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LA OTRA MIRADA

El genio y el camino a Moscú


yo opino
miércoles, 11 de octubre del 2017 | 04:00Hs

"Si la perfección consiste en una combinación de asombro, sorpresa, elegancia y espíritu de equipo, combinación que nos hace felices a quienes amamos este deporte, entonces Messi es perfecto. Me basta con definirlo de este modo. Messi ha hecho de este deporte una experiencia más feliz. Me alcanza y me sobra con eso", Eduardo Sacheri, escritor.
Hay una explosión que termina con todas las frustraciones acumuladas durante estos últimos meses. Una explosión de fervor que tiene más que ver con el alivio que con la propia felicidad. Después de soportar el destrato general por haber cometido el desaire de llegar a tres finales y perderlas, después de sufrir los dislates de una dirigencia que le cambio entrenadores, los obligó a jugar partidos indeseables y hasta los hizo viajar en el avión maldito que generó la tragedia de Chapecoense, después de tantas dudas que terminaron desdibujando la imagen de jugadores que individualmente valen fortunas, después de tanto, esta selección puede festejar.
Se ganó. Y ese cóctel de resultados de última hora nos aseguró la participación en el Mundial.
La historia cuenta que ningún viaje a Moscú fue sencillo.
Le fue pésimo a Napoleón, en lo que sería el mayor desastre militar de la historia francesa, en 1812. Fue una catástrofe la operación Tifón de Hitler, en 1941. Y nuestra cruzada hacia las tierras heladas parecía seguir esa línea. Pero apareció el alma del capitán, un crack que no fundamentó anoche su genialidad ni es su talento, ni en su imaginación ni siquiera en su desbordante habilidad, sino en su amor por Argentina.
Solo así se entiende que quien es tal vez el mejor futbolista de la historia, amado y reconocido en todo el mundo salvo en su propio país, haya decidido arriesgarse igual por esta selección.
Parece sonar de fondo Alfredo Zitarrosa con el "Triunfo de los vencidos" mientras los integrantes del banco de suplentes saltan juntos, abrazados entre ellos y a una felicidad enorme. "Este es el triunfo, madre, de los perdidos, vueltos tierra del llano, agua del río, remolino de polvo, flor de espartillo, éste es el triunfo, madre, de los vencidos". El triunfo de los que hace horas rezaban por un pasaje al repechaje para no quedar marcados a fuego por la historia. La televisión repite una y otra vez cada gol del genio. Corre Messi abriendo sus brazos, con un grito enorme en su boca. Es una versión futbolera de Michael Jordan tras uno de sus tantos extraordinarios. Los ojos bien abiertos, como los tiene siempre en el momento en que comienza cada jugada de ensueño para encender su magia.
Todos los que amamos el futbol deseábamos este momento suyo. Es que el pequeño genio no merecía otra vez soportar la humillación de no poder hacer con su selección lo que hace en cada juego con su Barcelona.
A la mayoría de los equipos de fútbol del mundo se les exige poco. Sobra con que ganen. Se observa el final de la obra: si el tablero tiene un resultado favorable, es suficiente para exonerarlo. No se juzgan sus variantes, ni la cantidad de herramientas que manejan para ser lo que son. Si ganan, el método es valorado y punto.
Cuando sólo se consagra la victoria, a la mezquindad se la llama inteligencia, y despreciar la pelota, sagacidad. A la selección, en cambio, se le exige que juegue bien, que gane y que haga que el mundo se rinda a sus pies.
La buena noticia de estos tiempos es que la atroz posibilidad de no ir al Mundial nos unió. Pocas veces se vio la hinchada tan solidaria con el equipo como ante Perú en la cancha de Boca. Si hasta se despidió a los jugadores con aplausos a pesar de no haber logrado la victoria. Y en estos días, en las redes sociales y ante cada requerimiento, la gente mostraba su apoyo incondicional.
Incluso las horas previas parecieron tranquilizar a un periodismo exacerbado, que hasta poco tiempo parecía feliz de destrozar a los futbolistas por cualquier motivo.
El paso fue fundamental por varias razones. Claro que la central es la clasificación. Pero los jugadores pasaron la prueba de fuego de la presión extrema, muy diferente a la que se siente al jugar una final, y seguramente les servirá hacia adelante. Y el cuerpo técnico tendrá la posibilidad de trabajar sin las urgencias que soportó desde que sumió. Es una etapa nueva que se desea no se arruine como la anterior. Esta generación talentosa e ilusionante de jugadores superados por la angustia de jugar en la selección, tiene ahora otra chance de buscar una reparación histórica. Y nosotros, todos, la posibilidad de repasar actitudes, de entender que para perder una final es necesario llegar a ella. Y de todas las selecciones que juegan un torneo solo dos pueden conseguirlo.
En fin, termino y me voy a festejar. No sé si nos merecemos este momento, pero se sabe, a la hora del fútbol, los argentinos tenemos un D10s aparte.

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