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La otra mirada: Cuarenta años sin Panzeri

Recordando al maestro

Figura emblemática dentro de la historia del periodismo deportivo, fue el primero en tomar al fútbol como un fenómeno político, social y económico que excede los límites de las canchas. Analista fino y crítico riguroso, marcó a todos aquellos que pensábamos que el mundo se podía cambiar también desde las opiniones.


yo opino
lunes, 16 de abril del 2018 | 04:00Hs

"El periodismo más que cuarto poder es el primer poder. No hay quien lo juzgue. Y si alguien osa hacerlo puede incurrir en un delito mucho más severo que el desacato. Es la casta más intocable entre todas las castas que la prensa propugna eliminar. Y dentro de esa casta, brilla con luz propia la del periodismo deportivo”. Dante Panzeri.
En los sesenta, las calles de mi barrio eran de tierra, bien abovedadas y con zanjas a cada lado. Los autos transitaban despacio por los pozos y por respeto hacia las amas de casa, que se empeñaban en mojar el frente de sus viviendas para evitar que una nube de polvo les arruine la limpieza del día. Se jugaba “a la cabeza” de vereda a vereda, el pecho valía marear y la palomita se contaba doble. En cada campito, que abundaban, se armaban arcos con lo que sea. Y en donde ya había pasado el asfalto, se usaban los cordones para tirar paredes. Se jugaba a la pelota a cada rato y en cada lugar y el único miedo, fuera del partido en sí, pasaba porque la Pulpo o la de cuero, cuidadosamente engrasada, no cayera en el patio de alguna vecina molesta. La calle socializaba y casi nadie hablaba de inseguridad. Sin embargo, eran tiempos en que Argentina alternaba comunicados con oasis de libertad. Tiempos en que el fútbol profesional disputaba sus partidos los viernes -solo uno y televisado- y los domingos –todos en el mismo horario-. Ese día se almorzaba en familia para luego partir hacia la cancha, como en una procesión digna del sagrado rito de ver a nuestro equipo del alma. El de la Liga, mientras escuchábamos lo que pasaba en la inalcanzable Buenos Aires a través de la Spika. Aquella década del sesenta nos marcaría a quienes gastábamos niñez en cada asombro. Entonces atesorábamos vueltos esperando el miércoles, porque: "el martes es el día del deporte, porque en cada rincón de la Argentina, El Gráfico en el kiosco de la esquina, el Gráfico se juega su verdad", según rezaba el jingle de la época. Pero aquí la revista llegaba a la mañana siguiente.
Yo también había entrado en esa etapa en la que pensábamos que el mundo, ese mundo injusto y violento, se podía cambiar. Dominado por mis sueños me sentía fuertemente atraído por aquellos que caminaran por mi misma vereda. Trataba de entender los manejos políticos de un país que pasaba de la democracia de Illia a la tiranía de Onganía como una muestra de que lo peor siempre estaba por venir. Me sacudía con los asesinatos de Martin Luther King y los hermanos Kennedy, mientras no terminaba de decidirme entre la rebeldía de los Rolling Stones y la poesía de Los Beatles. Y discutía de fútbol con pasión. Por eso, cada semana iba al kiosco buscando la Biblia deportiva. Esperaba El Gráfico, fundamentalmente, para leer las notas que escribía un hombre que me desvelaba: Dante Panzeri. Se me hacía interminable el regreso a casa para hacer lo que miles, enterarme de lo que había pasado en el reino profesional de la pelota. Y del boxeo, que era el otro deporte que tenía un lugar fuerte dentro de la revista.
Panzeri conquistó en ese tiempo mi adhesión sobre la base de ejercer la crítica deportiva rompiendo la gran mayoría de los moldes de su oficio. No solo exhibía una mirada fina sobre lo que ocurría en las canchas, sino que ubicaba al deporte en el lugar que le correspondía: el de un fenómeno político, social y económico en el que se entrelazaban actos de grandeza y conductas miserables. Ese hombre tenía la valentía y la generosidad de quitarle al deporte su caparazón de pavadas y perseguía a cualquier costo el corazón de la verdad.
Valorar a Panzeri nunca ha constituido una elección sin costos. Más de una vez me peleaba en interminables charlas tras el consabido: “Che, a ese tipo todo le cae mal”. Entonces me desesperaba por contar sobre las denuncias de corrupciones, sobre su capacidad para pensar y actuar con honestidad, sobre su lucha por mejorar al fútbol y el elogio permanente que tenía para aquellos que hacen que el juego siga siendo un juego. Y cuando Panzeri ya no estuvo en El Gráfico, me acostumbre a seguir sus crónicas inconfundibles en otros medios. Leí con devoción los libros de reflexiones y fuego escritos por Panzeri: "Fútbol, dinámica de lo impensado", y "Burguesía y gangsterismo en el deporte". Sumé acuerdos y desacuerdos, pero nunca me sentí defraudado en una sola palabra.
El 14 de abril de 1978, supe que Panzeri acababa de morirse en un día gris en medio de una etapa de sombras. Sentí la misma sensación que me atravesó años más tarde frente a las muertes de Alberto Olmedo, Osvaldo Soriano o el Negro Fontanarrosa: un nudo en la garganta, los puños crispados, y la convicción de estar frente a una gran injusticia del destino. Todos ellos tenían aún mucho por dar. En aquel ´78 de contradicciones sociales y futboleras, creí que se me habría un hueco en el intelecto. Naturalmente que los 40 años que pasaron convirtieron aquel dolor en cálida nostalgia. Por eso, ahora suelo recordar entre dulzuras esa tentación antigua de acelerar el paso hacia el kiosco buscando la lectura imborrable, aunque ni siquiera El Grafico siga en pie. Con mis limitaciones, trato de ejercer el periodismo bajo el influjo de la admiración que le profeso.  Convencido de que para armar un futuro mejor hay que valorar la memoria y reconocer a la gente de nobleza. Gente decidida a honrar la vida. Gente como Dante Panzeri.  
“La palabra no ha sido inventada para no decir lo que pasa y lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó antes el silencio. Somos fiscales, no jueces. La imparcialidad es una ficción. Un vestuario de elegancia indecente. Debemos ser parciales, especialmente a favor del bien y en contra del mal. Imparcialidad admite desapasionamiento” Dante Panzeri (1921-1978)

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