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Columna de opinión

Dos golazos. Tres balazos


yo opino
lunes, 12 de febrero del 2018 | 04:00Hs

Foto: N. Gramaglia
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"Estás desorientado y no sabés que trole hay que tomar para seguir. Y en ese desencuentro con la fe queres cruzar el mar y no podés. La araña que salvaste te picó, ¿qué vas a hacer? Y el hombre que ayudaste te hizo mal, dale que va. Y todo el carnaval gritando pisoteo la mano fraternal que Dios te dio". Desencuentro, tango de 1962, letra de Cátulo Castillo y música de Aníbal Troilo, si es cantado por Roberto Goyeneche, mejor.    
El fútbol es una fiesta que merece ser vivida, una excusa para ser feliz, ir al estadio es asistir a un templo de sanación espiritual, y otra decena de frases como estas se convierten en verdaderas tonterías apenas el pitazo del árbitro certifica que nuestro equipo acaba de perder. Amo al fútbol y defiendo su estética y su espíritu por sobre el embate del exitismo que afirma que solo sirve ganar, pero ese rato inicial tras la derrota arrasa con todos los principios. Vuelvo a casa pasando antes a comprar algo dulce que ayude a que la sangre vuelva a circular con normalidad y las ideas se reacomoden. Pero apenas pongo la radio aparece la voz angustiada de Lucas Bovaglio analizando el 3 a 2 en contra y de golpe necesito comerme tres caramelos. Para peor, llego a casa y en la transmisión del Cosquín Rock están los maravillosos Creedence Clearwater Revisited haciendo Bad Moon Rising, si, la que adaptamos como "Brasil, decime que se siente…". ¿Qué se siente? Brown, te digo qué se siente.
La frustración es una cualidad muy humana, querer algo y no conseguirlo nos suele pasar, y eso hace que nos sintamos mal. El tema es qué hacer con eso cuando ocurre. Una opción es quedarnos empantanados pensando en que si ganábamos seguíamos solos arriba con tres puntos de ventaja, y así sentirnos aún peor. La otra es poner a jugar nuestra capacidad "resiliente", intentar superar la adversidad y transformar la experiencia en un aprendizaje que nos permita estar mejor en el próximo partido. Dice Facundo Manes que la condición más importante para lograrlo es estar convencidos de cuáles son las metas y del camino elegido para alcanzarlas. Se entiende la tristeza del entrenador, pero ya debería estar reafirmando sus convicciones. Porque el equipo le ha dado hasta aquí claras señales de que está para pelear el ascenso. Y porque la tabla lo sigue situando en la cima del torneo más allá de las alternativas que presenta el mismo.
El de este sábado fue un partidazo que tuvo todos los condimentos que hace que quién vea este tipo de fútbol se enamore definitivamente del mejor deporte del mundo. Solo faltó marco, porque si bien el piso de la cancha se presentó fenomenal, las tribunas se veían como si el equipo navegara en la medianía de la tabla. Brown parado con dos líneas de cuatro trazadas con una regla y el manual del contragolpe bajo el brazo. Y todas las mañas de los equipos que tienen decenas de batallas en el ascenso, que además supo valerse de la impericia de un árbitro que parecía haberse tomado un tranquilizante antes del juego. Respetaron el libreto como un actor de Hollywood aún en los pocos momentos que se vieron superados. Y ganaron con justicia.
Este Atlético que venía en racha ganadora y goleadora hasta postularse con todos los méritos como el gran candidato al ascenso, nunca estuvo a la altura del partido. Nunca le encontró la vuelta al rival, se vio excesivamente lento en el traslado defensivo, irresoluto en la creación del medio juego y solo encontró respuesta en los delanteros, que hicieron dos golazos dignos de la Champions. Cuando un equipo de este poderío hace dos goles de local no debería perder, y sin embargo la diferencia en contra hasta pudo ser mayor. Esto marca claramente que la gran falla estuvo a la hora de defender. Desde el arquero hasta la contención del centro de la cancha, haciendo foco, claro, en los cuatro del fondo.
No es para deprimirse, pero si para prestar atención a las alarmas que sonaron. Muchas veces, cuando uno va en un camino de rosas se olvida de las espinas. Bueno, el sábado pisamos tres, fueron tres balazos que nos dieron de lleno en la ilusión y en el orgullo. Tal vez no somos tan buenos como pensamos. Pero tampoco tan malos como nos sentimos tras el pitazo final. Simplemente habrá que volver a mirar las virtudes que nos pusieron bien arriba, porque ya se viene el partido en Caballito contra Ferro, un choque con otro cartel más allá del flaco momento del Verde. Dejemos al Polaco Goyeneche para otro momento, y disfrutemos el carnaval con Creedence, que la tabla nos tiene punteros.

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