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La otra mirada

Parados en los extremos


yo opino
martes, 10 de abril del 2018 | 04:00Hs

La Copa Davis es definitivamente una hoguera de vanidades. Es la única competencia que transforma al tenis masculino en un deporte de equipos. Donde cuatro hombres egocéntricos por la exigencia del tipo de juego que practican deben aunarse y aceptar las decisiones de un capitán que no es aquel entrenador con el que trabajan a lo largo del año. Y a ello se suma la pasión de los hinchas que convierten cada serie en un espectáculo cuasi futbolero. En la mayoría de los países, como el campeón del 2017, Francia, se toma como algo natural. Los tenistas suelen aceptar las condiciones generales y salen a la cancha a jugar por la gloria. La propia y la de todo el país. Ganando mucho menos dinero que en cualquier torneo oficial y condicionando sus calendarios. Pero sintiendo en la epidermis el apoyo de la gente como no pueden disfrutarlo de otro modo. Nosotros, en cambio, somos distintos.
Lo sufrimos durante muchos años, aún gozando de jugadores excepcionales, y nos frustrábamos por no ganarla hasta ese maravilloso 2016 cuando en Croacia, y luego de cuatro finales perdidas, alzamos la ensaladera. Juan Martín del Potro, Federico Delbonis, Leonardo Mayer y Guido Pella integraron aquel equipo capitaneado por Daniel Orsanic. Pero apenas unos meses más tarde, y cuando aún degustábamos las declaraciones del capitán, que auspiciaba una unión de todo el tenis argentino, varios protagonistas se bajaron de la convocatoria para enfrentar a Italia. Perdimos y debimos entonces jugar para no descender, en la lejana Astana, Kazajistán. Y no pudimos. Fue 3-1 abajo con un equipo integrado por Diego Schwartzman, Guido Pella, Máximo González y Andrés Molteni. ¿El resto? Del Potro y Leonardo Mayer dijeron que nunca más jugarán la Davis, Horacio Zeballos y Carlos Berloq decidieron renunciar momentáneamente. Y nos convertimos en el tercer país en la historia, junto a Francia, 1997, y Suecia, 1999, en ser campeones y descender al año siguiente.
Se puede afirmar que tanto Orsanic como los dirigentes de la Asociación Argentina de Tenis pecaron de ingenuos en aquel momento. El objetivo de instalar una idea de equipo puede prender en algunos tenistas. Pero en un puñado. La mayoría, en un deporte individual como éste, siempre se mirará el ombligo propio y nunca más allá de sus narices. Pero que se repitan errores sistemáticamente, ya no es ingenuidad sino ineptitud.
Fuimos a jugar a San Juan, cerquita de Chile, un sitio donde el tenis pega poco, con un público que fue aprendiendo con el correr de los puntos que en la Davis los de afuera no son de palo, un choque muy importante por rivalidad, paridad de jugadores e instancia de competencia, con lo mejor que estaba a disposición del entrenador. Y los que jugaron lograron el objetivo en una serie tremendamente dura y de bajo nivel de juego. Schwartzman y Pella estuvieron por debajo de sus rendimientos habituales, mostrando que sufrieron la presión, pero tuvieron en los momentos justos, reacción anímica para ganar y darnos la oportunidad de luchar por regresar al grupo de elite.
En varios medios de prensa, y fundamentalmente en las redes sociales, se habla de estos jugadores como si fueran héroes, al tiempo que se trata a los ausentes de traidores. Es una maldita costumbre nuestra, pararnos en los extremos y pasarnos al otro lado apenas los acontecimientos se presenten distintos. No me gusta que Del Potro, un especialista en manejar sentimentalismos, no juegue la Copa Davis. Pero no puedo olvidar que nos dio nuestro único título. Y me alegro por sus triunfos en el circuito. Como tampoco sobrevaloro a estos jugadores que tal vez renuncien mañana. Lo más lógico pasa por darle a cada triunfo o derrota el valor real que tienen y aceptar las decisiones personales, criticando pero no juzgando.
En pocos días habrá elecciones en la AAT. Esta vez parece que las dos listas tienen afinidades. Es una buena señal. Pero la más importante será saber cuáles son las propuestas que encaminará nuestro tenis. Y al equipo de la Davis, para que nos representen los mejores en una competencia que nos apasiona, con el formato que sea. Es fundamental que la nueva dirigencia sea apta e inteligente. Para que este juego solo sea individualista dentro de las canchas.

 

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