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La otra mirada: Fútbol y política

Historia de pasiones

El 24 de febrero de 1958, hace ya sesenta años, resultaba electo Presidente de la Nación el doctor Arturo Frondizi. Fue el único hombre en llegar a tan alto cargo habiendo sido en su juventud futbolista federado. Antes de dedicarse de lleno a la política, fue defensor de Almagro.


yo opino
lunes, 23 de abril del 2018 | 04:00Hs

Ese hombre era el presidente, pero no importaba. Todo fervor, todo vértigo, todo sonrisa, iba con los brazos listos para atrapar a la figura del día. José Figueroa Alcorta, el jefe del Estado Argentino, pisó el césped de la cancha de la Sociedad Sportiva y voló hasta la posición de Alfredo Brown, un futbolista de apellido histórico. Llegó rápido, soltó una mirada que parecía decir gracias y quedó cara a cara con el jugador. Después, lo estrujó con la fuerza que se dedica a aquellas cosas que se quieren. Era el 24 de junio de 1906 y en ese rincón de Buenos Aires el presidente y el deportista se convertían casi en una sola persona. Un rato antes, Brown había marcado el único gol con el que Alumni, la más mítica de las formaciones argentinas, una virtual Selección de la época, había vencido a Sudáfrica por 1 a 0. No se trataba de un mero resultado deportivo: era el primer triunfo futbolístico de un conjunto nacional contra otro integrado por súbditos de la corona británica. La victoria fue narrada como si se tratara de una hazaña patria y el fútbol comenzó a ser utilizado por la política.
El fútbol y la política son dos prácticas que despiertan las más diversas emociones entre sus seguidores. Son protagonistas de discusiones, lágrimas de emoción, gritos o estados eufóricos. Aunque, si bien la pasión se posiciona como característica en ambas actividades, pareciera ser en las canchas donde cobra mayor dimensión. "El fútbol convirtió la pasión en un vector imprescindible. La política, en cambio, puede prescindir de ella y limitarse al bien común, a la discusión ideológica y a la lucha de intereses", explica el sociólogo e investigador del CED-UNSAM, Rodrigo Daskal, compilador de "Fútbol Historia y Política".
Son incontables las veces que los presidentes intentaron acercarse a la sociedad mostrando una vida con rostro humano, con costumbres remotas y con rutinas terrenales fuera del absorbente mundo de la política. Son incontables, también, las veces que los presidentes utilizaron al fútbol, arma clave en Argentina, para lograr el estratégico acercamiento. Sin embargo, a pesar de las innumerables menciones que hicieron los mandatarios hacia los clubes a los que profesaban su amor, solo uno pudo demostrar un pasado como futbolista amateur. ¿Juan Domingo Perón en Boca? ¿Ricardo Alfonsín en Independiente? ¿De la Rúa en Boca?  ¿Eduardo Duhalde en Banfield?¿Carlos Menem en River? ¿Néstor Kirchner en Racing? ¿Mauricio Macri en Boca? Ninguno de ellos. El único presidente que jugó en las categorías juveniles de un club fue Arturo Frondizi, que en la década del veinte llegó hasta la cuarta división de Almagro.
Matías Rodríguez, en un informe para la entonces Revista El Grafico, señala que la relación de Frondizi con Almagro es mucho más profunda que la de un simple juvenil que no llegó a Primera, porque fue en el club que el futuro presidente desarrollista iniciaría su profundo contacto con la política en general y con la Unión Cívica Radical en particular. Almagro fue durante las décadas del veinte y del treinta un reconocido bastión yrigoyenista contra el anti-personalismo de Marcelo Torcuato de Alvear, el aristócrata que antes de ser calle gobernó el país entre 1922 y 1928.
Frondizi, que había empezado desde chico a jugar al fútbol en el club como cualquier hijo de vecino, se sumó a la causa cooptado por el ideario del Peludo, y más temprano que tarde cambió las discusiones de vestuario por los mítines políticos que tenían lugar en la sede del Tricolor. Su incursión en la "cosa pública", sumada al tiempo que le demandaban sus estudios de abogacía en la Universidad de Buenos Aires y que en un partido se quebró un brazo, hicieron que Frondizi abandonara definitivamente sus sueños de futbolista en Cuarta División. Se había destacado hasta entonces como un defensor rudo, de poca velocidad pero mucha presencia, que llamaba la atención por un look particular: solía jugar con una boina a lo Severino Varela, el uruguayo que hizo carrera en Boca durante los años cuarenta.
Según Rodríguez, ya recibido de abogado siguió participando de los mítines políticos que tenían lugar en la sede del club, ubicada en la calle Medrano. También participó de la política de Almagro, y en 1942 fue el redactor del estatuto que la institución mantiene hasta el presente. Sus hermanos, Silvio y Risieri, también se iniciaron políticamente en aquellas tardes de cafetín y airadas divergencias.
Arturo Frondizi, presidente entre 1958 y 1962, es el único mandatario argentino con un pasado comprobable como futbolista federado. Y si bien su condición de intelectual y de hombre de leyes acabó por devorarse la faceta del Frondizi jugador, él siempre se preocupó por mantener viva su pasión. Muestra de ello es que durante la fugaz reunión que tuvo con el Che Guevara en Olivos en 1961, y que a la postre sería uno de los grandes motivos de su derrocamiento, uno de los temas más recurrentes fue el fútbol y la actualidad de Rosario Central, más allá de la CEPAL, la ONU y la Revolución Cubana.
En la noche del 28 de marzo de 1962, la Selección Argentina venció por 1 a 0 a México en el estadio Monumental de River. "Magra exhibición argentina", tituló el diario La Nación como un resumen de lo que fue la actuación del equipo que dirigía Juan Carlos "Toto" Lorenzo y que tenía como figuras a Antonio Roma, José Sanfilippo, Antonio Rattin y Oreste Corbatta entre otros. Pero no era ese el título mayor, porque mientras se disputaba el partido, las Fuerzas Armada pugnaban por derrocar al Presidente Frondizi. Al caer la tarde, mientras el primer mandatario se recluía en la Quinta de Olivos y los militares comenzaban a ocupar emisoras de radio, canales de televisión y centrales telefónicas, la Selección Argentina salía a la cancha preparándose para el Mundial que se jugaría poco después en Chile.
Tras el partido, un grupo de dirigentes mantuvieron una reunión, inquietos por la realidad del equipo que nos representaría detrás de la cordillera. Mientras tanto, en medio de una situación de tensión y cerca de las cuatro de la mañana, el general Raúl Alejandro Poggi, comandante en jefe del ejército, emitió un comunicado en donde se anunciaba: "El Presidente de la Nación ha sido depuesto por las Fuerzas Armadas. Esta situación es inamovible". Pocas horas más tarde, Frondizi sería detenido y trasladado a la isla Martín García. José María Guido, titular del Senado, asumiría como Presidente.
En el Mundial quedamos afuera rápidamente tras una victoria, un empate y una derrota dolorosa ante Inglaterra, marcando claramente que el manejo de la selección seguía siendo un enorme error de la AFA. El golpe a Frondizi se recuerda a la distancia como una enorme oportunidad perdida por nuestro país. Por una vez, el fútbol y la política caminaron aquí por la misma oscura vereda.

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