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Historia del deporte: Roberto De Vicenzo

El Maestro, el dolor y la grandeza

Cincuenta años atrás, el 14 de abril de 1968, el mejor golfista argentino de la historia perdió la oportunidad de ganar el Master de Augusta por un error de su compañero de juego, que le anotó un golpe de más. Sin embargo, su reacción absolutamente honesta le dio para siempre el reconocimiento del mundo del golf.


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lunes, 09 de abril del 2018 | 04:00Hs

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La tristeza en el rostro de Roberto De Vicenzo, junto al ganador Bob Goalby, en la tarde de 14 de abril de 1968.

Todos lo miraban a él, al hombre alto del cabello escaso, la nariz prominente, el mayor exponente de los golfistas que se iniciaron como caddies y llegaron a profesionales superando todos los obstáculos de clases sociales. Tal vez por primera vez su cara mostraba la ausencia de esa sonrisa que siempre lo acompañaba. El morbo hacía que la cámara de televisión mantenga su rostro en primer plano esperando por un reclamo que todos sabían justo. Sin embargo, el hombre que ganó 231 torneos en 18 países de los cinco continentes, simplemente dijo "¡Qué estúpido soy!" aceptando su error, y en ese instante su figura trascendió más que si hubiese logrado el triunfo. El mundo vio en esa conducta mucho más que las condiciones de un golfista, se enteró de los principios de alguien que creyó firmemente en los reglamentos.
"Si firmás tu tarjeta con un golpe de más, no se puede sacar. Si lo hacés con uno de menos, estás descalificado. La regla no admite dudas. Yo la firmé con un golpe de más, el golpe se quedó en la tarjeta y no pude jugar el desempate. Siempre creí que el único tonto en ese momento había sido yo, entonces no le podía echar la culpa a otro. Hoy creo que fue esa actitud la que terminó por darme oportunidades para viajar, y un reconocimiento que no habría tenido si me hubiese quejado de una trampa. En definitiva, terminó siendo el mejor error de mi vida", contó Roberto tiempo después.
Una semana antes del comienzo del Master, habían asesinado a Martin Luther King y la Guerra de Vietnam entraba en un espiral cada vez más peligroso que dividía al país entre pacifistas y belicistas. De Vicenzo llegaba a Augusta National tras ganar el título del Open Británico de 1967 en Liverpool, superando por dos golpes a Jack Nicklaus. Había jugado su primer Masters en 1950, pero por primera vez enseñaba esa impronta de campeón de quien se alza con un certamen grande. 
Gastón Saiz recuerda que De Vicenzo encadenó tres primeras vueltas de 69, 73 y 70 golpes, un acumulado de 212 que lo había ubicado a dos de Gary Player, cuando faltaban 18 hoyos para el final. Aquel domingo 14 de abril, día en que cumplía 45 años, arrancó la vuelta con un águila en el hoyo 1, para luego sumar birdies en el 2, 3 y 8. En el séptimo hoyo ya era el líder absoluto y, mientras tanto, Goalby se perfilaba también como candidato al título luego de varios aciertos. En el 18, el Maestro se pasó del green y con el wedge quedó a dos metros del hoyo, pero erró el putt y firmó un bogey, para concluir con 65 golpes (-7) y un total de 277 (-11). Goalby resolvió una situación compleja en el 18 para un par que le permitió, también con 277, igualar la línea del líder.
A De Vicenzo le molestó mucho ese bogey, tanto que lo distrajo y lo sacó de foco. No lo pudo olvidar. Y lo que vino después fue una tragicomedia. Mucho influyó ese barullo de gente que merodeaba la zona del control de tarjetas. Demasiada para un lugar que necesitaba más privacidad y resguardo. Tommy Aaron, su compañero de juego aquel día final, llevó el registro de sus golpes y se equivocó al anotarle un 4 en lugar de un 3 en el hoyo 17, lo que totalizaba una vuelta de 66 golpes y un score de 278 (-10). "No creo que Tommy lo haya hecho con intención. Se descuidó, pero el verdadero culpable fui yo, que debí haber controlado la tarjeta para avalarla con mi firma. Y ni la miré", reconoció el argentino en una nota con La Nación.
En los minutos posteriores al final, un miembro del Comité Organizador de Augusta le informó que había firmado mal la tarjeta ya que aparecía un golpe de más. Goalby era el campeón por un mal cálculo. Aaron estaba desconsolado y el Maestro andaba con la mirada en un punto indefinido. La teleaudiencia mundial había visto el birdie en el 17. Sin embargo, en el golf no hay marcha atrás después de una rúbrica. Antes de aquel momento en vivo en TV, entre las autoridades debatieron casi veinte minutos para oficializar la decisión de declarar ganador a Goalby.
A De Vicenzo, su actitud le valió una medalla de reconocimiento por respetar fielmente el libro de reglas. Además, esa noche fue invitado a la cena de honor para el campeón, lo que no había ocurrido jamás ni volvió a suceder en el Masters. Los jugadores lo apoyaron porque entendieron que un descuido no merecía semejante castigo. Y los periodistas le preguntaron si hubiese aceptado un desempate. "Yo no acepté ser segundo, acepté el reglamento. Primero están las reglas, la posición es secundaria", les respondió, tal como relata el libro "Caballero, Golfista, Triunfador", publicado por su amigo Carlos Oliva Funes.
Al otro día, las repercusiones en los diarios eran todas en su favor. The New York Times escribió: "Millones de televidentes vieron un empate, pero ganó Goalby por un error". Y The Washington Post sugirió que se realizara un hoyo extra. Por consejo de Day, Goalby se llamó a silencio frente a todas las críticas que le cayeron e incluso, en 1969, rechazó de plano la disputa de un match a 18 hoyos frente a De Vicenzo por un premio de 90.000 dólares. Una suma  muy tentadora, teniendo en cuenta que había recibido un cheque de US$ 20.000 por haber obtenido la chaqueta verde.
Allí está la gran paradoja de aquel inolvidable Masters 1968: el ganador fue el villano y el perdedor, un héroe y embajador del golf hasta el día de su muerte, el 1º de junio de 2017. Pero hay algo que el Maestro tuvo pendiente hasta el final: "Tengo la sensación de que ese Masters de 1968 aún no finalizó. Cuando Bob Goalby y yo nos encontremos arriba, en el cielo, vamos a terminar ese duelo que dejamos pendiente en la tierra".

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