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Grandes historias: La evolución del deporte

Hermanos y enemigos

El libro Hermanos de sangre, de la periodista holandesa Bárbara Smit, relata la historia de odio mutuo entre Adolf y Rudolf Dassler, los alemanes que fundaron Adidas y Puma. Claro que no solo se enfoca en hablar de ellos y de sus herederos sino, fundamentalmente, de estas dos colosales empresas que revolucionaron el marketing y la competición.


yo opino
martes, 02 de mayo del 2017 | 04:00Hs

Se sabe que las cajas negras de los aviones guardan una información que sólo será buscada en caso de catástrofe. Los lugares y las familias tienen también atesoradas en algún sitio sus propias cajas negras, y los datos que allí se conservan o se ocultan permitirían recomponer, en muchos casos, sus propias historias. Si hubiera que reconstruirla en cartón o dibujarla, la caja negra que almacena los acontecimientos principales de la historia del siglo XX en la ciudad alemana de Herzogenaurach, tendría la forma de una caja de zapatillas, o mejor, de dos: una de Adidas y otra de Puma. La periodista holandesa Bárbara Smit descubre en su libro “Sneaker Wars” el origen de dos de las enseñas más importantes de la industria del calzado deportivo.
Al norte del estado de Baviera, Cristoph Dassler, uno de los tantos hombres que sufrieron las consecuencias de la revolución industrial, trabajaba cosiendo zapatos para la fábrica Berneis sin saber que sus dos hijos menores —Rudolf nacido en 1898 y Adolf en 1890— harían de su oficio, un imperio emblemático del capitalismo mundial que, a fines del siglo XIX, solo parecía sembrar las historias de algunos trabajos penosos, y de una clase de desarraigo que antes hubiera sido inimaginable. En 1914, los dos hermanos fueron tempranamente reclutados para la primera gran guerra. Al regresar, Rudolf se fue a trabajar a una empresa mayorista de cueros en Núremberg. Adolf, en cambio, decidió probar suerte haciendo lo que desde pequeño había visto hacer a su padre: fabricar zapatos. La idea no solo era arriesgada por las dificultades propias de la economía de la posguerra, sino también porque la crisis hacía difícil, al mismo tiempo, conseguir materiales con los cuales emprender cualquier producción. Adolf comenzó, entonces, a buscar los restos que los soldados habían dejado esparcidos por los campos de batalla: botas y cascos, paracaídas, mochilas y neumáticos. En esa iniciativa de explorador vanguardista parecía estar en germen la gran idea del hombre al que llamaban Adi: la fabricación de calzado deportivo.
En 1924 se sumaría su hermano menor, Rudolf, encargándose de las relaciones públicas de la empresa. En los años 20, la mayor parte de los deportes se hacían con los mismos zapatos que el resto de las actividades diarias, de modo que la comodidad y flexibilidad que alcanzaron los diseños de Adi Dassler, hizo que rápidamente el concepto se impusiera en un mundo que empezaba a encontrar en las actividades físicas y en los espectáculos deportivos una pasión creciente. Cuando en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam, de 1928, Lina Radke corrió llevando en sus pies las zapatillas de Gebrüder Dassler Sportschuhfabrik y ganó para Alemania la medalla de oro, Adolf descubrió que la alianza con el nombre y los éxitos de los deportistas, era el concepto necesario para conseguir una visibilidad que hasta el momento se consideraba imposible.
Si bien la asociación entre los negocios que giran en torno del deporte y los desafíos, o los trofeos, obtenidos por los jugadores más destacados del mundo sigue siendo una estrategia común, entre aquella ocurrencia original de Adi y las fotos de deportistas que es habitual encontrar en las vidrieras de las principales marcas deportivas, sucedieron innumerables acontecimientos que demuestran cómo las ideas brillantes y la historias de los emprendimientos nunca se resuelven de modo lineal.
Cuando en 1933 Hitler obtuvo el más alto rango en la conducción de Alemania, ambos hermanos se afiliaron al partido nazi. Así, el punto en el que la Gran Historia se toca con la vida cotidiana y familiar, provocaría que la vida de Adolf y de Rudolf cambiara para siempre. Los dos fueron llamados en distintos momentos para servir al ejército, los dos por diferentes sospechas, fueron acusados de traición; pero tal vez haya sido su competencia por quedarse al frente de la empresa lo que los llevó a aprovecharse de la guerra para delatarse uno al otro ante el ejército alemán, y luego ante las fuerzas aliadas con el objetivo de aprovechar al máximo el imperio que habían fundado juntos. “Rudolf estuvo en la cárcel por colaborar con las SS. Acusaba a su hermano y a la esposa de éste de haberlo traicionado, pero los datos indican todo lo contrario”, explica Smit en el libro. Al final de la guerra, y tras un juicio por parte de los Aliados para analizar su nivel de apego a la ideología nazi, Adi pudo retener el control de su empresa. Por su parte, Rudolf tuvo que mudarse a otra parte del pueblo con su familia para abrir una fábrica pequeña, luego de ser denunciado por su propio hermano como simpatizante de Hitler. Así, en 1947, dividieron la fábrica. El río Aurach se convertiría en frontera. En una orilla se instalaba Adidas, la marca de Adi. Del otro lado, Rudolf, a quien llamaban “el puma”, por su facilidad para la conquista de hermosas mujeres, fundaba la compañía que tiene como emblema un felino que se muestra dispuesto a saltar sobre su presa. La separación, sin embargo, no calmó las aguas. La competencia se volvió feroz, tanto que no solo los hermanos se distanciaron para siempre, sino que la vida en Herzogenaurach, parecía ser la de dos pueblos enemigos enfrentados, y solo separados por el río. En su cuidadosa investigación, Bárbara Smit, cuenta que antes de iniciar una conversación con un desconocido, los habitantes del pueblo miraban hacia abajo para saber qué zapatillas llevaba el que tenían enfrente. Advertían así no sólo de qué lado estaba en la contienda, sino también dónde trabajaba, donde vivía, y donde gastaba su dinero.
La primera gran victoria de esta batalla, en el incipiente campo del marketing, se la llevó Adi en el Mundial de Suiza de 1954. Rudolf había menospreciado al entrenador alemán Sepp Herberger, por lo que Adidas se adjudicó el contrato para hacer tacos ajustables para el equipo nacional, diseñados especialmente para evitar resbalones en caso de lluvia. Durante el partido contra la selección húngara, una tormenta probó la eficacia de los botines. Alemania ganó por 3 a 2, y Adi festejó por dos.
La rivalidad continuó con los descendientes de los hermanos. Horst, el hijo mayor de Adi y heredero de Adidas, se las ingenió para bloquear cargamentos de Puma y para vender exclusivamente sus zapatos en la Villa Olímpica en México 68. Por otro lado, Armin, hijo de Rudolf, se hizo un gran nombre cuando un muchacho brasileño conocido como Pelé usó uno de sus modelos en el Mundial de México 70.
El 6 de septiembre de 1976 falleció Rudolf. El odio entre las familias era tan grande que Adidas publicó una nota diciendo “Por razones de piedad humana, la familia Adolf Dassler no hará comentario alguno sobre la muerte de Rudolf Dassler”. Cuatro años después, Adi falleció y su tumba fue colocada lo más lejos posible de la de su hermano.  Para 1990, Adidas ya le pertenecía al empresario francés Bernard Tapie, quién dos años después se declaró en quiebra. Y luego Puma fue comprada por PPR, una multinacional francesa. Ambas marcas serían relanzadas ya convertidas en símbolo de deporte.
El encuentro de futbol que disputaron empleados de ambas empresas, mezclados, con el que se celebró a nivel global el día internacional de la paz, el 21 de setiembre de 2.009, culminó con seis décadas de enemistad, signadas por las más graves acusaciones de engaños políticos, amorosos y comerciales.
La historia de la fragmentación familiar y del pueblo, digna de Shakespeare o de una superproducción hollywoodense, parece pura ficción y sin embargo, no sólo sucedió sino que también se distingue por ser una de las más representativas de los hechos que marcaron de punta a punta los acontecimientos del largo siglo XX.
Irónicamente, el único miembro de la familia Dassler que sigue involucrado con las marcas es Frank Dassler, nieto del fundador de Puma… y que hoy trabaja para Adidas.

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