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La otra mirada: Juan Bautista Segonds

Las verdades del Embajador de la Paz

Exrugbier, pieza clave como coach holístico para potenciar al equipo argentino de Copa Davis que resultó campeón luego de muchos años de frustraciones. Aquí cuenta cómo fue su participación dentro del cuerpo técnico encabezado por Orsanic. Un mensaje del cual nuestro fútbol descree.


yo opino
lunes, 11 de septiembre del 2017 | 04:00Hs

"Nada mata a un hombre tanto como obligarlo a representar a su país", epígrafe de Rayuela (1963), Julio Cortázar. La cita fue publicada con el único detalle de que se trataba de una carta de Jacques Vaché a André Breton.
En cualquier competencia deportiva, para poder ganar es fundamental tener talento, técnica y aptitud física. Pero hoy, ante la enorme carga de presiones que existen, la gran mayoría de los analistas le asignan un valor determinante a la preparación mental y a la fortaleza anímica. Lo cierto es que en un mundo que avanza sin pausas en el desarrollo tecnológico, donde las diferencias que separan a los atletas en distintas disciplinas resultan cada vez más pequeñas, la psicología aplicada al deporte es un arma que no puede despreciarse. Sin embargo, el fútbol argentino lo hace. Y así nos va.
Nuestra selección arrastra una mochila muy pesada que tiene que ver con esta cultura cruelmente exitista y con un contexto de 24 años sin conseguir títulos. Entonces, y a pesar de haber llegado a tres finales consecutivas, no hay un proyecto sólido y la caída es tan pronunciada que amenaza dejarnos fuera del mundial. Por estos días estrenamos cuerpo técnico, lo que generó mucha expectativa. Sin embargo, los resultados volvieron a ser frustrantes.
El tenis vivió por años una situación similar en la Copa Davis. Los jugadores fueron exitosos durante años en sus carreras pero no conseguían ganar la ensaladera de plata. Hasta que la AAT nombró a Daniel Orsanic como capitán. "Daniel Montero me invitó a la final del Abierto de Hurlingham de polo, allí coincidí con Armando Cervone, presidente de la Asociación Argentina de Tenis. La semana siguiente viajé a Europa y en el avión también estaba él. Cuando regresé, Montero me invitó a una reunión con Orsanic, quién quería trabajar sobre los valores del tenis. Cuando nos pusimos a hablar, éramos iguales. Hicimos un cuadro de lo que veíamos y otro de lo que queríamos ver. Diseñamos un plan de acción para la Davis y para el equipo de desarrollo del tenis, con reuniones con los jugadores y charlas con los chicos. En la serie con Brasil tuve una intervención sólo vincular, y después de Serbia empezamos con todo el grupo, con charlas teóricas y actividades que los llevaron a alinearse".
El que habla es Juan Bautista Segonds, hombre de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, exjugador de rugby, vinculado al ámbito empresarial entre los años 1990 y 2009. Pero, fundamentalmente, es el coach holístico más reconocido del país, además de conferencista y presidente y fundador de Rugby Sin Fronteras. Segonds fue recibido en su momento por el Papa Benedicto XVI, quien lo nombró "Mensajero de la paz", luego de realizar una acción en la Franja de Gaza, en la que unió a jóvenes israelíes y palestinos en un encuentro de rugby que finalizó en un scrum gigante empujando por la paz. En 2013 fue declarado ciudadano ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de Coronel Suárez, además de ser nombrado visitante ilustre en 13 ciudades, "Embajador de la Paz" de la Fundación Mil milenios de Paz y "Embajador de AFS programas interculturales". En los años 2015 y 2016 fue el coach holístico del equipo argentino campeón de copa Davis, llevando adelante además, el Programa Valores en el equipo de Desarrollo de la Asociación Argentina de Tenis.
- ¿Cómo describe su función dentro del equipo?
- "Tiene que ver con asistir a un grupo de personas como un todo. Conectarlas con su mayor potencial y alinearse con el resto del equipo. La diferencia entre equipo y grupo es estar alineados y generar sinergia. Eso se logra cuando podes abrir tu corazón a las emociones, que son mucho más fuertes que el pensamiento. Llevo dinámicas de trabajo en equipo y transformo un grupo en un equipo. Entonces sacan lo mejor del otro, se comprometen, se apoyan. Generan confianza entre sí. Así se construye la famosa mística, lo que tuvo ese equipo".
- ¿Usted conocía el mundo del tenis?
- No conocía nada ni a nadie. Y eso me sirvió para no estar "contaminado", para poder ver las cosas desde otra perspectiva.
-"Un equipo, un país, un sueño". ¿Cómo nació esa frase que se transformó en bandera de la delegación?
- Era lo que más reflejaba el proyecto. Nos inspiramos en Nelson Mandela, quien es mi gran maestro, y empezamos a pensar cómo él unió a su país con el deporte. Y así nació la idea. El propósito era inspirar al país a unirse para trabajar en equipo, dejar un legado de trabajo conjunto, solidaridad y humildad. Era el deseo de Daniel y yo facilité las herramientas.
- ¿Cómo era su trabajo en una semana de Copa Davis?
- Cada serie es distinta. Se trabajaba con videos motivacionales para los jugadores y cuestiones internas. Pero siempre con la mayor privacidad y confidencialidad; de hecho no mostramos ni publicamos fotos o videos de estos trabajos porque son de la intimidad del equipo. En la semi y en la final trabajamos muy poco sobre la alineación del grupo, porque estaba todo tan aceitado que sólo había que acompañar ese proceso.
- ¿Durante el año hablaba con los jugadores o con el cuerpo técnico?
- Con los jugadores no. Simplemente algún que otro mensaje de felicitación por algún torneo o partido, o de aliento por lo mismo, pero no hicimos ejercicios. Ellos se concentran en su carrera, y cuando nos juntábamos para pelear por lo mismo, ahí nos enfocábamos todos en nuestro objetivo y trabajo.
- No solo es un tema mental el suyo, sino también de ejemplos, como el hecho de dejar ordenado el vestuario cuando se iban…
- Daniel es un líder íntegro. Piensa, siente, dice y hace lo mismo. Por eso en el grupo se pusieron cinco reglas de oro, que son la base de lo que buscábamos: saludar amablemente y educadamente a los organizadores del torneo; respetar a los entrenadores, capitanes o profesionales a cargo; ser equilibrado tanto en la victoria como en la derrota; dejar los lugares igual o en mejores condiciones que como fue encontrado; y tener planes en vez de excusas.
- Se asegura que, por primera vez, los tenistas dejaron de jugar individualmente y se convirtieron en un equipo de verdad. ¿Coincide?
- Lo primero que había que hacer era ser la imagen de lo que queríamos ver. Esto no lo conté nunca: en la serie contra Serbia invitamos a todos a un asado. Cancheros, seguridad… había 43 personas en esa comida que se hizo el lunes previo en Tecnópolis. Y los mozos fueron el capitán y los jugadores. Ellos le sirvieron a quienes los atendían todos los días.
- Este trabajo no apuntaba directamente a salir campeones…
- Exacto. No apuntábamos a ganar o perder sino a cambiar las formas, a dejar un legado. A demostrar que se puede. Si no salíamos campeones el camino para seguir era el mismo. Sin embargo, en el mismo momento en que se ganó la Davis, Argentina fue campeón mundial Sub14 y bronce en Sub16 masculino, hubo cuatro ganadores en el Orange Bowl, nos coronamos campeones sudamericanos Sub16 en varones y mujeres, campeones en Sub14 de varones y subcampeones en mujeres. ¿Casualidad? No lo creo.
- ¿Se prepararon de manera diferente para la final?
- Cuidamos que todo fuera igual que en las otras series. Nadie hablaba del resultado. Hubo una logística muy buena. Y salió perfecto.

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