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Nuestros artistas y el festival

Juan Carlos Ceja: la reflexión como postura


FTR 2017
lunes, 17 de julio del 2017 | 04:00Hs

Foto: D. Camusso
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Juan Carlos Ceja.

"Esta es, en última instancia, la función que nos queda a los hombres de a pie, a los de abajo, aunque después nos quedemos en el borde de las cosas. Seguir, como los abejorros, jodiendo, rascando. No sé si nos escucharán, pero que sepan que tontos no somos". Con esta lúcida y mordaz cita se puede atisbar, en algún sentido, de qué materia está hecho Juan Carlos Ceja. Toda una vida dedicada a la educación y al teatro, a la lectura, al consumo y producción de bienes culturales. Una voz original, nada complaciente pero con propuestas concretas, en relación a este Festival, del que participa cada año como complacido espectador. 
En una desapacible mañana de julio, esta cronista tuvo la suerte -elegida por cierto- de compartir una amena charla e intercambio de ideas con quien sigue siendo un referente de muchos actores y actrices locales. El profesor Juan Carlos Ceja, dramaturgo y director, en el apacible clima de su hogar familiar, y disfrutando ya de su momento de pasividad laboral, nos abrió la puerta y el corazón, con la honestidad que lo caracteriza. 
Como hombre de teatro, ¿qué importancia o significación especial tiene en tu vida la realización del Festival?
Yo no sé si tiene tanta importancia en mi vida, en esto quiero ser absolutamente sincero. Sí creo que tiene, en principio, importancia para la ciudad de Rafaela y siendo un poco más preciso, para esa parte de la sociedad que se interesa o está formada o se dejó contagiar de la energía que supone una movilización en el campo cultural y especialmente en el teatro. Creo que es un punto de convergencia ciudadana, un espacio de socialización y encuentro, uno lo ve en los días previos incluso antes de que el Municipio lo publicite. Hay gente que se reconoce ya en esta dinámica de ir a sacar las entradas, cruzarse en el camino de sala en sala, pero creo que si uno lo mira a nivel de demografía, no es TODA la ciudad, pero sí una parte importante. Desde los medios de comunicación, en relación a este tema, hay una mirada desmesurada que responde a veces a las expectativas o intereses particulares de los políticos, consciente o inconscientemente, satisfacen a los políticos que lo propician o están detrás de esto. Creo que decir que Rafaela está conmocionada y alegrada por el Festival, es una desmesura. Yo creo que sí sucede dentro de los públicos formados e informados o que van siendo contagiados progresivamente, pero no es toda la ciudad, hay muchos sectores a los que no les es indiferente pero es un espacio al que no acceden por muchos motivos: no les gusta el teatro, no se sienten motivados o no son el tipo de espectáculos que disfrutan, quizás porque no tenga los códigos para disfrutarlos. Yo creo que para que disfrutes de tales o cuales cosas se deben conocer las reglas del juego. 
Pero creo que hay mucha gente que va, que tradicionalmente gusta del teatro o que está a cargo de grupos e imagino que esos profesores utilizan el marco del festival para animar a sus alumnos a ver obras, y ahí puede entrar un público juvenil que es interesante, que sin esa cuestión propiciada por el docente, no iría. Y muchos de esos jóvenes son acompañados probablemente por el novio, la novia, los padres…que tampoco hubieran ido a ver teatro, y estos son posibles espectadores para el año que viene, y esto está bueno. 
El Festival tiene 13 años, yo, al igual que muchos en sus inicios, éramos de los que sacábamos para casi todas las obras, arrancábamos a las 18 y eran las 23 y ya no sabíamos qué habíamos visto. Cuando pasó ese momento de alienación y uno se calmó un poco, empezó a elegir con otros criterios. De todos modos yo creo que se mantiene ese público que va a casi todo, y ha crecido el grupo de los que vemos menos. Se trata de poder procesar mejor, a lo mejor nos perdemos cosas, pero yo creo que en la confusión y el caos, tampoco se puede apreciar tanto. 
En 2016, vi cuatro obras, las que conseguí, las que habían quedado. Y fueron muy buenas todas. A uno puede gustarle más o menos determinado tipo de teatro, pero reconozco que hay un nivel de calidad general, garantizada. Lo que sí advierto, una vez más, es un 80% de obras de Buenos Aires, cuando podría prestarse más atención al teatro de la región pampeana, en sus ciudades capitales. Después de 13 años, que el recorte -porque toda muestra o festival es un recorte- siga mostrando la misma falencia, es molesto. ¿Y desde dónde se corrige esto? Tiene que ser una decisión política. No esperemos otra cosa si los que van a seleccionar o armar van a ser siempre los mismos, ya que tienen el derecho de programar de acuerdo a sus saberes y criterios. Lo que se tiene que oxigenar es el grupo curador, no digo desplazar a nadie, pero incorporar nuevas miradas. Hay que escuchar distintas voces. Los responsables, al ver la cantidad de gente y aceptación de la propuesta dicen: ‘bueno, ya está, no se escucha más a nadie porque la cantidad me demuestra que estamos bien orientados’. Es falaz esa conclusión. 
Hubo 4 años que me hartó ver obras sobre familias disfuncionales, gente de departamento, de Buenos Aires o Rosario, burgueses alienados que no sabían qué hacer con sus vidas. Yo intuyo que hay otras problemáticas en el teatro argentino. 
¿Qué falta en esta narrativa o relato de las artes escénicas que representa el festival de teatro rafaelino 2017?
"Aparentemente nada, se podría decir en principio. El segmento cultural teatral-escénico hegemónico está aquí retratado en pleno. Prueba de ello es el hecho de que 13 años después, a muchos, nos resulta un acontecimiento familiar a donde no todos asisten pero evidentemente el público es muy numeroso y variopinto. La idea de abarcativo y exitoso resuena en los medios reproductores, hacedores y público interesado en el asunto, tanto a nivel nacional y de a poco, aunque todavía muy acotado, a nivel internacional. Empero, una reflexión profunda debiera ser planteada y desarrollada todos los años, antes y después de la realización, la pregunta eventual podría ser, ¿Hubo y hay ausencias? ¿Qué se hizo y qué se hace para remediar o para morigerar en parte? La categoría de análisis "ausencia" debiera abrirse a la mayor cantidad de alcances o significaciones posibles. ¿Lo que ocurre al interior del recorte que implica el festival es representativo del universo teatral-escénico posible de ser invitado o convocado? ¿O no existen otras muestras de producción? Debe insistirse, ¿Es el festival un reflejo acabado del "universalismo" teatral-escénico? ¿O cubre un pedazo minúsculo que el hacer hegemónico se arroga como de "muestrario universal?".
Otro aspecto. "Aunque el tema parezca menor, estas preguntas también merecen respuestas precisas, sencillas y ampliamente publicitadas. ¿Son los contribuyentes, antes y después, en tiempo rápido y breve, informados de cuánto y en qué están pagando con sus dineros por el festival durante el año y en los días de realización?", / María Emilia Sánchez.-

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