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CADENAS DE VALOR INCLUSIVAS

Cuando las ganas de trabajar no conocen de límites ni prejuicios

Unas treinta de mujeres en estado de vulnerabilidad encontraron en un emprendimiento textil una vía inigualable para insertarse en el nuevo modelo económico. Hoy, gracias al nexo generado por el Municipio, recorren el arduo sendero hacia la formalidad para convertirse en proveedoras de empresas locales. A través de un programa, el Gobierno no descarta vincularlas a firmas estatales como YPF o Aerolíneas Argentinas. Cuando el entusiasmo y la dedicación derrumban barreras…


locales
jueves, 09 de noviembre del 2017 | 04:00Hs

Foto: Gentileza Sec. de Desarrollo Económico
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Las mujeres ya cuentan con modelos de las prendas de las empresas, para evaluar su fabricación.

(Ezequiel Barberis). A inicios de noviembre del año pasado, en el marco de la primera edición del evento Rafaela Inspira, organizado por el Gobierno municipal, tuve la oportunidad de conocer a Pablo Ordoñez, socio fundador y actualmente uno de los máximos responsables de "El Arca, Productores más Consumidores".
El Arca es una asociación civil de gestión social nacida en Mendoza que trabaja desde hace más de una década en la construcción de una economía que integre a la totalidad de los actores de una comunidad y les brinde bienestar social. El concepto en el cual basa su labor se denomina Cadenas de Valor Inclusivas.
En aquella ocasión, le consulté a Ordoñez si era factible aplicar este modelo en Rafaela. Su respuesta fue elocuente: "Tiene todas las fichas de un rompecabezas, solo falta que los ciudadanos decidan ordenarlas".
Hoy esas fichas parecen ir encontrando un rumbo, gracias a un trabajo articulado que propicia el Municipio local a través de las Secretarías de Desarrollo Social y Desarrollo Económico, y la Subsecretaría de Economía Social y Empleo, el Instituto Praxis de la UTN, el INTI, las Universidades, y el Gobierno nacional mediante su Ministerio de la Producción.
¿De qué se trata? Diego Peiretti y Laura Lencioni explicaron los detalles de un proyecto que se encamina a lograr que unas treinta mujeres de los barrios más carenciados de Rafaela puedan formalizar su emprendimiento textil para convertirse en proveedoras de empresas de la ciudad.
- ¿Cómo surge este proyecto?
- Cuando empezamos a meternos en el tema, fue a través de una experiencia de la Asociación Civil ‘El Arca’, y rápidamente creímos que podía ser una linda experiencia para ejecutar en Rafaela. Tal vez no replicándolo de manera idéntica, pero sí con un proyecto de características similares con impronta rafaelina. Paralelamente vimos que desde su Ministerio de la Producción el Gobierno Nacional tiene un programa específico y que apoya y propicia lo que nosotros teníamos como idea. Nos pusimos en contacto y los funcionarios nacionales vinieron en reiteradas ocasiones a la ciudad, para efectuar un acompañamiento en ese proceso.
- ¿Qué pretende esta iniciativa?
- El proyecto pretende sumar emprendedores de sectores muy vulnerables a este nuevo modelo de economía formal que estamos atravesando, y que en muchas ocasiones quedan afuera del mismo. Y no tienen manera de incorporarse si no es a través de iniciativas de este tipo, como las cadenas de valor inclusivas, en donde un actor económico se puede ‘parar en el medio’ del poder de compra de grandes empresas y la capacidad productiva de emprendedores de cualquier rubro pero trabajando de manera asociativa.
Para que esto ocurra, para lograr conectar esos dos mundos que parecen imposibles de tocarse, debe haber un actor que oficie de nexo. Aquí es donde aparece la experiencia de ‘El Arca’. Como en Rafaela todavía no existe una asociación civil o entidad que pueda adoptar ese rol, es el Municipio el que toma la posta temporalmente, viendo qué empresas pueden participar en un programa de este tipo.
- Para que una empresa realmente se involucre en una cadena de valor inclusiva, ¿alcanza con que destine solamente una orden de compra de cualquier ítem que pueda consumir la propia firma a grupos o sectores de emprendedores con menos posibilidades?
- No, el objetivo es que se adentre mucho más en el proceso. Por ejemplo, haciendo órdenes de compra más pequeñas para que estos emprendedores de la economía social puedan responder. Porque si esa orden de compra requiere 500 chalecos en un lapso de 15 días, sería algo imposible de resolver. Entonces, la primera consigna es que las empresas adapten su proceso administrativo con órdenes de compra fraccionadas para brindarles facilidades a los emprendedores, y que estos puedan cumplir con el pedido en tiempo y forma.
- ¿Por qué se focalizaron mucho en lo textil?
- Porque es por donde se comenzó, con un grupo de mujeres que tienen un emprendimiento social dentro del rubro. A raíz de un trabajo de muchos años, desde el Municipio veníamos detectando que lo textil es una salida laboral para mujeres, o al menos así se reflejaba en lugares estratégicos donde creíamos necesario fortalecer el apoyo: barrios Monseñor Zazpe, Barranquitas y 2 de Abril.
Además, cuando se desglosan las estadísticas de desocupación en Rafaela se desprende que hay un problema muy importante con la mujer, y teníamos este grupo ya ‘preparado’ y ‘capacitado’ en la cuestión textil. Con lo cual decidimos avanzar con ellas, en una decisión que consensuamos en una mesa compuesta no solo por el Municipio sino también por empresarios, INTI y universidades.
A medida en que íbamos avanzando en este proceso, recorrimos un grupo reducido de empresas pero explicando muy detalladamente lo que pretendíamos, y casi la totalidad de ellas entendieron la idea y se pusieron a disposición para trabajar en un proyecto de este tipo. Comprendiendo que es inclusión a través del trabajo, y que la idea no es ofrecer órdenes de compras aisladas sino sostenerlas en el tiempo.
- ¿Cómo manejan la necesidad de que estas mujeres abandonen la informalidad y pasen a estar ‘dentro de la ley’?
- Por supuesto, el proyecto tiene algunos puntos críticos e innegociables. Uno de ellos es el de la formalidad en la producción. Nosotros tenemos que ir hacia un camino formal, para estar en igualdad de condiciones con empresas que están constituidas completamente en la legalidad.
Aquí tenemos que ver muchas herramientas, que estamos analizando, para ver de qué manera las mujeres pueden producir bajo parámetros de formalidad. Esto es indiscutible, porque de lo contrario no solo sería una competencia desleal sino que equivaldría a que desde el Estado se fomente la informalidad, algo demencial.
- Principalmente porque hay mucha informalidad en el sector textil, ¿verdad?
- Claro, y Rafaela no es la excepción. Sobre todo porque encontramos muchas mujeres trabajando en sus hogares. Y la formalidad, además de ser un requisito que las empresas ponen para poder comercializar -como corresponde, exigen factura-, es un derecho que estas mujeres tienen. 
- ¿Y por tanto obtienen otras mejoras?
- Exacto, la formalidad les da acceso y mejora su condición socioeconómica, ya que nunca debemos dejar de considerar que son mujeres que no están en condiciones de empleabilidad, ya sea por sus trayectorias individuales, por su entorno familiar u otras obligaciones que deben cumplir. La mayoría de ellas está afuera de la órbita formal, y pretendemos tener con ellas una mirada integral, facilitarles dar un paso adelante.  En ese sentido, la obtención de un monotributo les daría acceso a una obra social, a aportes jubilatorios, y mejoraría su condición en el mercado también, porque no es lo mismo comercializar teniendo una factura para entregar que no teniéndola. La informalidad se paga muy cara.
- ¿Qué expectativas les genera la predisposición de la órbita empresaria?
- Muy buenas. De hecho, las empresas que estuvimos visitando nos dieron muestras de sus indumentarias que utilizan en sus trabajos, para analizar la factibilidad de fabricación. Cabe destacar que todas estas prendas son elaboradas fuera de Rafaela, porque este también es otro punto clave: más allá de que la capacidad productiva de la economía social no es la misma que en la economía formal, no queremos que estas mujeres compitan con empresas rafaelinas. Es decir, aunque la eficiencia productiva de mujeres en la formalidad y con una productividad interesante sea mucho mayor a la de mujeres que apenas pueden destinar un puñado de horas al día a este trabajo, no pretendemos que exista ni la menor competencia con las pymes de nuestra ciudad. Sería un contrasentido, la teoría de la ‘sábana corta’.
- Ahora bien, esto no debe repercutir en la calidad del producto, ¿cierto?
- Seguro. Esto no quita que el producto que se elabora sea de calidad y competitivo. El hecho de destinar un porcentaje de la compra a la economía social no tiene que significar obtener un producto que no pase por los mismos estándares de calidad que cualquier otro. Inclusive queremos que también el precio sea competitivo, ya que no buscamos una dádiva.
- ¿Qué rol cumplen en estos momentos desde el Municipio?
- Nosotros estamos acompañando un proceso en el que ellas mismas se van organizando. Ellas son las que están trabajando por autogestión, no es el Municipio el que da las órdenes. Somos un nexo, nos paramos en el medio de dos mundos para facilitar su encuentro. Porque de no existir un organismo que propicie ese vínculo, se hace muy difícil. Pero son las mujeres las que están llevando adelante el proyecto.
- ¿Cuál es el objetivo a largo plazo?
- Idealizamos con que las grandes empresas de Rafaela en un futuro destinen un porcentaje, por más mínimo que sea, al desarrollo de estos emprendimientos de la economía social. Una economía social que tiene una capacidad productiva limitada, pero que sin duda ayuda a un montón de mujeres en estados muy vulnerables a ‘ponerse de pie’. Y no tiene que ver solo con lo financiero, porque ellas encuentran aquí un espacio para compartir. 
Uno se basa en que la salida de esto es colectiva: ni las mujeres podrían solas, ni una empresa que quisiera destinar un porcentaje de su poder de compra a la economía social podría sola. Entonces el rol del Estado también se vincula con esto, con un proceso pedagógico de concientización de todos los actores, haciéndoles entender que esto es colectivo.
- ¿Les sorprende el apoyo del Gobierno nacional?
- Sí. El Gobierno, con su programa de Cadenas de Valor Inclusivas, tiene muchas expectativas sobre esta iniciativa. Sus funcionarios han venido no menos de siete veces a participar de los talleres y a sostener reuniones con los distintos actores. A ellos también les interesa conocer el funcionamiento de este proceso, porque su idea es llevarse aprendizajes de este programa para transformarlos en una política nacional. Por eso vienen mucho a Rafaela, porque están sistematizando esta experiencia para replicarla con otros gobiernos municipales.
- ¿Qué otro aporte podría hacer el Gobierno?
- Ellos están haciendo relevamientos a grandes empresas del Estado, como YPF o Aerolíneas Argentinas, para destinar un porcentaje de sus poderes de compra a la economía social. Y existe el compromiso de que estas mujeres puedan en un futuro transformarse en proveedoras de estas firmas. Esto sería increíble, casi un sueño.
- ¿Cuándo es la próxima visita de funcionarios?
- El lunes viene Ignacio Gregorini, director nacional de Innovación Social, junto con parte de su equipo. Sostendrán reuniones con las mujeres, con algunas empresas y con las áreas municipales intervinientes.

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