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Defender a Diego de Maradona

La historia de uno de los tres mayores futbolistas de la historia es extraordinaria hasta la irrupción de la droga. Aquel pibe que veía la vida desde afuera pasó de golpe a ser un Dios por su talento en los estadios. Y creyó que también lo era fuera de ellos. Su nombre encarna la deidad y la ruina, el poder absoluto y el ocaso. El peleador compulsivo y balbuceante mancha el recuerdo del genio. Los que fuimos felices gracias a este debemos defenderlo.


yo opino
lunes, 14 de agosto del 2017 | 04:00Hs

"Las dos provincias del bien y del mal componen la doble naturaleza del hombre... Aprendí a reconocer esa completa y primitiva dualidad, me di cuenta que ambas luchaban en el campo de batalla de mi conciencia… Pero si soy el mayor de los pecadores, también soy el mayor de los penitentes", declaración completa de Henry Jekyll en la novela "El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde", escrita por Robert Louis Stevenson y publicada por primera vez en inglés en 1886.
Juan Carlos Montes, el entrenador de Argentinos Jrs., miró hacia el banco de suplentes buscando una respuesta al desconcierto que la derrota de su equipo ante Talleres de Córdoba le generaba. Se encontró entonces con los ojos del pibe de solo 15 años y rulitos oscuros, cuyo nombre ya coreaba la hinchada. "¿Se anima?", preguntó el entrenador. Como toda respuesta, Diego Armando Maradona saltó al campo de juego para comenzar el calentamiento. Un rato después, en la primera pelota que le llegó, le metería un caño descomunal a Juan Domingo Cabrera. La obra divina comenzaba a escribirse ese 20 de octubre de 1976.
¿Dónde está Diego?. Nuestro Diego. El de las pinceladas milagrosas que aún hoy nos sacuden el alma, el amante de la pelota, el restaurador de los sueños que habitan en el siempre pobre sur. Ese genio calentón, generoso, golpeado, humillado, amado, traicionado. Abrazado, besado, asediado. Ese Diego que desde su debut sintió como el peso de su propio personaje le hacía crujir la espalda. Ese que pasó tanto tiempo trabajando de Dios en los estadios, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, acosado por las exigencias de sus devotos. Barrilete Cósmico. ¿Dónde estás?
Maradona reside hoy en Fuyaira, uno de los siete emiratos que integran los Emiratos Árabes Unidos. Entrena a un equipo de la segunda división y vive en una casa con zoológico, 20 empleados disponibles las 24 horas, tres choferes y Rolls Royce y Mercedes Benz para moverse en un terreno que, de punta a punta, tiene seis kilómetros de extensión, según contó Matías Morla, su abogado. El jeque quería regalarle un león, pero, por cuestiones de seguridad, Maradona decidió no aceptar el presente.
Si se pretende contar la historia de Diego, pasara uno por las páginas de su vida como en los libros de cine que hablan de Chaplin. Fotos de los Cebollitas, del día de su debut, de su llegada a Boca, al Nápoli, de sus goles a Inglaterra, del campeonato del 86, de sus retornos inverosímiles, de sus míticas jugadas y sus goles inolvidables. Aparecen sus mil rostros, su pelo, su vestimenta, sus cinturas distintas. Lloran sus ojos, se crispan sus manos, se trepa por al aire con el puño apretado y la boca muy abierta en el grito sagrado del gol. Ese Diego, el nuestro. ¿Dónde está?
"Somos chavistas hasta la muerte. Y cuando Maduro ordene, estoy vestido de soldado para una Venezuela libre", escribió Maradona en Facebook, y una vez más encendió cientos de mechas. Como tantas veces. "¿Cómo puedes apoyar la muerte de 124 jóvenes, por defender la libertad y Democracia de su País? ¡NO A LA DICTADURA!", twitteó Mario Kempes, ahora comentarista exitoso que convive en paz con su historia de extraordinario futbolista. Tal vez sea esta la respuesta que resume a tantas otras respuestas justamente indignadas.
Para los chicos que no llegaron a verlo jugar, Diego es un símbolo más que un futbolista. Un sello de identidad. Porque en un país donde la globalización nos va dejando sin rasgos identificatorios, él es ese orgullo que nos hincha el pecho. En un mundo donde todos visten la misma ropa, indefectiblemente se tatúan alguna parte de sus cuerpos, comen las mismas hamburguesas, beben idénticas cervezas y hasta se mueren de hambre de la misma forma, los argentinos tuvimos un modelo de colores y corte propio. Aceptado en todo el mundo como el mejor dentro de una cancha de fútbol.
Maradona transitó por el pasillo que lleva a la muerte, envuelto por el negro manto del alcohol y la droga, llamó ladrona a Claudia Villafañe y se peleó con sus hijas, con sus mujeres, desconoce y reconoce hijos, apoya a Cristina, a Maduro y venera a Chávez, a Fidel, al Che y busca peleas aún donde no hay siquiera posibilidades de que existan. Sabe que cualquier frase suya será tapa de diario, y entonces las usa para saciar su necesidad de exponerse. Debimos decirle a Maradona: "Mirá Diego, vos jugás al fútbol como Dios, pero solo sos un hombre", aseguró una vez Jorge Valdano.
Para los mayores, Diego es Gardel. Hombres que se volvieron adjetivos de lo máximo. Cómo en los cuentos de los pibes, en el decir de Fontanarrosa, "Decía que la Selección estaba concentrada, ¿no? Y entonces venía de visita Gardel y esperaba el partido tomando mates con Diego, y afuera, sin hablar, observando las ventanas para ver si aparecían los hinchas, pibes que venían de las discos y guapos sin dormir tras la milonga, pensaban que así no podían ganarles nadie. El mundo estaba quieto, era perfecto, o estaba por hacerse. Y decía que al final se asomaban juntos como en un truco del cine y sonreían, y los habitantes de estas latitudes eran invencibles porque, de verdad, tenían dioses aparte".
Se hace difícil mantener viva la imagen genial de Diego sin que la lastime Maradona. Hace un tiempo Fernando Signorini, su histórico preparador físico, me dijo: "yo con Diego voy al fin del mundo, pero con Maradona ni siquiera me siento a tomar un café". Pocas veces la historia de Stevenson se ve tan real, Jekill y Mr. Hyde juntos como en el libro. Se hace difícil, aún para los que amamos a Diego mantenerlo sin salpicaduras. Esta vez la pelota finalmente se ha manchado. El "Negro" Fontanarrosa aseguraba que "la enciclopedia escrita dentro de cien años dirá, con la austera severidad de las enciclopedias y prescindiendo de chusmeríos, escándalos y escandaletes: Maradona (Diego Armando): Genial futbolista argentino nacido en 1960, que regaló felicidad a todo un pueblo". Ojalá recordemos a Diego prescindiendo de Maradona.

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