municipalidad
CentroAsistencial
estrella
estrella
estrella
estrella
estrella

Votá la noticia

La otra mirada: Roger y la belleza

Cuando el deporte es poesía

Mientras escribo estas líneas, del otro lado del mundo se juega la final del Abierto de Australia. En Melbourne, Federer busca su vigésimo título de Grand Slam ante el croata Marin Cilic. Pero el suizo ha ganado tanto durante tanto tiempo, que el resultado final ya no es determinante. Es el mejor de la historia. Y también un artista que sensibiliza.


yo opino
lunes, 29 de enero del 2018 | 04:00Hs

Cuando escribo esta columna, de madrugada en el domingo, del otro lado del mundo comienza a jugarse la final del Abierto de Australia, en Melbourne. De un lado está el simpático Marin Cilic, que nació en Medjugorje, Bosnia-Herzegovina, pero representa a Croacia, tiene 29 años, y le dicen Mrnja. No, mejor lo seguimos llamando Cílich, como pronuncian casi todos los latinos. El grandote ha ganado un solo Grand Slam, el US Open de 2014, cuando derrotó en la final a Kei Nishikori y a un tal Federer en la semi. Del otro lado de la red está Roger, a los 36 años, nacido en Basilea, Suiza, el mismo país donde vive aunque ahora se ha mudado a Wollerau con su esposa de siempre, Mirka Vavrinec, y sus cuatro hijos, dos pares de gemelos. Todo en su vida, la deportiva y familiar, parece ser aburrido de tan perfecto. Repasar sus logros no tiene sentido. Millones y millones de dólares ganados, casi cien títulos profesionales, y ahora mismo está buscando su vigésimo torneo de Grand Slam. Hace algunos meses Ilie Nastase, aquel genial tenista rumano de los años setenta, dijo que sería injusto asegurar que Federer es el mejor de la historia. Fue tal vez la única voz que disiente con la opinión de la mayoría. El mundo del tenis siempre aseguró que Nastase está un poco loco. Y tienen razón.
Voy viendo el televisor sobre el teclado de mi computadora. Final del peloteo y comienzo de un partido que puede hacer historia. La gente que está presente en el Rod Laver Arena muestra que quiere ser parte de ella, y por eso el suizo es el preferido de la mayoría. Lo buscan las cámaras, la gente aplaude cada uno de sus golpes, y él apenas si aprieta el puño tras una definición estupenda. Como dije, aburre hablar de sus logros, describir su palmarés. Lo que no aburre es su juego, en todo caso, su maestría abruma. Trasladando una frase futbolera de Menotti, se podría asegurar que el esfuerzo de Cilich emociona. Pero el talento de Roger sensibiliza. ¿Cómo es posible que un tenista pueda jugar tan bien durante tantos años en un circuito que destruye físicos? ¿Y cómo es posible que gane tanto con un juego que hace base en la belleza? Recuerdo aquel estudio de David Foster Wallace, un novelista estadounidense que se presentaba a sí mismo como "el escritor, que en otra vida estuvo a punto de dedicarse a dar raquetazos" y que solía aseverar que ver a Federer en una cancha es simplemente una experiencia casi religiosa.
Según el escritor, hay tres explicaciones válidas para definir el poder de Federer. "Una, sería misteriosa y metafísica, y creo, que es la que más se acerca a la verdad. Las otras dos son más técnicas. La explicación metafísica es que Roger es uno de esos raros casos de atletas, extraordinarios, que está exento, por lo menos en parte, de ciertas leyes físicas. Una buena analogía aquí sería Michael Jordan, quien no solo podía saltar inhumanamente alto, sino que se sostenía allí arriba un momento más de lo que la gravedad permite. O Muhammad Ali, quien de verdad podía flotar sobre la lona y lanzar dos o tres golpes en el tiempo requerido para uno. Probablemente, hay media docena de ejemplos desde los sesenta. Y Federer pertenece a ese grupo, ese tipo de atletas que uno podría llamar genio. O extraterrestre. Él nunca está apurado o fuera de balance. La llegada de la pelota se detiene, para él, una fracción de segundo más de lo que debería. Sus movimientos son más livianos que atléticos. Y entonces golpea con maestría".
Puede ser, ¿Por qué no? O usted que juega al fútbol los fines de semana, no se preguntó alguna vez cómo es que nadie puede sacarle la pelota a ese petisito que camina la cancha hasta que se enciente y dibuja una genialidad, ¿no le parece que Messi podría haber sido también analizado por Foster Wallace? 
Otro poeta vuelve a mi memoria y busco un párrafo suyo sobre el suizo, mientras este dibuja una volea magistral del otro lado del mundo. El italiano Alessandro Baricco es uno de los más relevantes escritores contemporáneos, autor de "Seda" y "La Esposa Joven". Según él, "la diferencia fundamental entre Federer y los demás tenistas del planeta no es la que resulta más evidente, es decir, el hecho de que a la larga sea él quien gane. Eso es un corolario, tal vez una coincidencia, a menudo una consecuencia lógica. La verdadera diferencia entre él y los demás, como todo el mundo sabe, es que los otros juegan al tenis, mientras que él hace algo que tiene más que ver con la respiración, o con el vuelo de las aves migratorias, o con la fuerza renovada del viento en la mañana. Algo escrito desde hace tiempo "inevitable" en el curso de las cosas. Algo natural. Por accidente, Federer tiene una raqueta en la mano, pero al verlo jugar, uno suele olvidarse de que eso es una raqueta y acaba por creer que es una especie de pinza que los humanos poseíamos en origen, y de la cual más tarde nos deshicimos porque salta a la vista que se consideró poco adecuada para la lucha por la supervivencia. Nos deshicimos todos excepto él, que por razones oscuras (el carácter aislacionista de Suiza debe de tener que ver con ello), salió indemne de siglos de mutación genética. De manera que, si viendo a los demás jugadores el placer es registrar la habilidad increíble con la que consiguen librarse de la artificiosa situación de mierda a la que han sido condenados (una pelota, una raqueta, y todas esas líneas en el suelo), verlo a él es parecido a ver a un león moverse en su ambiente natural. Dormita, corre, salta. De paso despedaza una gacela. Ninguna sensación de esfuerzo, de cansancio, de artificialidad. Todo tiene que pasar y pasa. Punto. Una pieza de la creación. Federer despedaza tenistas, no gacelas, pero lo hace con la misma infinita naturalidad. En sus mejores momentos uno tiene algo así como una impresión fugaz de que sus pies, la raqueta, la bola y el punto en el cual esta toca el suelo son un único fenómeno natural, similar a un arco iris, previsto desde hace siglos, incluso obvio en su diseño y, en todo caso, inevitable. En esos momentos, jugar contra él debe de ser alucinante". 
El partido sigue, aún falta para el momento de la definición. La final apenas si comienza a entrar en esa etapa en la que suele ser un imán que impide sacar la vista de la pantalla, siempre parece que la balanza se va a inclinar hacia un lado pero de golpe, la suerte cambia. Pero falta. Y yo no pienso perderme esos momentos. Para saber quién ha ganado tendrá usted que volver un par de páginas hacia el interior de este suplemento. Si le importan las estadísticas, claro. El deporte debe sentirse feliz en un fin de semana donde Tiger Woods ha vuelto a jugar al golf, donde en un rato Leo Messi estará en cancha con su Barcelona, y donde RF ha vuelto a jugar una gran final. Como en 2001, cuando ganó su primer torneo, en Milán. Jugando, valorizando el sentido de esta palabra. Es que Roger Federer hace posible que el poder y la potencia sean vulnerables, al menos en una cancha de tenis, a la belleza. Qué maravilla.

¿Qué te pareció la nota?

estrella
estrella
estrella
estrella
estrella

¿Qué te generó la nota?

Más notas de yo opino en el día de hoy

El diario de hoy

Haga click sobre la tapa y lea el diario completo edición impresa

RafaelaNoticias
RadioUniversidad
RadioRivadavia
RadioMitre
RPM

Lo último

mutualunion

5RTv El canal de Santa Fe en vivo

Ediciones anteriores

Desde aquí puede ver cualquier edición del diario directamente desde la web