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Retrato: Jorge Sampaoli

El reparador de sueños

Metódico, obsesivo y ambicioso fuera de las canchas. Hiperactivo al límite de la histeria dentro de ellas. Amante del rock y los tatuajes, el entrenador del seleccionado nacional fue un mediocre futbolista y empleado bancario antes de sacar campeón a Chile y ser reconocido en el mundo de la pelota. Esta es la historia del hombre que busca un lugar central en nuestro corazón.


yo opino
lunes, 23 de octubre del 2017 | 04:00Hs

"Con Jorge aprendí mucho. Fue mi técnico en Sport Boys de Perú en el 2003. Es un obsesivo del fútbol. Vivíamos en el mismo edificio, yo en el quinto piso y él en el tercero. Cada dos por tres golpeaba la puerta a las doce de la noche o una de la mañana. Venía y me llevaba a su departamento. Siempre tenía papeles con canchitas y diagramas pegados a las paredes. Me preguntaba ´¿qué te parece si hacemos esta jugada?´, y me mostraba alguna de las canchitas. ¡Era la madrugada y yo estaba dormido!", Cristian Jeandet, delantero argentino.
Sampaoli nació en Casilda el 13 de marzo de 1960. Proveniente de una familia de pocos recursos económicos, cuando creció tuvo que alternar su pasión futbolística con un trabajo de cajero en el Banco Provincia de esa ciudad. "Le decíamos Maradona… porque no estaba nunca en el banco", recuerdan sus amigos con una sonrisa. Sampaoli jura que fue un zurdito escurridizo, con gambeta y encarador. Pero sus amigos advierten que siempre fue un mentiroso. "Era un rústico, un picapiedra", aseguran. "Quizá de chico fue un poco más habilidoso, pero siempre fue un camorrero y con los años se llenó de mañas", agregan. "Jugaba de carrilero izquierdo. El destino hizo que tuviera que abandonar el fútbol a los 19 años luego de sufrir una fractura en la tibia".
El Zurdo Sampaoli entró en el Banco de Santa Fe a los 18 años y se marchó pasados los 40. En el medio fue campeón como jugador y como entrenador de la Liga Casildense y dirigió un año a Argentino de Rosario en la B. Reacomodamientos laborales lo ubicaron en el 2001 como secretario del juez de Paz de Los Molinos, un pueblito de 3000 habitantes a 15 kilómetros de Casilda. Cuando el juez Juan José Morelli no concurría, Sampaoli firmaba las actas de defunción y entre chanzas certificaba los nuevos matrimonios. Con una caligrafía polémica que desataba algunos enredos, resolvía cada asunto a toda velocidad. Iba y venía a dedo, y se marchaba lo antes posible porque una rutina de centros al segundo palo siempre era lo más importante. Cuentan que algunos papeles se extraviaban y otros aparecían con el bosquejo de algún equipo que el Zurdo tenía en sus planes.
Sampaoli, ya de amplísima frente, vestía de oscuro y portaba gafas de sol. Era el técnico de Alumni de Casilda. Inquieto, impaciente, caminando de un lado a otro, gritaba y reprochaba cada vez más fuerte. Hasta que el árbitro no lo aguanto más y, antes del cuarto de hora, lo expulso. Entonces buscó un árbol detrás de una reja y se subió. Miró el partido y dio todas las instrucciones desde allí arriba. Esa tarde perdieron, sin embargo Sampaoli gano, porque la escena del árbol, captada por un fotógrafo del diario rosarino La Capital, marcó su despegue. "El presidente de Newell's, Eduardo José López, vio la foto y le ofreció un contrato en Argentino, club del ascenso", cuenta Javier Parenti, redactor del diario.
En 2002 se fue a Perú, donde dirigió varios equipos hasta 2007, año en que desembarcó en Chile, país donde es reconocido y querido por haber obtenido cuatro títulos consecutivos con Universidad de Chile. Después de la U, tomó la selección, que estaba 6ª en las Eliminatorias y fuera del Mundial tras el despido de Borghi. La enderezó y ya en Brasil 2014 eliminó al campeón del mundo (España) en la primera fase y estuvo a 1 centímetro y a un par de penales de ahorrarles a los brasileños el trago amargo de los 7 goles de Alemania (travesaño de Pinilla en la última bola del suplementario por octavos de final). En ese lapso, La Roja le jugó de igual a igual a Alemania en Alemania, a Inglaterra en Wembley y a España y a Brasil en su Mundial. No eran solo los resultados. Al año siguiente, le daría a Chile la primera Copa América de su historia. En enero de 2016 integró la terna al mejor entrenador del mundo junto a Luis Enrique y Pep Guardiola. Allí trató personalmente a Messi por primera vez. 
Se rapó a los 25 años para anticiparse a un destino inexorable. Es hiperquinético, no puede quedarse quieto, detalle que se observa en los campos de juego. "No puedo pensar si estoy quieto, por eso ando de una punta a la otra del corralito. Lo quise mejorar yendo al psicólogo, pero no pude", admitió en nota con El Gráfico, tras ganar la Copa América. Y, entre sonrisas, se autorretrató con precisión: "Sé que parezco más un entrenador de básquet que de fútbol. Soy de esa línea". 
Su salida de Chile no fue la ideal y poco después acordó su llegada al Sevilla. "El fenómeno Sampaoli", tituló el diario Sport, de Barcelona, el 17 de enero. "El entrenador de moda enamora en Sevilla, gusta en el Barça y es vigilado en Europa. Su equipo ya es visto como alternativa en la Liga. Y él acoge el reto con naturalidad", sintetiza en la bajada. Escribe Roberto Palomar el 16 de enero, en Marca, el diario de mayor venta en España: "Sampaoli, el mejor fichaje de la Liga". Sergio Ramos, capitán del Real Madrid, se le acercó antes de un partido y le dijo al oído, un poco por su juego y otro por su coraje al declarar, antes de golpearlo en el pecho a lo Griguol: "Viva la gente con huevos, tú eres uno". En su programa de entrevistas de la cadena BeIN Sports, Jorge Valdano arrancó su copete afirmando: "La Liga nos pone cada año ante personajes que son singulares, que son fascinantes. El de esta temporada se llama, sin dudas, Jorge Sampaoli". En plena revolución con su equipo le llego el llamado del seleccionado argentino y el romance con la gente de Sevilla se terminó. "No estoy dejando al Sevilla por otro club, estoy dejando al Sevilla por mi selección. Es un cambio vinculado con el corazón por mi país", afirmo en conferencia de prensa. Cuando le preguntaron por Ronaldo, afirmo: "Cristiano es un jugador grandioso, definitorio en el último tercio. El gran problema que tuvo Cristiano en su gran plenitud fue la presencia de Messi, que es el mejor de la historia, casi". Unas semanas después, el Zurdo potenciaría su admiración por Leo en la entrevista con Valdano: "Diego y Leo son dos genios que emocionalmente son distintos. Argentina ha sacado a los dos mejores jugadores de la historia, para nosotros es increíble. Ahora, comparar a Messi con el resto es como comparar a un gran policía con Batman". 
Es un amante del cuidado físico, del rock y de los tatuajes. Tiene en los brazos, en la espalda, en los tobillos, en el intercostal. Lleva el nombre de sus hijos (Sabrina y Coco), la palabra "Fútbol", frases de temas de rock ("No escucho y sigo", de Callejeros; "Siempre tengo a mi lado a mi dios", de Los Redondos, que refiere a la ausencia paterna), y hasta alguna cita del Che: "No se vive celebrando victorias sino superando derrotas", aunque parece no valer demasiado para sus equipos en estos años. Su última adquisición es el dibujo emblemático de la tapa de Oktubre, el segundo disco de los Redondos, que remite a la revolución bolchevique de 1917.
"Dirigir a la Selección Argentina en el Mundial es a lo que vine, es mi obsesión, mi objetivo de vida", dijo luego de la victoria de Argentina sobre Ecuador que certificó la clasificación a Moscú. San Paoli llegará con 58 años al Mundial. A los 51, cuando tuvo sus primeros éxitos en la U. de Chile era un desconocido. Su estilo es lindo de ver, entretenido, al límite. Vertical, agresivo por las bandas con laterales y extremos; defensa de tres, cuatro o cinco según el juego lo pida; posesión, presión alta, rotación arriba con un punta o un falso 9 que busque el espacio y la sorpresa. Claudio Borghi lo elogió como técnico pero fue lapidario con su "voracidad" para manejarse en el mercado laboral. Carlos Bilardo amenazó con irse del país si él asumía. Marcelo Bielsa, a quién Sampaoli admira, negó que fuese su discípulo y sorprendió asegurando que "es mejor que yo porque es más flexible, cede en sus ideas, tiene un poder de adaptación que yo no tengo…". 
Su idea es interesante, pero necesita mucho trabajo, convicción y entrega. El partido en Quito dejó cierta ilusión, una sensación de triunfalismo que hoy suena milagrosa. Sobre todo para un país que sufre la constante presión alta, esa que asfixia, pega y no deja pensar mientras cobran todo para el mismo lado; cosas que suelen pasar cuando hay mucho en juego y es necesario ganar, sí o sí, como sea. Ojalá el 16 de julio del año que viene peguemos un poster en la pared de nuestra habitación, como cuando éramos chicos, con la foto del Zurdo levantando la Copa del Mundo. Ojalá.

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