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Columna de opinión

La maldición del Barba


yo opino
lunes, 10 de abril del 2017 | 04:00Hs

Foto: Captura TV
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"Cruel en el cartel, la propaganda manda cruel en el cartel, y en el fetiche de un afiche de papel se vende la ilusión, se rifa el corazón... Y apareces tú, vendiendo el último jirón de juventud, cargándome otra vez la cruz. ¡Cruel en el cartel, te ríes, corazón! ¡Dan ganas de balearse en un rincón!". Afiches, tango de Atilio Stampone y Homero Expósito. 
"Maldito Barba. Maldito sea. Es la maldición del Barba. Lo vi, te juro que lo vi mirando para abajo, con la boca abierta como diciendo, ´si, ustedes, ya están en el afiche que dice: descendidos´. Es ese maldito Barba", me dice Juan con los ojos desorbitados mientras yo abría desmesuradamente los míos y trataba de tranquilizarlo, "Pará, calmate, es solo fútbol, no podes hablar así del... del… del de arriba… aunque desde que tenemos un Papa futbolero y argentino todo se mezcle…". "Ma que Papa ni Dios, del Romat ese que pateó hablo yo, el Barba, ¡mirá el gol que nos hizo! ¡Estaban liquidados!, no sabían cómo llegarnos y aparece el Barba este… ¡Es una maldición del Barba!", grita buscando un socio a su afirmación mientras la gente pasa a su lado sin mirarlo, buscando explicaciones a lo que acababa de ocurrir en el estadio. Igual me hice la Señal de la Cruz, por las dudas, y miré para arriba. Ahí, la verdad, me dieron ganas de preguntarle al Barba, al otro, si alguna vez en este torneo nos va a tocar la suerte a nosotros. O si estamos saldando culpas, porque la verdad es que se parece al juez Griesa a la hora de hacernos pagar.
Juan encuentra un aliado en esto de lamentar desgracias de último segundo y se va, en la espantosa noche de sábado. Son los únicos que hablan. El resto es una procesión de gente silenciosa que mira el piso y arrastra los pies. Cuando pasan cosas como la de este partido ante Huracán existen dos maneras de tomarlo. O tres, pero esta última es mirar una buena película, olvidarse de la pelota por unos días y leer solo Paparazzi. Que en definitiva es lo que elegiría yo a esta altura del campeonato, porque la verdad es que no tengo ganas de escribir y me pregunto si alguien cometerá la hermosa locura de leerme. Pero bueno, volvamos. Una es hablar de la suerte, o de la mala suerte, en todo caso. Y tendremos todos los argumentos para asegurar que este equipo tiene por lo menos seis puntos menos de los que merece. Haga un repaso y verá. Los dos puntos que se escaparon en este partido son tremendamente dolorosos. Que el fútbol es el mejor deporte del mundo porque encierra un alto riesgo de injusticia, está bien. Pero nosotros no ligamos nunca…
La otra pasa por el análisis profundo y la búsqueda de errores y culpables. Siempre que se pierde algo hay de los primeros y, por ende, de los segundos. Todo prescindiendo de las virtudes del rival, claro. Es que se puede decir que Atlético tuvo las chances más claras, que fueron varias, que debió disponer de un penal que el árbitro obvió sancionar y que Huracán, aun jugándose a todo o nada en el final del partido, nunca dispuso de situaciones de gol. Pero el merecimiento del equipo de Llop se fue al demonio por falta de oficio de sus propios jugadores para cerrar el partido y por la decisión compartida de cederle la pelota al rival. Pero, fundamentalmente, por increíble definición del Barba, perdón, de Nicolás Romat. Entonces recordé una charla de Hugo Asch con Sergio Víctor Palma, aquel inolvidable campeón mundial de boxeo. "¿Y qué pasa cuando te tiran? ¿No dudas de vos mismo, de todo?", le preguntó Asch. "Caer no es grave. El rival es tu espejo, puede hacerte lo mismo que vos a él. El problema es cuando metes tu mano hasta el codo y el tipo ni se mueve. Una, dos, tres veces, y nada. Eso sí es bravo. Pensás: uhhh, ¿y éste de qué está hecho? ¿Y si ahora me emboca? Hay que estar bien de la cabeza para superar ese segundo de incertidumbre", respondió Palma.
Eso nos pasó. Hay que estar bien de la cabeza, decía Víctor. Y Atlético tiene en su cabeza la presión que significa cargar con culpas ajenas, esto es, un promedio espantoso que nos regaló el desastre de las temporadas anteriores. La Ley de Murphy sobrevoló, fatal, el Monumental. "Si algo puede salir mal, saldrá mal", dice. Y salió mal. Pudo terminar 1, 2 o 3 a 0, pero empataron 1 a 1. Ni el vasco Azconzábal lo creía, y por eso su festejo loco del final. Igual, yo respaldo y aplaudo a este equipo, su intención de ser protagonista jugando aún con limitaciones y errores. Y su posición en la tabla de puntos marca que está haciendo un buen torneo más allá de las injusticias. Todo sirve para evitar pensar en el final y en la diferencia que podíamos achicar en los promedios. Todo sirve para quitarme las ganas de balearme en un rincón...

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