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Ofrecer el corazón

Osvaldo Minighini es, desde hace 8 años, presidente de Honrar la Vida. Ceresino de nacimiento, rafaelino por adopción, nos cuenta su historia. Los golpes que tuvo que amortiguar y su filosofía: "seguir adelante, todos los días, andar en positivo".


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lunes, 12 de febrero del 2018 | 04:00Hs

Foto: N. Gramaglia
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Osvaldo Minighini en su casa. "Honrar la Vida es un orgullo".

Por Gonzalo Rodríguez
 

Nació en Ceres, pero fue anotado en Selva, donde estaba trabajando su padre. "El juez de paz era un amigo de mi viejo, se sentaron a comer un asado, a festejar mi nacimiento y me anotaron mi apellido mal: en vez de Minighini, Meneghini", comienza a contarnos Osvaldo, de 70 años, un ciudadano rafaelino activo y solidario.
Sus ojos vidriosos parecen graficar dolores que nosotros los simples mortales no somos capaces ni siquiera de concebir. Su media sonrisa, permanente, en el rostro da cuenta de la tenacidad y las ganas de vivir de este hombre comprometido.
Cuentan quienes lo conocen que a los 6 años ya manejaba el tractor, mientras su padre cosechaba zapallos en el campo. Hasta los 14 su ámbito fue el rural. Después fue chofer de colectivo, durante gran parte de su vida, antes de dedicarse al prójimo.
En el ‘94 pudo terminar de "arreglar" su verdadero apellido, aquel que fue mal escrito luego de un asado "furioso", evidentemente.
Osvaldo Minighini empieza a contar sobre su vínculo con nuestra ciudad: "Conocí Rafaela en el `68. El 1º de mayo había entrado a la empresa ETAR y en el año `72 se había terminado la ruta, la empresa que tenía cabecera en Ceres trajo la mitad del personal acá, los más nuevos. Rabino, Telloni, Raúl Guirado y yo, nos vinimos a trabajar aquí. Y nos quedamos. Trajimos nuestras familias, yo estaba casado, tenía 2 hijos".

 

-¿Cómo era viajar por la zona entre finales de la década del ‘60 y comienzos de los ‘70?
-Camino de tierra, coches de 31 asientos, una ropa para llegar a Rafaela y otra para volver, llegábamos hechos unos monstruos. No había aire acondicionado. Era la única manera que tenía la gente para viajar. Estuve 20 años en la ETAR, luego 15 años con mi empresa, Themis SRL, y después entré en los urbanos. Tuve que vender todo de mi empresa gracias al "corralito" en 2002, pero no le quedé debiendo a nadie y empecé de cero. Me jubilé hace 2 años, con 47 años de colectivero y 45 de aportes jubilatorio.

 

-¿Qué significaba en aquel momento venir a vivir a Rafaela?
-Para mí fue muy duro, estaba arraigado a Ceres, el pueblo. Uno llegaba a Rafaela y era la gran ciudad para nosotros. Conseguir casa, en calle Mainardi, en barrio La Granja en aquel momento, camino de tierra. Me alquiló el abuelo de Durando, una gran familia, nos dieron una mano. Una historia de vida, de lucha, de muchas cosas. No era fácil, hoy los choferes de ómnibus tienen un buen pasar, un buen sueldo, antes era distinto.

 

-¿Con qué Rafaela se encontró?
-Hermosa, como sigue siendo ahora. Yo amo mi Rafaela. Digo mi Rafaela porque todavía voy a Ceres, tengo mi mamá y mi hermano, pero voy un día y ya me quiero volver a mi casa.  Voy a Buenos Aires de mi sobrina dos días, tres y me quiero volver a mi Rafaela. En ese momento era una Rafaela chica, creo que San Francisco era más grande. Siempre fue la Rafaela en crecimiento. En ese momento se estaba haciendo el acueducto desde Esperanza y se estaba terminando el tanque. Recuerdo que iba a buscar chicos a Pilar, a esa zona, en colectivo y los traía a ver la obra. Estuve caminando dentro del acueducto, que es inmenso. Rafaela ha avanzado mucho en estos 15, 20 años, ha crecido en forma extraordinaria. Hoy como toda ciudad grande tiene sus complicaciones, pero nada que ver con lo que es Buenos Aires, por ejemplo. En una época llevaba a los muchachos de acá a SanCor, en Sunchales, recuerdo que entraban a las 7, así que salíamos temprano. Había un muchacho que siempre se quedaba dormido, se levantaba sobre la hora y tenía calculado a qué hora pasaba el colectivo por Bv. Roca. Pedaleaba por el cantero, tiraba la bicicleta en el cantero y se subía. A las 6 de la tarde cuando volvíamos la bicicleta estaba ahí. Eran tiempos de dejar la ropa afuera, dormir con la ventana abierta, no había aire acondicionado, nada.

 

-Decimos que somos cerrados a veces. Usted encontró buena predisposición de la población en general.
-Siempre, ahora también. En Rafaela se abren las puertas. Tenemos 100.000 habitantes pero nos conocemos todos. Lo que uno necesita, aquí lo consigue. Vas a otra ciudad y no te dan acceso a nada, no te dan lugar, no te conocen. Yo que estoy en Honrar la Vida desde hace 15 años, siempre he conseguido cosas para el hogar, para los pacientes, incluso la Municipalidad misma siempre nos ha dado una mano bárbara. No puedo decir nada, tengo el apoyo de todo el mundo.

 

-Sos emprendedor. ¿Hay que tener una energía especial?
-Me fui de la empresa en el año ‘89. Había entrado de De Micheli, en la empresa de turismo, con Juan Carlos Theler. El me buscó a mí, me dijo "es una buena oportunidad para emprender". Había que dejar 20 años de servicio. Nos largamos, el sueldo era mejor y al cabo de 2 años ellos vendieron el servicio y nosotros compramos, con cero pesos. Yo lo transportaba a Dante Beninca, que me dijo "hay que comprar". "Pero Dante con qué vamos a comprar" le dije yo, "vos comprá y después vemos". El me sacó 3 créditos, Banco Río, Mutual Ben Hur y Mutual Atlético, en dólares, casi U$S 38 mil en ese momento. Lo hicimos, no firmamos garantía, nada. Por eso el eterno agradecimiento a Dante, Dios lo tenga en la santa gloria, era bueno, un visionario, cuando veía a alguien que era trabajador le gustaba ayudar. Sino nosotros no hubiésemos podido. Al cabo de un año pagamos todo el crédito, las dos Traffic que habíamos comprado, y compramos 2 nuevas.

 

-¿Es difícil el pasajero?
-No, yo siempre me llevé bien con todos. Yo tenía una forma especial. A veces te encontrabas con alguno… pero yo no discutía ni me peleaba con nadie. El cliente siempre tiene la razón (risas).
 

El alma en la mano

 

Alguna vez leímos que Dios nos enfrenta a desafíos y dolores que somos capaces de enfrentar. Lejos de caer en una blasfemia, hay golpes que son imposibles de absorber, asimilar, superar. En 2002 falleció su hija más pequeña, a los 6 años, situación que "no se compara con nada" según Osvaldo. Decidió, quizás con tanta valentía como dolor, donar sus órganos y esa acción lo vinculó para siempre con Honrar la Vida.
"Fue de golpe, en media hora, un desenlace…. De verla bien, hizo un infarto cerebrovascular. La sacamos del paro, pero sangró hasta que se descerebró. Llegamos al hospital Allassia y nos dijeron que clínicamente estaba fallecida, decidimos con la mamá donar los órganos. Fueron 5 los receptores. No estamos preparados para perder un hijo. Me queda el consuelo que hoy hay 5 personas viviendo gracias a ella".

 

-¿Pensás en esas 5 personas?
-Un muchacho en una charla en Buenos Aires dijo "no son 5, son más. Porque yo después de trasplantado tuve 2 hijos". Esas cosas te quedan grabadas. "La vida me dio la oportunidad de seguir viviendo y en esa segunda oportunidad tuve 2 hijos". Ellos cuando son trasplantados es un volver a nacer, festejan 2 cumpleaños, el de su nacimiento y el de cuando fueron trasplantados. El donante es el "ángel donante" para ellos.

 

-Realmente uno no puede ni imaginarse esa situación. ¿Cómo se sigue adelante luego de un golpe semejante?
-Mirá, se sigue, es muy difícil. Hay que tener mucho valor, muchas ganas de seguir viviendo, ser muy creyente, no rebelarse a Dios. Siempre digo que por algo suceden las cosas. Él quiso tenerla allá, a lo mejor la precisaba a ella ahí, como en este caso ahora a René (Soural), es una persona elegida. No podés creer que una persona que hace tantas cosas buenas en la vida se vaya tan rápido. Algunos tenemos que quedar acá siguiendo algo, una obra, a otros los debe precisar allá. Qué se yo. Nunca lo vamos a saber. Pero si somos creyentes y leemos un poco, a lo mejor suceden esas cosas. Seguir adelante, todos los días, andar en positivo. Será que desde algún lugar Dios me está ayudando. Lo que emprendo, sucede. Llega a la noche y antes de ir a dormir rezo, leo la liturgia, el Evangelio y me duermo con mucha paz. Hay momentos difíciles, esa es mi nena (y señala una foto ubicada en el centro de un aparador, desde donde mira y sonríe una bellísima niña). Por ahí me pongo a hablar con ella, tendría 21 años, cosas cuando estoy solo. No se supera nunca la pérdida, pero haciendo esto de la solidaridad, acompañar a la gente que está enferma, que necesita…

 

-¿Por qué nos hacemos un drama por cuestiones banales?
-Yo antes no era así. Eso te va cambiando la vida. Uno se hacía nervios por una cosa. Hoy cuando pasa algo yo digo borrón y cuenta nueva. No le vas a dar solución cuando ocurre algo difícil. A veces uno putea por cosas simples, insulta, vamos por la calle insultándonos, ¿para qué? No somos perfectos, a la noche cuando nos acostamos tenemos que consultar con la almohada, analizar un ratito qué es lo que hicimos. Te lleva muchos años.

 

-¿Te interesó saber dónde estás los órganos de tu nena?
-Sé dónde están. Los riñones fueron a la zona sur de Rosario. Como ella era chiquita no había un chiquito con problemas renales, entonces se los pusieron a una persona de 41 años. Las córneas fueron a un chico de 23 y otro de 13, a Río Negro. Y las válvulas del corazón al Garraham. Pero no sé quiénes son. Muchos se desesperan por saber. El otro día vi un video de EE.UU. donde un señor recorrió 4.000 km en bicicleta para conocer a quién tenía el corazón de su hija, de 21 años. Llegó al lugar, se encontró con la persona y con un estetoscopio escuchó el corazón de su hija… Muy emotivo. Si lo encontraría quizás lo miraría a los ojos y diría "son los ojos de Sofía". Pero no quiero molestarlos. A lo mejor el que dona quiere conocer pero al que recibe le cuesta. A veces es distinto, al receptor quiere agradecer. Hay casos que se han encontrado.
 

La patria es el otro

 

Honrar la Vida es una de las instituciones más importantes de Rafaela. Se encarga de asistir y acompañar a personas tanto de nuestra ciudad como las que se acerquen de otros puntos, que tengan necesidades médicas. Nació como una entidad que buscó concientizar sobre la donación de órganos y se transformó en un espacio de sosiego y esperanza.
Minighini no disimula el orgullo que representan tantas gestiones y obras de bien realizadas a lo largo de los años. No corresponde disimularlo tampoco. "Siempre mirando hacia delante. Hoy me dedico pura y exclusivamente a la solidaridad, a ayudar a la gente que está con problemas de salud. Tengo muchos contactos con todos los hospitales de la Provincia, con el CUDAIO, con el INCUCAI".

 

-Te metiste en la entidad luego de "dar". ¿Es más común que haya un vínculo a través de un agradecimiento?
-Vos fíjate que en Honrar la Vida hay mucha gente que se ha ido sumando por el trabajo. Tenemos a Jorgelina Borio que vino a trabajar con nosotros, Nidia Seirano también, Miriam Margaría. Se han ido sumando para ayudar y hoy están en la institución.

 

-Son muy pocas las personas que trabajan en entidades de bien público. ¿Qué los impulsa?
-Avanzar día a día. Y un poco de orgullo. Hoy Rafaela está visto como algo muy especial, a nivel provincial y a nivel nacional. Tengo firmado un convenio con el director del CUDAIO, somos representantes directos, es una instancia muy importante. Todavía no se hizo bien la estadística, pero en Rafaela había 106 trasplantados y 65 en lista de espera. Solo rafaelinos, porque en los centros de diálisis hay más gente porque vienen de todo el Departamento. Honrar la Vida es todo, hoy me dedico a eso. Me hace mucho bien al alma.

 

"El amigo de la vida"
El fallecimiento de René Soural generó conmoción en Rafaela. Su permanente participación en actividades de bien público y su bonhomía ocasionó un hondo pesar, fundamentalmente en el ámbito de "Honrar la Vida", institución de la que era su tersorero.
Osvaldo Minighini se emocionó al recordar a su amigo: "René era un ser muy especial. Estaba en 5 instituciones. El dejaba su trabajo, cerraba su negocio para viajar por las instituciones, ha viajado por todos lados. En las reuniones se discutían temas y él no se metía. Al final tenía la palabra, `vamos a hacer así´. Un ser muy especial, muy pensante, muy inteligente. El emprendió la tesorería, yo recién ingresaba, estaba el finado Maidana, gracias a él hemos aprendido mucho. Nos retaba, `muchachos hagamos las cosas bien porque vamos a ir presos´. Le pidió la rendición y René empezó a sacar papelitos del bolsillo. `Parecés Minguito!´ le decía".
Además, nos contó que "en el último tiempo, cuando no había otro hacía de maestro de ceremonia, con nosotros, con las entidades de bien público, a veces para ahorrar algo. El hacía todo. Nunca lo ibas a ver enojado. `Pará no te vayas todavía, tengo un cuentito´. Todos los días nos juntábamos a tomar mate. Querido por todo el mundo".
René era un hombre de perfil bajo: "No se dio cuenta. Se estaba haciendo los estudios, pero no se dio cuenta de la magnitud de la enfermedad que tenía. Nunca la manifestó o se la guardó para él. Cuando se sintió mal se fue al Cullen, estábamos esperando el resultado de la biopsia. Se hizo todo lo que se tenía que hacer, pero no hubo tiempo. Una gran persona, una pérdida muy grande para toda Rafaela. Dejaba todo por la Rafaela que le abrió las puertas cuando vino a trabajar. Lo recordamos con mucho afecto y cariño, es lo que se merece".

 

 

Avances institucionales
Osvaldo Minighini nos adelantó una importante gestión de "Honrar la Vida", que pretende involucrar a las empresas de la ciudad en acciones solidarias. "Hay un nuevo programa que vamos a empezar a usar a nivel empresarial. Vas a las grandes empresas a hablar con los dueños y con la gente y si lo permiten se hace extracción grupal dentro de la empresa. Los empleados no tienen que salir de su lugar de trabajo. Aparte se hace el CPH que es para trasplante de médula, que en el único lugar que se maneja es acá en Rafaela".
Osvaldo indicó que es "Un programa que salió en 2014 pero todavía no se había aprobado por la Nación. Queremos arrancar en marzo con las empresas. Ya hemos hecho alguna experiencia en la Escuela Técnica, en la Sociedad Italiana y en el Cine Belgrano".

 

 

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