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Con el paso cambiado


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martes, 12 de diciembre del 2017 | 04:00Hs

Foto: CASTELLANOS
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El rostro de Castellano, que abandonó antes el acto, lo dice todo…

(Por Miguel González) La relación entre el Ejecutivo y el Concejo Municipal, con su nueva composición de neta mayoría no oficialista, no comenzó con el pie derecho. Las elección de las autoridades políticas realizada por el Concejo no ofreció una señal positiva acerca del diálogo constructivo que será absolutamente indispensable para que la ciudad no termine envuelta en una disputa política permanente de aquí al 2019, contraria a los intereses generales de los vecinos y obstaculice la gobernabilidad.
Conocidos los resultados del 22 de octubre, este Diario vino advirtiendo sobre los desafíos inéditos que esperan a unos y otros. El oficialismo, porque por primera vez deberá gobernar no solo siendo minoría en el Concejo, e incluso sin controlar la presidencia del Cuerpo -esto es, sin que el reemplazante natural del Intendente resulte alguien del mismo signo político que fue electo para gobernar hasta 2019-, sino principalmente porque el intendente incluso ha perdido el poder de veto, una herramienta de uso muy inusual en Rafaela. En caso que los concejales representantes de la oposición decidan utilizar su mayoría en bloque unificado, cuentan con los dos tercios de los votos necesarios para ratificar cualquier ordenanza que sancione el Concejo, un poder del que nunca antes dispuso la oposición.
Sin embargo, este poder es un arma con dos filos muy cortantes. Guardada en la vaina puede significar un mecanismo adecuado de persuasión. Desenvainada con imprudencia, puede terminar ocasionar daños irreparables. El domingo, en el primer acto de su nueva época, la oposición probó que no dudará en usar su arma de doble filo.

 

Lo natural

La elección del presidente del Concejo fue natural. No cabía esperar otra cosa. Tan contundente fue la mayoría obtenida en octubre, que cualquier argumentación en contra de la nominación de un referente de Cambiemos para la presidencia carecería de peso específico.
Por supuesto el justicialismo eligió la peor alternativa que podía ofertar, que era la propuesta para reemplazar a Silvio Bonafede con Jorge Muriel. Se supone que fue una propuesta testimonial, pero igualmente no tuvo ni el menor sentido político ni el condimento de una defensa políticamente sólida. Ni siquiera un principiante podría haber expuesto con menos énfasis que Evangelina Garrapa la nominación de Muriel, exponiendo al propio Muriel al bochorno de tener que hacer explícito su apoyo a esa propuesta para que adquiriera el carácter de moción.
Finalmente, la elección de Raúl Bonino, quien será secundado por Muriel como vicepresidente primero y por Lisandro Mársico como vicepresidente segundo, resultó lógica y no merece objeciones, salvo para los puristas que pretenden que si Bonino se sienta diez minutos en el despacho de la Intendencia puede hurgar en los cajones de Castellano como para descubrir secretos ocultos o apretar el botón rojo de alguna bomba que no existe. Cuando asuma ocasionalmente la Intendencia, Bonino estará rodeado por un gabinete político que responde a Castellano y nadie debe abrigar temores -o esperanzas, según como se mire- de que el nuevo presidente del Concejo utilice algún corto interinato para dar vuelta al Ejecutivo Municipal como un guante.

 

Lo antinatural

La señal preocupante la dio el nuevo Concejo en la siguiente votación. Porque Cambiemos, en una negociación puramente interna que excluyó totalmente a los dos bloques minoritarios que completan el cuerpo legislativo, decidió "repartirse" los dos cargos en juego: secretaría y prosecretaría, consagrando al radical Franco Bertolín y a la macrista Claudia Galdinal, quienes llegan precedidos de muy buenas referencias personales pero representan al mismo signo político triunfador en las últimas elecciones.

 

Los datos

Primer dato: el pregonado "diálogo", sometido a la prueba de la distribución de cargos rentados, no duró ni diez segundos y se transformó en un asunto de cúpulas, donde se estima que influyó la necesidad del pago de facturas políticas, práctica usual en todos los partidos pero de la cual Cambiemos siempre manifestó su prescindencia.
Segundo dato: se rompió una norma no escrita según la cual los dos cargos políticos del Concejo nunca estuvieron en manos del mismo partido. Hugo Menossi recordó que "Mecha" Sánchez fue prosecretaria representando al sector de Víctor Fardín, que había salido cuarto en las elecciones de ese año. Pero Fardín era de otro partido y "Mecha" también. Hay otros casos: Lolo Bauducco, muy allegado al oficialismo, consagró a una mujer de su partido como prosecretaria durante uno de sus mandatos. Pero "Lolo" había llegado al Concejo por Acción por la República, un partido nacional que orientaba el exministro Domingo Cavallo. Era una minoría, aliado al oficialismo, pero representaba a un partido que no compartió boleta con peronismo. Cambiemos se conformó como una alianza con dos socios principales, pero radicales y macristas participaron con una sola boleta, fueron un solo frente y su interna no debió saldarse a costa de los cargos políticos del Concejo.
Tercer dato: la transparencia empieza por casa. Una de las banderas de Cambiemos fue la de impulsar mayores controles al Ejecutivo. ¿Qué mecanismo de autocontrol tendrá el Concejo, dominado íntegramente por referentes de un mismo partido? Las cualidades morales no se pregonan, se ejercen, porque siempre la medida de la virtud se toma con la misma vara con que se miden las tentaciones.
Cuarto dato: solo Jorge Muriel ensayó un cuestionamiento político a las decisiones tomadas el domingo. Débil, apenas una frase: "dijeron que no venían por todo y están demostrando que vienen por todo", endilgó a Cambiemos. La respuesta, también débil, fue de Leonardo Viotti, que rechazó los dichos de Muriel sin profundizar. La argumentación medular ya la había dado Hugo Menossi. Con Bonino en la poltrona de la presidencia, parece claro que Menossi y Viotti van a llevar las riendas del bloque. Los dos tienen aspiraciones. Viotti es más pragmático, lo que puede confundirse fácilmente con oportunismo. Menossi ya demostró habilidades para pasearse con el facón bajo el poncho.  Si ambos asumen que las damas son mera compañía, van por mal camino: ahí estuvo Ana Carina Visintini para recordárselos, con su voto por la Tributaria.
Quinto dato: En el PJ no parece haber peso específico como para hacer otra cosa que poner la otra mejilla. Y esa será otra debilidad con que deberá contar Castellano, cuyo gesto de abandonar la ceremonia de asunción apenas jurados los nuevos concejales y sin quedarse a escuchar sus mensajes iniciales tampoco ayudó en la idea del "diálogo" que necesita practicar más que nunca.
Así arrancó el nuevo Concejo. Con el paso cambiado, al menos en las señales que empezó a transmitir.

 

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