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Aniversario: Muhammad AlÍ

Las sentencias del más grande

El 17 de enero hubiese cumplido 75 años quien es considerado mayoritariamente como el boxeador más completo de la historia. Con la misma fortaleza y talento con la que se movía dentro de los cuadriláteros, enfrentó a la vida fuera de ellos con sus convicciones políticas, sociales y religiosas. A siete meses de su muerte repasamos su vida a través de sus frases.


yo opino
lunes, 30 de enero del 2017 | 04:00Hs

Tuvo una vida de película, digna de un gran campeón que marcó la historia del deporte. Nacido como Cassius Marcellus Clay el 17 de enero de 1942 en Louisville, Kentucky, Estados Unidos, con tan solo 12 años de edad, y después de denunciar el robo de su bicicleta, llegó al mundo del boxeo de la mano del oficial Joe Martin, quien lo convenció de que tenía que aprender a defenderse por sus propios medios. Él comenzó a entrenarlo en su gimnasio. "De chico le pedía a mi hermano Rudy que me tirara piedras. Y yo las esquivaba, una por una. Así es como aprendí mis movimientos, esquivando piedrazos", contó alguna vez. Tiempo más tarde, en forma paralela, también se entrenó con Fred Stoner, un afro-americano con quien mantuvo la sociedad durante su carrera amateur. "Soy joven, soy apuesto, soy rápido, soy lindo y soy invencible. Deben caer en el round que yo digo", le gritaba a la prensa a los dieciséis años
Durante su amateurismo cosechó 100 victorias y tan solo 5 derrotas. Entre sus logros más importantes se destacan las seis coronas en el torneo de los "Golden Gloves" en Kentucky, dos en el Torneo Nacional y el título de la Unión Atlética de Amateurs. Pero su triunfo más significativo en esta etapa de su carrera llegó en el año 1960 al conseguir la medalla de oro para los Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Roma. "Volví a Louisville después de la ceremonia, con mi medalla dorada resplandeciente. Fui a un bar donde los negros no podían comer. Quería ver qué pasaba. El campeón olímpico mostrando su medalla de oro. Me senté y pedí la carta. Me dijeron: "Aquí no servimos a negros". Respondí: "Está bien, yo no los como". Me echaron. Entonces caminé hacia el río, el Ohio, y tiré mi medalla en él".
En octubre de 1960 debutó como profesional, consiguiendo 19 victorias, 15 por KO, durante los tres años siguientes. Durante su rápida ascensión dominó a todos sus rivales con aquel imparable cóctel de rapidez, técnica e inventiva. Entonces desafió al temible Sonny Liston, cuya agresividad y potencia causaban tanto espanto que muchos púgiles se negaban a enfrentarlo. El 25 de febrero de 1964 le arrebató el título mundial. Clay, apoyado en el Convention Hall de Miami Beach por Malcom X, se convirtió en el campeón más incómodo para la Norteamérica blanca. "Flotar como una mariposa, picar como una abeja. Tus manos no le pueden pegar a lo que tus ojos no ven", era su lema. Su boca fue siempre tan rápida en la respuesta como sus piernas sobre el ring. "Yo debería estar en un sello postal. Es la única forma de que me puedan pegar", y dividía a la gente entre los que lo amaban y los que lo defenestraban por soberbio. "Yo no divido a los hombres en modestos y arrogantes sino en los que dicen la verdad y los que mienten. No hay ningún atleta en el mundo moderno que sepa tantas cosas como yo. Entonces, ¿qué me importa si suena a modestia o falta de modestia?". Después podía volver a decir con una sonrisa "Soy tan rápido que ayer a la noche apagué la luz en la habitación de mi hotel y ya estaba en la cama antes de que el cuarto se pusiera oscuro". Entre 1965 y 1967 defendió su título nueve veces y estableció un listón técnico incomparable, cambiando para siempre la percepción del peso pesado en el boxeo.
Durante sus comienzos no solo fue reconocido por sus logros deportivos sino también por ser un fuerte defensor de los derechos del pueblo afro-americano en los Estados Unidos. Tal fue su dedicación para este sector tan marginado por entonces, que no resultó para nada extraña su negativa a formar parte del ejército norteamericano en la Guerra de Vietnam. Eso sumado, claro está, a su decisión de convertirse a la religión del islam, donde adoptó el nombre de Muhammad Alí. "Soy musulmán, soy boxeador, un hombre que busca la verdad. No estaría representando al Islam si fuese un terrorista. Todo el mundo debe conocer la verdad: Islam es paz". Sin embargo, esta decisión le costó, y muy caro. "Ellos hicieron lo que les pareció correcto, y yo hice lo que me pareció correcto. No tengo ningún problema con el Vietcong. Lo único que no entiendo es la guerra", dijo cuando la Comisión Atlética del Estado de Nueva York le desposeyó de su título mundial y de la licencia de boxeador. El 20 de junio el Tribunal Federal de Houston lo condenó a cinco años de prisión y 10.000 dólares de multa. Comenzó así un largo periplo de tres años y medio alejado del boxeo, hasta que el 20 de setiembre de 1970, un juez federal de Texas consideró que la suspensión era "arbitraria e irrazonable" y poco después, la misma comisión neoyorkina que le había desposeído del título le concedió de nuevo la licencia para boxear.
Regresó al ring en octubre de 1970. Obtuvo dos victorias, pero perdió el combate por el título contra Joe Frazier, el 8 de marzo de 1971. "Lo que me hace continuar son las metas que me pongo". "Odié cada minuto del entrenamiento. Pero me dije: No abandones, entrená ahora y sé un campeón por el resto de tu vida". Volvió a enfrentarse a Frazier, ya desposeído del título, en enero de 1974, esta vez con victoria por puntos. En octubre de ese mismo año recuperó el título de los pesos pesados al dejar fuera de combate en el octavo asalto al campeón George Foreman, en Kinshasa, capital del Zaire, en el que se llamó el combate del siglo. "Los campeones no se hacen en los gimnasios. Los campeones nacen con algo que llevan muy adentro: un deseo, un sueño, una visión". "La pelea se gana o pierde muy lejos de los testigos. Detrás de las líneas de los gimnasios, allí afuera en la calle, mucho antes de que me vean bailar bajo estas luces". Ese fue su momento de mayor esplendor.
"La edad es la que creas que sea. Eres tan viejo como lo pienses". "Tengo 35 años y la mayoría de los campeones se retiran a los 32. Mis manos me duelen. No necesito que nadie me recuerde la importancia de entrenarse para una pelea". Tras su derrota ante Trevor Berbick en Nassau, Bahamas, Muhammad Alí anunció su retiro definitivo del boxeo, y expresó que deseaba convertirse en un predicador del islamismo. "El hombre que ve el mundo a los 50 igual que lo veía a los 20, desperdició 30 años de su vida", dijo en la conferencia de prensa posterior al combate. "La vida es una apuesta. Puedes lastimarte, pero la gente muere en accidentes de avión, pierde sus brazos y piernas en accidentes de auto; la gente muere todos los días. Lo mismo con los boxeadores. Algunos mueren, algunos se lastiman, algunos siguen. Uno nunca debe permitirse pensar que será uno de los lastimados". Su récord profesional es de 56 victorias, 37 de ellas por nocaut y 19 por decisión; mientras que acumuló cinco derrotas, cuatro de ellas por decisión y una por nocaut técnico. Durante su carrera fue reconocido por la revista The Ring como el campeón indiscutido de los pesos pesados entre los años 1964-1971, 1974-1978, y 1978-1980; y seis de sus combates fueron considerados como los mejores del año por ese mismo medio de comunicación: en 1963 contra Doug Jones; en 1964 contra Sonny Liston; en 1971 contra Joe Frazier; en 1974 contra George Foreman; en 1975 contra Joe Frazier; y 1978 contra León Spinks
Entonces reconoció que ya sufría síntomas de la enfermedad de Parkinson y que esa era su nueva lucha. "El Parkinson es mi máxima pelea. No, no duele. Es difícil de explicar. Me están poniendo a prueba para ver si sigo rezando, si sigo manteniendo mi fe. Toda la gente recibe pruebas de Dios". En 1996 se convirtió en el gran protagonista de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Atlanta. "Encender la antorcha en Atlanta 96 no me puso nervioso. Estar parado de frente al gobierno… eso sí me puso nervioso".
Ningún otro deportista, en ninguna otra disciplina, ha alcanzado una importancia social semejante. Es probablemente el único individuo universalmente conocido con dos nombres distintos, eso resume bien la magnitud de su fama. No siempre fue un personaje querido por todos, y no siempre fue un personaje completamente admirable, pero supo hacer de su carrera una obra de arte. Fue un genio de la técnica, un artista del pugilato, que trasciende el boxeo y el deporte. Es el hombre que personificó la búsqueda de la fama primero, la búsqueda de la gloria después, y la búsqueda de la inmortalidad más adelante. "Ser campeón mundial cuatro veces será un récord histórico. Vuelvo por la inmortalidad. Ser inmortal y después morir, ese es mi lema".

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