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SUELOS EN EL DEPARTAMENTO

Paulatino descenso de la napa

La falta de precipitaciones acentuó una tendencia registrada en casi todo 2017: la baja del nivel freático. Exactamente un año atrás los estudios del INTA especificaban que el agua estaba en superficie, mientras que el último registro marcó 1,39 m. Luego de las lluvias del mes de octubre la napa descendió más de un metro en estos tres meses.


Agro
miércoles, 10 de enero del 2018 | 04:00Hs

Foto: CASTELLANOS.
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Ante la falta de precipitaciones, las napas ceden. En tres meses bajó más de un metro según el INTA Rafaela.

Uno de los principales perjuicios que sufre la actividad agropecuaria en nuestra región es el nivel de la napa freática, que viene subiendo peligrosamente desde las últimas décadas. Las inconmensurables lluvias de abril de 2016 y las intensas precipitaciones de comienzos del año pasado hicieron que este fenómeno se torne imposible de manejar, incidiendo negativamente tanto en la agricultura como en la ganadería.
En el departamento Castellanos esta situación generó innumerables anegamientos, producto de la caída de lluvias como de la llegada de agua desde el oeste, siguiendo el curso natural de la pendiente desde Córdoba. Es por eso que muchos productores tuvieron que trasladar sus animales a terrenos más altos o malvenderlos, directamente, perjudicando a la ganadería de carne como al sistema tambero. También fueron notables las pérdidas agrícolas, con muchos productores perdiendo campañas enteras por los excesos.
La coyuntura actual viene marcada por un déficit hídrico, también preocupando, pero que consiguió disminuir el nivel del agua subterránea. Tal es así que si nos guiamos por los registros de la Estación Agrometeorológica del INTA Rafaela, que está a cargo de Hernán Petrabisi, a lo largo de un año la napa subió exactamente 1,39 m. La medición realizada por esa oficina el pasado martes 10 de enero de 2017 fue de 0,00 m, es decir que el agua se encontraba en superficie. El último registro que se consigna en la Experimental, de ayer martes 9 de enero de 2018, fue de 1,39 m.

 

Una consecuencia esperada

Más allá de las dificultades que plantea este nuevo escenario climático, con poca agua, sin lluvias a la vista, maíces de primera muy perjudicados y el resto del sistema agrícola con marcada incertidumbre, la baja del nivel freático era algo urgente para nuestra zona.
Hemos escuchado frecuentemente sobre los estudios del geólogo Rubén Tosolini, y sus sugerencias, respecto de la posibilidad de trabajar mancomunadamente para recuperar el potencial de nuestro suelo. En ese sentido algunas de sus conclusiones fueron oídas, como la necesidad de implantar especies que consuman mayor cantidad de agua, situación que se dio en mayor medida que en campañas anteriores respecto de una mejor rotación de cultivos.
Volviendo a los registros del INTA notamos que en enero del año pasado el nivel estaba prácticamente en superficie, incluso recordamos algunas coberturas periodísticas en el predio donde se notaba brotar el agua en algunos sectores. Tras aquella crisis el nivel subió hasta algo más de 1 metros hacia marzo y luego algunas lluvias hicieron que se establezca entre los 0,40 m y 1 m. Así hasta comienzos de octubre cuando comenzó un período de precipitaciones: llovieron 273 mm en 53 días, entre el 10 de setiembre y el 2 de noviembre. Eso provocó que la napa vuelva a estar muy cerca de la superficie (0,04 m el 1/10), aunque a partir de allí comenzó un consistente proceso de baja.
Las lluvias se volvieron discontinuas, apenas superando los 100 milímetros en el resto de noviembre y diciembre, sin registrar aún agua caída en lo que va de 2018. Además la evaporación subió de acuerdo a las altas temperaturas de esta época, suplicándose en los últimos días respecto a los registros de octubre y noviembre (7.9 contra 4, promedio).
Este comportamiento del suelo supone una mejor predisposición para absorber y soportar futuras precipitaciones. Desde hace mucho tiempo el sistema estuvo demasiado sensible ante la caída de lluvias importantes, generándose anegamientos con solo algunas decenas de milímetros en poco tiempo. Esta situación hace que la napa requiera de mayores volúmenes para volver a generar un estrés hídrico.
No obstante, teniendo en cuenta la salud de los cultivos y las necesidades de los animales, urge la caída de agua prácticamente en todos los sectores productivos de nuestro país.

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