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Historia del futbol: Memoria del horror

La tragedia de Superga

El 4 de mayo de 1949, el avión que traía de regreso de Portugal al Torino, equipo dominante en esos años, se estrelló contra el murallón de una Basílica. No hubo sobrevivientes. La FIFA declaró esa fecha como Día Mundial del Fútbol.


yo opino
lunes, 08 de mayo del 2017 | 04:00Hs

Subestimado o sobreestimado, el deporte siempre genera una notable repercusión. Entonces, sus alegrías o sus dolores se potencian y se esparcen por el mundo. Y como es una enorme fábrica de ilusiones, ante la tragedia suele mostrarse tan unido como conmovido. Pero cuando se trata de fútbol, la pasión desemboca demasiadas veces en el fanatismo, ese sentimiento que lleva a despreciar al que es o piensa diferente. Y entonces aparecen noticias que manchan la pelota y lastiman el honor.
Por estos días, Juventus está a punto de sumar su sexta corona consecutiva de campeón del fútbol italiano, mientras quedó a un paso de la final de la Champion. Tiempo de festejos para un gigante del deporte europeo. Sin embargo, haber disputado este fin de semana el "Derby della Mole", como se denomina al clásico que los enfrenta a Torino, y que finalmente terminó 1 a 1, potenció la estupidez de algunos que se olvidan de disfrutar de su propia felicidad. El jueves pasado aparecieron leyendas injuriosas pintadas en la calle que conduce a la Basílica de Superga, un sitio donde hace 68 años se vivió una de las peores tragedias en la historia del fútbol mundial. Un accidente de aviación que causó la muerte de 31 personas, incluidos 18 jugadores de un equipo "granate" que hizo historia y es recordado como el "Gran Torino". Aquel 4 de mayo de 1949, el avión que traía de regreso a casa a los integrantes de ese recordado plantel se estrelló contra el muro de la Basílica de Superga.
El legendario arquero de la Juventus, Gianluigi Buffon, criticó con dureza a los vándalos que hicieron los grafitis insultantes. "Honor, campeones del "Gran Torino". Y perdón para aquellos que cometen actos tan incalificables como burlarse de ustedes o faltarles el respeto 70 años después", escribió en un largo texto publicado en las redes sociales. Mucha otra gente lo acompañó en el desagravio. El recuerdo de la tragedia se hizo entonces relato.
Sobre fines de la década del 40, el Torino ya había ganado cinco títulos de liga, conocidos en Italia como scudettos. Eran el orgullo de los hinchas que llenaban el estadio de Turín para verlo. Solo por la influencia de la II Guerra Mundial no habían conseguido más títulos. Se habían ganado largamente el apodo de Il Grande Torino (Torino El Grande). En muchos lugares del mundo, que en ese entonces seguía los partidos por radio y por las crónicas de la prensa escrita, sus jugadores igualmente eran reconocidos. Se les admiraba, y siempre que se podía se les contrataba para realizar partidos amistosos.
Otro club europeo de mucha prosapia, el Benfica, iba a realizarle un partido de despedida a uno de sus jugadores emblemáticos, que además había militado antes en el calcio italiano, Francisco Xico Ferreira. Entonces, la directiva eligió a Torino para ser parte de la fiesta, que sería el 3 de mayo de 1949.
Para esto, el Torino viajó a Portugal en un avión trimotor de hélice, un Fiat G.212 CP de fabricación italiana, un aparato de aspecto curioso, ya que dos de sus motores estaban uno en cada ala y el tercero en la nariz. La aerolínea era la Avio Linee Italiane (ALI), y su matrícula la I-ELCE. A los mandos estaría el capitán Pierluigi Peroni, como copiloto Antonio Pangrazi, como radiofonista Celestino D´Inca y navegante Cesare Biancardi.
Después de un partido vibrante ganado por Benfica por 4-3, la delegación italiana se quedó en Lisboa un día más para descansar. El 4 de mayo iniciaron el regreso a Turín, con escala técnica en Barcelona. Durante la primera parte del vuelo todo era normal, incluido el reaprovisionamiento en España. Pero ya en suelo italiano comenzaron los problemas. El cielo estaba muy cerrado, las ayudas de radio mencionaron que tenían nubes bajas y que además, podría haber cierta niebla. Entonces les pidieron a los pilotos que tuvieran cuidado en la aproximación final, pero nada presagiaba lo que estaba por pasar. Sin embargo en la cabina de mandos el capitán Peroni se desesperaba. No veía nada por sus ventanillas, y los mensajes de radio que les traía D´Inca no servían de nada. En 1949 los sistemas de navegación se limitaban a radares y radio.
En el corredor de aterrizaje estaba (y sigue estando allí) la basílica de Superga, ubicada en la colina del mismo nombre, en las afueras de Turín. Todo allí era paz en un día de cielo invisible por las nubes que tocaban el suelo. Apenas pasadas las cinco de la tarde, los pilotos bajaron el avión todo lo posible para tener algo de visión, una referencia que les permitiera entender dónde estaban. La ruta era la correcta, pero la altura fue el gran problema. De golpe las nubes se corrieron como un telón y dejaron al descubierto la Basílica. En medio del estruendo de los motores tratando de elevarse desesperadamente, el aparato se estrelló contra el murallón del terraplén trasero. El desastre fue absoluto. No hubo sobrevivientes.
La noticia sacudió al mundo y dejó al fútbol conmocionado. De golpe, el mejor equipo había desaparecido. Solo quedaba el recuerdo. Gente de todas clases sociales se congregaron en la zona del desastre, aquello les era imposible de digerir, los carabinieri no daban abasto para contener a la multitud que clamaba por ver a sus héroes caídos. El rescate era por demás muy penoso. Cada cuerpo fue reconocido en primer término por el entonces entrenador del seleccionado nacional, Vittorio Pozzo, antes de ser entregado a sus familiares. Unas 300.000 personas salieron a la calle para acompañar los féretros de sus ídolos, y se calcula que unos 8.000.000 de italianos siguieron el entierro por radio o televisión.
River fue el único equipo del mundo que se ofreció para jugar un amistoso a beneficio de las familias de los fallecidos. Torino aceptó y hacia allí viajó todo el plantel, con Amadeo Carrizo, Labruna, Di Stéfano, Pipo Rossi, Loustau. Hubo un partido, a cancha llena que terminó 2 a 2. Pero eso fue lo de menos. Para los diarios italianos, el ofrecimiento fue calificado como "magnífico". La gente saludó al plantel Millonario con una ovación cuando salió al campo para medirse con un rival de estrellas italianas que llevó el nombre de "Símbolo-Torino". La delegación argentina fue recibida por el presidente Einaudi y luego por el Papa. 
Como reconocimiento póstumo, se declaró al Torino campeón de aquel Scudetto, que lideraba ampliamente antes del accidente. Algún tiempo después la FIFA declaró el día 4 de mayo como el Día Mundial del Fútbol. Lo cierto es que desde entonces, el conjunto de Turín nunca volvió a ser el mismo y, si bien ganó un título de Serie A en la temporada 1975/76 y tres Copas Italia, aquel accidente aéreo marcó su historia. Hoy, mientras Juventus disfruta de una actualidad inmejorable, la otra mitad de la ciudad recuerda a sus ídolos caídos.

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