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Columna de opinión

La verdad del espejo


yo opino
lunes, 27 de marzo del 2017 | 04:00Hs

Foto: D. Camusso
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"Sentirse bien contribuye a nuestro bienestar. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, más bien abunda en la idea de que la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Es la posibilidad de escribir nuestro propio cuento con final feliz". Facundo Manes, neurocientífico y rector de la Universidad Favaloro de Buenos Aires.
Es raro esto. No que me contradiga, porque me pasa todo el tiempo. Por ejemplo, me he quejado hasta el hartazgo de que Atlético juega los lunes por la noche. Un despropósito. Pero en esta fecha juega justo un sábado en el último turno, como locales, en una tardecita de otoño con aires de primavera. Y me quejo más que antes porque tengo un compromiso, que no es tal porque lo disfruto. Pero me obliga a ver el partido de modo raro. En mi casa y por televisión, tranquilo y analizando cada jugada del primer tiempo con detenimiento, aunque el gol del moreno "pincharrata" amenace amargarme la noche. También por televisión, algo alejada y sin volumen, tapado este por voces de mujeres que hablan todas al mismo tiempo, ruidos de vasos, platos y cubiertos que se entrechocan, y los análisis de mis amigos, ya la segunda etapa. Hay gritos de goles propios, maldiciones por uno ajeno, y porque no entraron ni el zurdazo bajo de Díaz ni el cabezazo final de Campi. Era una victoria que se hubiese disfrutado como esas que viví varias veces fuera de la ciudad, mirando fútbol en algún café y con compañeros de "tribuna" improvisados. Pero no fue más que un empate. "Apenas un empate", me dice alguien. "Pero fue un partidazo, más allá del análisis puro de cómo se jugó. Hubo muchísima emoción y cuatro goles. Además contra Estudiantes, que pelea bien arriba", asevero creyéndome dueño de la verdad pero lejos de Bauza. "Sí, pero no sirve. Hay que ganar o descendemos", vuelve a decirme con los ojos fijos en el piso.
El fútbol es un juego maravilloso en el que no siempre gana el mejor, pero en el que inexorablemente el campeón es merecido tanto como el último, porque en el desarrollo de los partidos en el tiempo la lógica le gana a la dinámica de lo impensado, en el decir de Dante Panzeri. Pero cuando entra en juego el promedio, y son tres las temporadas que se suman, suele ocurrir que el equipo que queda marcado como responsable del fracaso deportivo, no es tal. Hay decenas de ejemplos. Elija la que quiera. Es muy probable que seamos injustos con este plantel si finalmente se desciende. ¿No le parece? Mire, le cuento mi punto de vista.
Cuando yo era un chico, cincuenta años atrás, Atlético ya era grande en la zona. Pero pensar que un día jugaríamos en Primera era una utopía, y decirlo nos aseguraba un tiempo de internación. Sin embargo ocurrió. Llegamos al profesionalismo y sufrimos con Reválida incluida. ¿Alguien recuerda aún que si perdíamos aquel partido sería tal vez el equipo rojo y blanco, clásico rival histórico, el que estaría hoy en lugar de Atlético? Pero la ganamos. Crecimos y llegamos a Primera. Descendimos enseguida y nadie se murió. Más bien se reforzó el sueño de volver por el camino ideal y de a poco nos convertimos en un grande del ascenso. Y volvimos a la elite hace ya unos años. Fue este un tiempo ideal para establecerse, pero los últimos dos promedios, tras una muy buena campaña de 25 puntos, nos condenan. Fueron 23 en un torneo ya muy largo y solo 9, si ¡9!, en la última. Hoy se suman 21 con 13 fechas por jugar y el equipo anda por la mitad de la tabla. 
Conté lo de mi infancia porque es bueno cada tanto mirarse al espejo y reconocer quienes somos. Y somos un grande del ascenso tratando de mantenernos en la mesa de los poderosos, aunque esta hoy esté devaluada por la cantidad de comensales. Podemos hacer la de Bauza y mentirnos, creernos que tenemos la obligación de salvarnos y que no hacerlo es un fracaso. O reconocer nuestra imagen en el espejo. "La única verdad es la realidad", aseguraba Perón con la frase original de Aristóteles.  
Si conocemos nuestra historia, podremos reconocer que este es un equipo que nos hace sentir que somos de Primera, más allá de que estemos en Primera. Con limitaciones y errores, pero con enorme entrega y algunas virtudes muy valorables, volvimos a ver que la gloriosa celeste y blanca está a la altura de aquellas camisetas cuyos jugadores conocía de pibe por las figuritas. Será una injusticia que estos jugadores y este cuerpo técnico queden marcados por el descenso. Como también es una injusticia que en lugar de gozar un empate en un partido con goles y emociones ante un candidato al título, nos quedemos en la amargura de que un empate nos aleja de la salvación.
Creo que debemos pensar en mantener la categoría como ilusión. Porque, si aquella utopía de jugar en Primera es hoy una realidad, entonces, ¿por qué no se puede dar? Pero si eso se vuelve una obsesión que nos impide disfrutar de la pasión lúdica del fútbol, estamos viviendo una realidad enfermiza. Ascendimos, descendimos y volvimos a ascender mucho más fuertes. Como dice Manes, la manera en que pensamos es la manera en que sentimos. Y yo, particularmente, siento que este Atlético es de Primera.

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