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La otra mirada: Historia de fútbol

La loca carrera de Kamel

Un francés recorrió 2.000 kilómetros en bicicleta en las ciudades de Arles y Amiens para reunir fondos para niños con problemas. El Olympique quiso reconocerlo otorgándole el saque de honor en el partido contra el Toulouse. Entonces el hombre decidió cumplir su sueño de hincha del Marsella. Hacer un gol en el Vélodrome.


yo opino
lunes, 02 de octubre del 2017 | 04:00Hs

"Usted cree que puede curarme y se equivoca, el fútbol es mucho más que un lindo juego", le dijo en hombre vestido de blanco al doctor que trataba su locura. Entonces sacó de su bolsillo un papelito arrugado y se lo dio. "Guárdese esto, y cuando lo lea, imagínelo cantado por un desafinado coro de miles de almas". El médico comenzó a leer en voz alta lo que parecía la estrofa de un poema. ""En el este y el oeste, en el norte y en el sur, brillará blanca y celeste…" y rápidamente decidió que era suficiente, que no había cura. "Todo los días se aprenden cosas doctor", le dijo el loco. "Hay una pasión que encierra la euforia, la depresión, la locura, la alegría, el llanto y que está ligada a los colores de una camiseta, por eso yo y todos los que sentimos así, sabemos lo que con orgullo padecemos. Algo que no se cura y que es simplemente eso, una pasión inexplicable", cuento de José M Pascual.
El amor del enamorado y el amor del futbolero pueden ser la misma cosa. Lo afirma una investigación de la Universidad de Coímbra, en Portugal. Dice en una parte de la conclusión, que los sentimientos despertados, el mecanismo de expresión entre una persona enamorada y un apasionado por el fútbol, simulan la misma naturaleza. "El fútbol despierta emociones, a veces irracionales, que cruzan la frontera entre el amor tribal y el fanatismo", certifica la institución en un comunicado del año pasado. Miguel Castelo-Branco, uno de los responsables de la investigación junto a Catalina Duarte y Ricardo Cayolla, asegura que al igual que el amor, la pasión por el fútbol puede convertirse en obsesión y nublar el comportamiento racional.
En definitiva no es esto algo nuevo para quienes amamos el juego de la pelota. Pero sirve para decirles a nuestras mujeres que la enfermedad que sufrimos tiene calidad científica. Aunque en estos tiempos modernos buena parte de ellas se han contagiado este mal. Cientos de hechos lo certifican cada semana, en cada encuentro hay historias que sorprenden aún a los propios enfermos. Historias como la de Kamel.
Hace apenas una semana, antes del partido entre el Olympique de Marsella y Toulouse, hubo un episodio que en poco tiempo ha dado la vuelta al mundo. Un hincha del Marsella fue invitado por el club a dar, simbólicamente, la patada inicial, un evento no muy original que ya ha ocurrido muchas otras veces en el pasado. Sin embargo el hombre, después de saludar tímidamente a la gente que lo vitoreaba y de intercambiar unas palabras con el árbitro, empezó una carrera inadecuada con la pelota en sus pies, hecha sin mucha agilidad por un físico robusto, hasta terminar frente a  Lafont, arquero del Toulouse, que se arrojó hacia su izquierda todo estirado en el área menor, pero no pudo detener el disparo preciso, de delantero goleador, lanzado por Kamel. Enseguida celebró su gol imitando a los grandes futbolistas, alzando sus brazos al cielo y cubriéndose el rostro con su camiseta como si fuese su ídolo Fabrizio Ravanelli, bañado de emoción, antes de ser felicitado por el entrenador de su equipo, Rudi García, y entrevistado por un periodista. El estadio comenzaba a gritar en medio del desconcierto.
Claro que antes hay una historia, siempre la hay. Hace algún tiempo, Kamel se hizo amigo de un chico discapacitado que le confesó que el sueño de su vida era  ir al Stade Vélodrome para asistir a un partido del Olympique, su equipo de corazón. Desde ese día, Kamel decidió dedicar parte de su vida a recaudar fondos para los jóvenes con problemas. Entonces comenzó a armar un largo viaje de poco más de 2000 kilómetros, pero en bicicleta. El 11 de setiembre salió de su ciudad natal, Amiens, en dirección a Arlés, un trayecto largo que recorre Francia desde el norte hacia el sur. Fueron 15 días, ida y vuelta, con el fin de despertar conciencia en la gente e impulsarlos a ayudar a aquellos niños que sufren diversos inconvenientes sociales, escasez económica o tienen problemas de salud. Esta experiencia la iba transmitiendo mediante sus cuentas de Facebook, Instagram y Snapchat. En esos sitios compartía videos e imágenes donde se veía recolectando dinero para esta ayuda benéfica.
Cuando los directivos del club francés se enteraron de la historia, y entendiendo que pasaría cerca de la ciudad justo cuando el equipo local debía jugar ante el Toulouse, decidieron invitarlo a dicho partido para que sea partícipe del saque de honor. Hablaron con las autoridades de este último club, y de la Ligue 1 de Francia, y se contactaron con el ciclista.
Kamel asegura que en ese mismo instante lo decidió, que se dijo que valía la pena, que el riesgo de quedar en ridículo no importaba, que sería cumplir su propio sueño de siempre y el de los hinchas que lo verían. Y que, por último, hasta sería un perfecto golpe publicitario para su epopeya de juntar fondos para los niños en problemas. "Entonces susurré en el oído del árbitro, ´trata de entender mi sueño´, aunque no estoy seguro de que lo haya entendido. Ser sorpresivo para todos haría que nadie interfiera. Y así fue. Hasta el propio arquero del Toulouse colaboró intentando atajar mi tiro", aseguró un Kamel emocionado
Los hinchas, dentro y fuera del estadio, al ver a ese hombre de más de 100 kilos loco de alegría como un niño, hacer realidad su sueño y el de ellos mismos, hicieron viral la historia. Hay quienes incluso comparan a Kamel con Konstantinos Mitroglou, el delantero griego de Marsella y de su selección, por el parecido físico. Pero el loco grandote solo se ríe ante la apreciación.
Solo es una historia la de Kamel Zaroual, el hombre con el corazón enorme que pedalea por los niños. El que seguramente, si lo leyera, aseguraría como Pascual que "Hay una pasión que encierra la euforia, la depresión, la locura, la alegría, el llanto y que está ligada a los colores de una camiseta, por eso yo y todos los que sentimos así, sabemos lo que con orgullo padecemos. Algo que no se cura y que es simplemente eso, una pasión inexplicable. Simplemente el fútbol".

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