Ya no podrá ser. Es la evolución. ¿Es la evolución?

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