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La otra mirada: Camino a Rusia 2018

Figuritas

Cada cuatro años, los fanáticos del fútbol de todo el mundo intentan controlar su ansiedad a poco del inicio del certamen que reúne a las mejores selecciones del planeta, completando el libro más codiciado del ambiente: el álbum del mundial.


yo opino
lunes, 11 de junio del 2018 | 04:00Hs

Si se es fanático del fútbol, sin importar la edad que se tenga, llenar el álbum del mundial a pocos días de su comienzo es una tarea ardua. Muchos recorren los kioscos para conseguir las figuritas difíciles, pero a veces eso no alcanza. Hay que tener los 670 cromos, incluido el escudo de Panini, la empresa que lanzó la colección. Entonces, en muchas ciudades se crean lugares donde padres y chicos se juntan para cambiar, comprar o vender las imágenes de sus ídolos. Como ocurre en Rafaela, en la Plaza 25 de Mayo, los sábados y domingos al mediodía. Y en un tiempo en donde parecen dominar todo, las redes sociales también ofrecen sus sitios para tal motivo.
Cuando éramos chicos, la búsqueda de la figurita difícil nos desvelaba a todos. Gastábamos hasta el último de nuestros ahorros con tal de comprar más paquetes que abríamos con fruición y el corazón acelerado con la ilusión de que esta vez sí saldría. Pero no se trataba solo de eso, las figuritas eran la posibilidad de conocer las caras de todos los jugadores de los equipos argentinos, porque en los comienzos de los sesenta no había televisión y ya entrada la década siguiente se televisaba solo un partido, y en blanco y negro. Como los jugadores se quedaban varios años en los clubes, cada edición de figuritas se estiraba en el tiempo, la necesidad del negocio todavía no era tan fuerte como hoy. Claro que en ese tiempo no solo había de fútbol, sino de temas múltiples: próceres, corredores de autos, series de TV o historia del vestido (de terciopelo y con brillantina, para las chicas). En los 80 y más todavía en los 90, con la proliferación de medios, con Internet y con la fugacidad de todas las modas, las figuritas perdieron ese poder de difusión. 
Hoy, en los kioscos, cada sobre con cinco figuritas cuesta $ 15. En el Parque Rivadavia, el mayor centro de cambio del país, los precios de cada cartulina varía según la dificultad y el modo de compra. Para empezar, se ofrecen pilas en los que cada cromo cuesta $ 3, en este caso el comprador no sabe que le tocará. Por $ 5 se puede elegir la pieza que se necesita de un catálogo completo. En otra categoría, por $ 20 la unidad, se pueden conseguir las de la Selección Argentina. Un escalón arriba se encuentran las especiales que cotizan $ 100, y son las más difíciles. Estas últimas son la de Messi; las Legendarias, la de los campeones de otros mundiales; y la 00, el escudo de Panini. 
En los setenta la calle socializaba, era el lugar de encuentro donde transcurrían los mejores momentos para jugar. Sin consolas ni Internet los juegos tradicionales de aquel entonces transcurrían siempre fuera de casa. Y las figuritas tuvieron en ese tiempo un lugar central. Se pegaban en el álbum utilizando engrudo o cola, lo que los volvía pesados y difíciles de cerrar. Había figuritas redondas, de cartón o de chapa, especiales para jugar en el recreo. Y en cada colección había una que no la tenía nadie. Era "la figurita difícil", encontrarla era una misión imposible, y entonces el que la conseguía era el ídolo de la clase. Se creía que si comprabas en un kiosco de otro barrio o provincia, te tocaban figuritas diferentes. Y en cambio, si comprabas siempre en el mismo, eran todas repetidas. Los sobres traían 5 o 6 imágenes, los álbumes tenían entre 32 y 72 páginas y solían regalarlos a la salida de los colegios para que los chicos se enganchen para comprar paquetes.
El álbum oficial actual salió a la venta antes de que los entrenadores dieran la lista de 23 futbolistas que llevarán al Mundial, incluso antes de la nómina previa que incluye 35 nombres. "Hay un equipo periodístico y técnico dentro de Panini que decide qué jugadores formarán parte del álbum. Se lleva un seguimiento de las selecciones en las eliminatorias y amistosos. También de los jugadores en sus clubes y el momento futbolístico de cada uno para luego armar la lista de los 18 jugadores", explicó hace poco Nicolás Sallustro, gerente de marketing de la compañía. Sin embargo, sus análisis no son exactos, por eso se ven tantas diferencias entre la realidad y la fantasía.
Juntar figuritas era una experiencia única en nuestra niñez. Con ellas aprendimos los números antes que en la primaria, y reconocimos los mecanismos de funcionamiento del mundo -la lógica de la oferta y la demanda, la interdependencia del trueque, la compulsión del consumo- se saboreaba el vértigo del riesgo en el juego, se envidiaba y se aprendía la jactancia, el orgullo de llenar un álbum, de conseguir "la única que me falta". Y se acostumbra a perder, también, como bien contó Juan Sasturain. Escuela de educación social, los pibes aprendimos las diferencias de clase por el poder adquisitivo de figuritas antes que por otra cosa: siempre había alguno en el barrio que "se compraba una caja", llenaba el álbum en dos días y se ganaba la número cinco que solían poner de premio. Para el futbolista, el privilegio de ser un símbolo, casi una estampita entre los dedos sucios de uñas comidas de los pibes, es un destino insuperable. 
18 jugadores, una imagen de los 11 titulares y el escudo conforman la página de cualquier combinado en el álbum de Rusia. Así que todos tienen un gran ausente: el entrenador. ¿Por qué es que los DTs no tienen un lugar si al fin y al cabo son una parte clave de la selección? Porque prefirieron hacer foco en los jugadores, en los emblemas, los estadios, en la simbología de la Copa Mundial de la FIFA. La novedad de las últimas ediciones es la creación de un álbum virtual que cada vez tiene más adeptos. A través de una aplicación cualquiera puede conseguir paquetes, coleccionar cromos y luego intercambiarlos desde la comodidad de un teléfono inteligente. Pero éste parece que no podrá reemplazar al de papel.
Antes de tanta tecnología, la pasión todavía tenía nombres como orsai, centrojás y demás reminiscencias de su origen. Y los álbumes de figuritas tenían en el final los números de las imágenes, las que íbamos tachando cuidadosamente con la misma lapicera a medida que la conseguíamos, porque no había manera de escanearlas. "Late, late, late", recitábamos mientras el que nos ofrecía algún cambio pasaba su pila con velocidad de cajero. Hasta que de pronto veíamos una "¡No late, no late!", gritábamos mientras comenzábamos a pensar qué ofrecer a cambio de ese objeto de deseo. Es un recuerdo colectivo. Escenas imborrables de lo que era una suerte de aprendizaje básico de la acumulación capitalista y sus diferentes juegos, solo aptos para las figuritas de cartón duro o las célebres chapitas de metal. Pero siempre se jugaba con las repetidas. El "espejito", cuando había que acertarle a una figurita apoyada contra el zócalo, o "el chupi", golpeándolas con las manos ahuecadas hasta darlas vuelta. O también "la tapita", donde ganaba quien tapaba las figuritas del rival y acumulaba los pozos más suculentos. O el clásico "punto", que consistía en acercar el tiro lo más cerca posible de la pared. Esa práctica de años y diferentes generaciones se trasladó al lenguaje como un auténtico virus cultural. Ahí están modismos como "figurita repetida", o "figurita difícil", o "una pila de cosas" que deben su origen a las figuritas. Incluso el tema A Starosta, el idiota del disco Artaud de Luis Alberto Spinetta, debe su nombre a Starosta, la principal editorial y marca de figuritas de los años 40 y 50. 
La empresa que hoy está detrás de este negocio millonario es la italiana Panini, con sede en Módena. Desde México 70 imprime el álbum oficial del Mundial: en España 82 las figuritas empezaron a ser autoadhesivas y este año será la primera vez que Italia no esté entre las páginas, mientras que Islandia hará su primera aparición. El álbum se vende en más de 100 países y representa un negocio de casi 700 millones de dólares. Panini imprime sus figuritas en fábricas de Europa, Brasil y Argentina. En nuestro país, su sede está en Martínez. Brasil es su principal mercado: en el último Mundial, disputado allí, la fábrica trabajaba durante 24 horas, con una producción de 8 millones de sobres diarios.
Mis figuritas sueltas y mis álbumes estaban en un baúl de mi pequeña habitación en la casa de mis abuelos. Un buen día se me ocurrió buscarlas después de mucho tiempo pero ya no estaban. Nunca sabré qué fue de ellas. Simplemente las olvidé y se fueron. Es un error que los mayores solemos cometer. Dejamos de jugar. Como decía Oliver Wendell Holmes Jr, "Los hombres no dejan de jugar porque envejecen; envejecen porque dejan de jugar".

 

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