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La otra mirada: Historia de fútbol

El ladrón argentino, Pickles y la copa perdida

El trofeo de oro Jules Rimet, que se entregó a los campeones de los Mundiales de Fútbol entre 1930 y 1970, año en que Brasil se ganó el derecho de conservarlo a perpetuidad, fue robado en dos oportunidades. En la primera se logró recuperarlo. La segunda vez, en cambio, obliga a mirar viejas fotos para apreciarlo. O ver su réplica en una vitrina más segura que la primera.


yo opino
lunes, 20 de noviembre del 2017 | 04:00Hs

"Nos dijeron que se habían tomado las medidas de seguridad más estrictas. Pero fallaron", aseguraba un reportero de la BBC hace 51 años, desde la sede de una exposición muy particular en Londres. Y no era el único periodista dando esa información, recuerda el británico Dave Corbett, quien se convirtió en protagonista de esta historia gracias a su perro. Lo que había pasado era ya una noticia conmocionante. Se habían robado la copa del Mundial de Fútbol de 1966 en la capital de la nación anfitriona. "Todos los noticieros hablaban del tema, y el titular 'Copa del Mundo robada' se repetía en la primera página de todos los diarios", cuenta Corbett. Pero lo verdaderamente sorprendente fue cómo la recuperaron. "Los críticos eran muy duros con lo que para ellos era la mejor policía del mundo", sigue diciendo Corbett en una vieja nota. En vísperas de la competencia, el codiciado trofeo que estaba en manos de Brasil, había sido expuesto en Westminster, en el centro de Londres, para que la gente tuviera la oportunidad de verlo de cerca. Y se esfumó.
El trofeo que se entregaba en cada Mundial de fútbol, que se disputa desde 1930 cada cuatro años, se llamó Copa Jules Rimet a partir de 1950, por decisión del congreso de la FIFA que tuvo lugar en Luxemburgo cuatro años antes. Era un justo homenaje al que fuera presidente de la entidad y el gran promotor del torneo. Rimet, nacido el 24 de octubre de 1873 en la localidad francesa de Theuley-les-Lavoncourt, se implicó desde muy joven en un deporte que en realidad nunca practicó. En 1914 representó a Francia en el congreso de la FIFA y en 1921 fue elegido presidente, cargo en el que se mantuvo hasta después del Mundial de 1954. Su tarea más recordada fue la creación de la Copa del Mundo como sustitución del Campeonato Olímpico de Fútbol. El primer campeonato de este tipo se disputó en Uruguay, lo que significó una distinción al país que había conseguido los dos títulos olímpicos de 1924 y 1928. Para premiar al equipo campeón, se encargó la creación de un trofeo de oro a un célebre orfebre francés llamado Abel Lafleur. Se trataba en realidad de la estatuilla de una victoria alada, que sostenía sobre su cabeza un envase hexagonal. Medía treinta centímetros y pesaba cuatro kilos, de los cuales 1,8 eran oro y el resto mármol. Una belleza.
"Siento decirles que en este momento no puedo darles ninguna declaración", le dijo a los reporteros el jefe de seguridad. "Les pido que tengan en cuenta la enorme presión bajo la que me encuentro. Apenas tenga la oportunidad de entender qué pasó, hablaré con ustedes y les diré todo lo que pueda", casi suplicó. Pronto se supo que, a pesar de lo que se había dicho, la operación de seguridad para resguardar la copa se reducía a un guardia de más de 70 años de edad, quien se había tomado su descanso para cenar. La sensación generalizada del público era que la policía no iba a ser capaz de recobrar el apreciado premio.
Esa copa la fueron levantando sucesivamente Nasazzi en 1930, Combi en 1934, Meazza en 1938, Obdulio Varela en 1950, Fritz Walter en 1954, Bellini en 1958, y Mauro en 1962 como capitanes respectivos de Uruguay, Italia, otra vez Italia, Uruguay, Alemania, Brasil, y nuevamente Brasil. Y antes del comienzo del campeonato que finalmente ganaría Inglaterra tras una controvertida victoria sobre Alemania, ya no había que entregarle al capitán local Bobby Moore.
"Saqué a mi perro Pickles a caminar. Se fue derecho a donde estaba el auto de mi vecino. No dejaba de olfatear así que cuando fui a ponerle la correa, me fijé y vi en el piso un paquete. Lo levanté, rompí un pedazo del periódico que lo cubría y leí Brasil... Alemania Occidental… Mi corazón empezó a palpitar más rápido... ¡era la copa del Mundo! Me subí al auto así como estaba, con chancletas, y me acuerdo que al llegar, empujé la puerta y fui derecho hacia un sargento que estaba detrás de un escritorio brillante y le dije: '¡Creo que encontré la copa del Mundo!", relató hace tiempo Corbett a la BBC. Cuando el jefe del sargento llegó, ordenó que se llevaran a Corbett a Scotland Yard. "De repente caí en cuenta de que yo era el sospechoso número uno. Me interrogaron varias veces hasta que se dieron cuenta de que no mentía. Después me convertí en un testigo, cuando procesaron a los que se la habían robado", concluye. ¿Y Pickles? Ambos fueron honrados por Jules Rimet con una medalla, una recompensa de 1.500 dólares y un regalo especial para Pickles. "Es todo confuso para él. De golpe es un perro famoso en todo el mundo. Se tendrá que acostumbrar a una vida glamorosa", reportó la BBC en aquellos momentos, justo cuando le dieron a Pickles una bandeja entera de pavo. Pero lo mejor para el fanático del fútbol Corbett fue lo que vino después. "Tras la final, nos invitaron a la recepción en Londres. El equipo estaba en un enorme balcón y abajo la calle estaba repleta de gente. Bobby Moore (el capitán) levantó a Pickles y se lo mostró a la multitud. Fue muy emocionante para mí, y pienso que también para todo el país". Y agrega, "fue gracias a Pickles que cambió mi vida. Me ayudó a comprar mi casa. Está enterrado en el jardín y, en las noches de verano, me siento a su lado y hablo con él".
Del robo se acusó a un ex militar llamado Edward Bletchley, quién pasó dos años en prisión. Pero la historia no termina allí. Tras la coronación de Brasil en México 70, la Copa quedó definitivamente en poder de este país por haberla ganado en tres oportunidades. La Confederación Brasileña la instaló y expuso en su sede del centro de Río de Janeiro. Antonio Pereira Alves, gerente de un banco, luego de varias charlas con sus compañeros de noches en el Bar Santo Cristo, de la zona portuaria, diagramó un plan para robar el trofeo. Así, junto con José Luiz Vieira, Francisco Rocha y el argentino Juan Carlos Hernández, por entonces uno de los joyeros más importantes de la ciudad, llevaron adelante el gran golpe. Según reportes de la época, dos de los delincuentes maniataron al guardia de seguridad e irrumpieron en el edificio por la noche. En pocos minutos, se lanzaron a la fuga, mientras comenzaba un intenso operativo de seguridad que rápidamente logró dar con los responsables, los que, ante la indignación popular por lo que significa el fútbol en Brasil, fueron rápidamente juzgados y condenados. Sin embargo, la estatuilla nunca apareció. "Nosotros tuvimos que ganar tres campeonatos para quedarnos con la copa y viene un argentino y la derrite", dijo hace unos años Murilo Miguel, investigador del caso, en diálogo con Página 12. Con el paso de los años, los misterios alrededor del destino de la Jules Rimet fueron creciendo, más aún cuando en 2015 se encontró el pedestal en un sótano del edificio de la FIFA. En definitiva se trata de un delito sin aclarar que tiene relación directa con el deporte. Algo que suena muy conocido.
Desde el 14 de junio de 2018, 35 años después del famoso robo del que participó Hernández, la selección argentina, con Lionel Messi como líder, intentará volver a llevarse la nueva versión de la Copa. Aunque esta vez, claro está, con todas las de la ley.

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