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La otra mirada: Soñar no está prohibido

El fútbol a los futbolistas

Cincuenta años después del "Mayo francés", asistimos al final de los torneos europeos y a la última etapa de los nuestros, ya con la mirada puesta en el próximo Mundial. Pero repasando los grandes titulares de los diarios, y salvo honrosas excepciones, la mayoría son para los entrenadores, los árbitros y los dirigentes, por sobre los jugadores. En una muestra clara de cómo se vive hoy el juego de la pelota.


yo opino
lunes, 30 de abril del 2018 | 04:00Hs

"Le football aux footballeurs". El enorme cartel que los jugadores colgaron en el balcón del primer piso de la Federación Francesa de Fútbol, en los días calientes de mayo del ´68 tiene, aún en estos tiempos modernos en donde el negocio se devoró por completo al deporte, enorme vigencia. Significa: "El fútbol a los futbolistas". Pero su contenido, eso sí, no es el mismo. Aquel "Le football aux footballeurs", reclamaba reivindicaciones sociales, lo mismo que pedían los estudiantes, los obreros y los intelectuales que tomaban universidades, fábricas y teatros, mientras formaban barricadas en las calles y combatían con la policía del General De Gaulle. La revuelta del Mayo francés, pocos lo saben, tuvo también su capítulo deportivo, que refleja con precisión Ezequiel Fernández Moores.
Los futbolistas galos ocuparon la Federación, colgaron su cartel de combate en el balcón y formaron un Comité de Acción. Su cabeza fue nada menos que Just Fontaine, el máximo goleador de las Copas, con sus trece goles en el Mundial de 1958, tiempos en que el fútbol era mucho más generoso. El célebre Raymond Kopa, lejos de ser un marxista, decía a France-Dimanche que era preciso: "libertar a los futbolistas". Los jugadores del Saint-Etienne, doble campeón de la temporada, reclamaban un aumento salarial de modo perentorio. Dany el Rojo, Daniel Cohn-Bendit, el hijo de alemanes, líder de las revueltas, escupía en la cara al ministro de la juventud y el deporte y los estudiantes marchaban hacia Porte d'Autenil, lo que ahora es Roland Garros, donde la burguesía se deleitaba con el Abierto de tenis de Paris. Michel Clare escribía en el habitualmente conservador L'Equipe sobre las "fallas de nuestra administración" y "la necesidad de diálogo", aunque luego el diario criticaría en su editorial a los estudiantes por su "desprecio" al deporte, algo ciertamente reñido con la verdad por lo menos para Dany el Rojo, un histórico amante del fútbol, admirador del buen juego francés y de las selecciones de Brasil.
La actual selección francesa, una de las candidatas a ganar el próximo Mundial de Rusia, dirigida por Didier Deschamps y con figuras de la talla de Antoine Griezmann, Kylian Mbappé y Paul Pogba, buscará conseguir un título como el del 98, el que le permitió estar por fin entre las mejores. Los triunfos, ya se sabe, son determinantes en el concepto de reconocimiento de hoy. Por eso se menosprecia doblemente cualquier selección integrada por Michel Platini, por el simple hecho de haber maravillado pero no triunfado. Es que muchas veces en fútbol, como en otros órdenes de la vida, la victoria termina por desvirtuar todo. ¿O acaso el aburrido y pragmático Brasil del '94 no se sintió a la altura de las selecciones de ese país campeonas brillantes de las Copas del ´58, ´62 y ´70? El balance de los principales torneos europeos que están llegando a su fin durante estos días, deja marcado que no se ha jugado de modo brillante. El fútbol, aunque siga ofreciendo emociones, gozos y sufrimientos, es hoy un juego distinto. Como también lo es la sociedad. 
"El fútbol a los futbolistas", hay que admitirlo, no se refiere ya a reclamos sociales, perimidos por políticas de ajuste y sindicatos en retroceso. La proclama, eso sí, podría tener al menos connotación futbolera. ¿Podrá "el fútbol a los futbolistas" significar mayor posibilidad para que los jugadores gocen en el campo de esa misma libertad que sintieron los estudiantes cuando tomaron las calles de París?
Se trata solo de un sueño. El Mayo francés provocó euforia, aunque hoy sus críticos se burlen señalando que aquellos estudiantes revoltosos luego fueron ejecutivos acomodados. Estos críticos llaman al Mayo francés "el cadáver exquisito", igual que algunos nostálgicos se refieren al buen fútbol de otros tiempos.
En nuestro país hemos entrado en la etapa de definiciones de los torneos. Se asegura que se seguirá con las modificaciones para llegar al ideal que imaginaron los directivos a los que solo les interesa la Superliga y que los clubes más cercanos a Capital no pierdan dinero y tengan alguna ventaja deportiva. Este fue un año atípico, con descensos definidos casi desde el inicio. Sin embargo, en la próxima temporada, con tantos cupos para bajar como equipos condicionados, se volverá a mirar más la tabla de los promedios que la del propio torneo. Y los grandes titulares de los diarios seguramente, y aunque desee que esto finalmente no ocurra, volverán a hacer foco en los promedios. Parece que ahora a los amantes del fútbol nos seduce más el drama del descenso que la gloria del título. O tal vez coincidiremos en que al ser tantos los equipos que sufren por los promedios, son miles los hinchas que viven angustiados.
Es esta angustia la que empuja a que los entrenadores hagan, en decir de Valdano, tácticas para mantener sus puestos de trabajo más que para ganar partidos arriesgando. Porque si no ganan, los dirigentes los convertirán en chivos expiatorios para salvarse de los barras. Entonces los futbolistas juegan con temor. Y se sabe, no se puede jugar con miedo. En todo caso lo que se hace es simular que uno juega, mientras se limita a cumplir con su función de futbolista profesional.
¿Podrán alguna vez los jugadores volver a las fuentes? ¿Eso de jugar como en la calle, jugar tratando de dar alegría por la manera de buscar el resultado antes que por el resultado en sí? ¿Podrán irse de un estadio aplaudidos por haber buscado la victoria desde el principio con armas dignas, a pesar de haber perdido? ¿Podrán soñar con volver a jugar sin miedo? ¿Podrán volver a ser los protagonistas centrales del juego de la pelota por delante de los buscadores profesionales de excusas? Parece imposible. Un sueño imposible.     Pero soñar aún no está prohibido. Dany el Rojo lo decía hace cuarenta años: "sea realista, demande lo imposible".   

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