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La otra mirada: Los reyes del deporte

Diez o dos veces diez

El magnífico rendimiento de Emanuel Ginóbili durante el torneo de la NBA que se termina y su posible retiro, abrió nuevamente la discusión sobre cuál ha sido el deportista argentino más grande de la historia. Es un juego apasionante, y aunque se camine al límite de la injusticia, si se hace con responsabilidad y respeto suele ser un debate que revaloriza a nuestros representantes.


yo opino
lunes, 12 de junio del 2017 | 04:00Hs

Cuando el siglo XX finalmente dejaba paso al XXI, al Círculo de Periodistas Deportivos de nuestro país se le ocurrió sumar otra disputa y elegir -además de los Olimpia de Plata y Oro- al Deportista Argentino del Siglo. Recibieron entonces un vendaval de críticas por tal determinación, las cuales apuntaban a la dificultad que supone comparar épocas y el riesgo de cometer una injusticia que esto mismo encerraba. Es que la gran mayoría daba por hecho una lucha directa entre Diego Armando Maradona y Juan Manuel Fangio. Y todos descartaban de plano la posibilidad de elegir a ambos, porque así lo estipulaba el sistema de elección. Pero el juego periodístico fue válido, más allá del marketing del fin de siglo que impuso consagrar en fila al Atleta del Siglo, al Campeón del Siglo y al  Equipo del Siglo, como una advertencia de que en este que nos toca vivir solo existirían los héroes que hayan sobrevivido a tanto desastre. Es decir, un tiempo exclusivo para exitosos.
Sería hipócrita no reconocer que este es un tema que a los argentinos nos encanta discutir. Y entonces solemos hacerlo, al mismo tiempo que aseguramos que es injusto. Por estos días, y tras la enorme actuación de Emanuel Ginóbili en los play off de la NBA y la cercanía de su retiro, en varios medios se hacen encuestas para saber a quién elige la gente. ¿Maradona o Messi? ¿Uno de ellos dos o Ginóbili? ¿Y Fangio? ¿Y por qué no Vilas, Monzón o De Vicenzo? Toda elección puede ser caprichosa. Sobremanera si encierra a los mayores exponentes de los deportes más atrapantes para nosotros. Hace un tiempo, Julio Lamas me dijo que nos hacemos hinchas de un deporte o de un deportista porque alguna vez nos hicieron felices con sus triunfos. Bueno, todos ellos lograron eso. O tal vez sea la falta de la felicidad absoluta en fútbol, que es ser campeón del mundo, lo que le impide a Messi ponerse la corona sin discusiones. ¿O de todos modos las habría?
Según una ocurrencia de Jorge Valdano, éxito, leído en inglés, significa algo así como "salida hacia a la nada" (exit + 0). Para el mismo excampeón mundial, exdirigente del Real Madrid, y notable escritor, el éxito hace al hombre un treinta por ciento más estúpido. El deporte-espectáculo suele ser despiadado cuando se habla de éxito o fracaso. Y esas mismas reglas de juego suelen aplicarse a la hora de las consagraciones. Muhammad Alí, para buscar un ejemplo fuera de nuestro país, era un fracasado para el establishment cuando a fines de los sesenta fue despojado de su corona por negarse a combatir en Vietnam. Idéntico gesto, sin embargo, es visto hoy como una de las grandes razones, además de las deportivas, por la que muchos lo eligieron a fines del 2000 como el Atleta del Siglo.
El mejor deportista del Siglo XX fue finalmente Maradona. Los que argumentaban que Fangio debió ser el elegido se basaban, además de las estadísticas sobre lo enorme que fue el Chueco de Balcarce nada menos que en la Fórmula 1, en la conducta del piloto dentro y fuera de las pistas. Lo que contrasta con las dos suspensiones por dóping y los escándalos que rodearon, y rodean aún hoy, la vida del "Diez". Aunque, obviamente más discreto que Maradona, Fangio también hizo juegos políticos. Y, ante todo, vivió años completamente distintos a los del asedio mediático de estos tiempos, años en los que los ídolos ganaban ovaciones pero muy poco dinero. El debate sobre si las inconductas de un ídolo deben prevalecer a la hora del reconocimiento, es universal. ¿Quién define las pautas del deportista-modelo? 
El fútbol es el principal deporte en popularidad y además, se trata de un juego en equipo que no necesita de máquinas que condicionan al deportista. Lo mismo que el básquetbol. Es cierto que Maradona no ganó cinco títulos mundiales como Fangio. Pero la simple enumeración de triunfos no alcanza. Sino, un siete veces campeón mundial de bowling debería ser el rey del deporte. Por eso Diego ganó la elección el siglo pasado. Porque ningún otro deportista, exitoso o no, alcanzó su trascendencia mundial. 
Pero he citado aquella elección porque fue la primera verdaderamente importante y porque sirve para tener noción de cómo inciden los medios de difusión en la valoración de la carrera de un deportista. Hoy todo es mucho más fácil gracias a la revolución de las comunicaciones. El satélite, la televisión paga, las señales deportivas del cable y ese imprescindible complemento llamado Internet nos traen todos los torneos importantes del mundo sin importar de qué deporte hablamos. Entonces se ha abierto el juego de la discusión. Alguno hasta incluye a Luciana Aymar como candidata mientras que una década atrás creíamos que el hockey era un juego de chicas bien en colegios de alto nivel. Este sistema es ahora injusto con Fangio y Roberto De Vicenzo, a quienes disfrutamos entonces solo en Sucesos Argentinos proyectados en el cine y ahora en antiguas filmaciones que parecen siempre sospechosamente rápidas.
Probablemente hayamos visto hace unos días los últimos minutos de Manu con los Spurs, entonces muchos argentinos tendremos motivos en adelante para no mirar más la NBA. Próximo a cumplir 40 años, leyenda absoluta, zurda maravillosa y futuro Hall of Fame, Ginóbili fue campeón de Europa en Bolonia 2001 y en 2002 se enroló en los Spurs, que le habían elegido con el número 57 (por entonces el penúltimo) del draft de 1999. Jugó su primer partido en la NBA el 29 de octubre de 2002: 7 puntos, 3 asistencias y 4 robos en triunfo de los Spurs ante los Lakers. Desde entonces, en quince temporadas, jugó dos All Star Game (2005 y 2011), ganó cuatro anillos de campeón y al margen de su esplendorosa trayectoria con la Argentina dorada en Atenas, fue parte integral del histórico big three Parker-Ginóbili-Duncan. Manu es parte de una generación de jugadores FIBA que cambió la historia de la NBA. 
Como se sabe el fútbol es el rey y los mejores en él, evidentemente van a la cabeza. Y en el fútbol aquel que vista el diez en la espalda, está predestinado a ser una gran estrella. Messi y Maradona son 10. Pero Manu usa el 20, es decir que vale por dos 10, podría argumentar Valdano con su lógica. ¿Será? Lo cierto es que las encuestas de estos días son variadas. La Nación pone en el podio a Messi-Ginóbili-Maradona, en DíaaDía se cambia el orden: Maradona-Messi-Ginóbili, 442 de Perfil tiene a Ginóbili-Messi-Maradona, y Clarín, aún sin cerrarse, tiene hasta hoy a Messi-Ginóbili-Maradona. Como se ve, la pelea es muy pareja entre dos diez y un veinte.
Lo cierto es que como arriba, muy cerca de ellos también se repiten los nombres. Guillermo Vilas, Juan Manuel Fangio, Carlos Monzón, Roberto de Vicenzo y Luciana Aymar. Y a medida que bajamos la mirada se ensancha la base de la pirámide con más y más nombres. Cada uno tiene su lista. Es apasionante jugar a armarla. Se trata de un ejercicio que al repasar la historia de cada deportista, se hace justicia con ellos. Deportistas que queremos "porque alguna vez ganaron algo y nos hicieron felices". Nada menos. 

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