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Homenaje: Aníbal Nicolás Carlucci

Retrato de un líder

Fue un dirigente emblemático de nuestro fútbol, que quedará en la historia por ser el gestor de un proceso exitosísimo que hizo que su club, Atlético, ascendiera al entonces Nacional B, un hecho que cambió para siempre al deporte rafaelino. Este es un repaso a su vida a través de sus mejores respuestas.


yo opino
lunes, 12 de febrero del 2018 | 04:00Hs

"Algunas personas quieren que algo ocurra. Otras sueñan con que pasará. Los grandes, hacen que suceda".  - Michael Jordan, exbasquetbolista profesional.


Aníbal sabía que jugar al fútbol era una ciencia silvestre que tenía al barrio por laboratorio, pero que el fútbol como fenómeno político, económico, social, cultural y deportivo es otra cosa, y exige del dirigente muñeca y cintura. Él las tenía, con las formas que caracterizaban a los grandes caudillos de esos tiempos. Y con una enorme vocación de conductor, amor por su club, preparación y voz de mando.
Nació en Santa Clara de Saguier, y en tiempos sin pantallas, la pelota fue para él mucho más que un juguete. "Jugaba a la pelota todo el día, en la calle de tierra, en los campitos y en el club de mis amores, Sportivo Santa Clara. Era un seis temperamental, pero del montón. Jugué en la Zona Sur de la Liga Rafaelina hasta el año 1959", me contó cierta vez.
El nuevo amor, que no deja en la noche del olvido al primero, lo esperaba a la vuelta de la esquina. "Me hice hincha cuando vine a vivir a Rafaela y entré a trabajar en el correo. Había un contador de apellido Colombero que era fanático de Atlético, me hablaba del club todo el día. Lo empecé a acompañar y terminé siendo yo más fanático que él".  
 

- ¿Y no quiso jugar al fútbol?
- "No, mi tiempo ya había pasado y, como dije, no era muy bueno. Pero como la mayoría de los hombres, soñaba con ser jugador de fútbol. Y cantor de tangos, porque es la música que me encanta. Mire que cosa, nunca imaginé que terminaría siendo dirigente, simplemente se fue dando".
El dirigente de tablón, como el mismo se autodefinía, fue creciendo tanto como las historias que se tejían a su entorno. "Es absurdo que digan que nosotros arreglábamos con los árbitros o comprábamos jugadores para que vayan para atrás. De esas historias he escuchado cientos. Lo real es que siempre armábamos equipos como para ganar el torneo. Hoy quisiera contar en la B Nacional con una delantera formada por el ´Gato´ Alessiatto, ´Corcho´ Favre, y el ´Flaco´ Riberi, como teníamos entonces. Por el club pasaron jugadores como Ricardo Sola, Ricardo Marino, Retamar, Di Nonno, Pirola, Querini y tantos otros que es imposible nombrarlos sin aburrir. Quienes los vieron pueden dar fe de ello. Hablar de arreglos y esas cosas es desmerecer a estos jugadores", aseguró otra vez con absoluta firmeza pero sin levantar el tono de voz. Aníbal era un gran discutidor de fútbol, que sabía de lo que hablaba y buscaba convencer con su estilo apasionado y cuidado.
"No creo tener enemigos dentro de la institución, pero sí gente que piensa distinto, lo que es muy bueno porque ayuda a crecer. Afuera seguramente que sí los tengo, y esto tiene que ver con estar en club grande que siempre gana algo y genera envidia".
El hombre que aseguraba que el presidente con quién mejor se llevó en sus veintidós años dentro del fútbol celeste fue Egidio Bocco, solía dejar en claro que su aspiración no pasaba por ser presidente de la institución. "Nunca quise integrar la Mesa Directiva. Fui vicepresidente por exigencia de AFA. Me propusieron ser presidente varias veces pero la idea nunca me gustó. No podría ser imparcial con todos los deportes, priorizaría siempre al fútbol y eso no está bien".
 

- El fútbol suele ser una plataforma para luego pasar a la política. ¿Nunca le interesó hacerlo?
- "No, porque no lo siento. Me ofrecieron presentarme como candidato a intendente por un sub-lema del Justicialismo tras un estudio de la SIDE que me marcaba como una persona muy popular en la ciudad. La oferta me la hizo el doctor Alberto Kohan cuando era secretario general de la Presidencia, pero le dije que no. Igual, reconozco que fue un orgullo escuchar eso. Tal vez en ese momento tomé conciencia de lo que estaba haciendo yo, que apenas llegué a sexto grado".
Tan correcto en sus formas estéticas como en su manera de expresarse, tenía un alto concepto del periodismo, seguramente basado en su admiración por Dante Panzeri, Félix Frascara y Borocotó, a quienes seguía en las páginas de la recientemente cerrada revista El Gráfico.
Hay un hecho que roza al fútbol y que cambió su vida, cuando por una agresión perdió un ojo. "Fue a la salida de un partido de fútbol entre San Lorenzo y Boca, en 1984, en Mar del Plata. Estaba con mi hijo Gabriel y paramos el auto en una bocacalle. En ese momento le robaron el reloj. Gabriel es impulsivo como yo, entonces salió corriendo al ladrón en el momento en que yo giré la cabeza hacia el otro lado, de donde otro delincuente, por la ventanilla, me golpeó con una manopla en la cara. Bajé completamente mareado, entonces me volvió a golpear y caí ya con el ojo roto. Fue muy duro y me costó aceptarlo, pero Dios lo quiso así. Estuve un tiempo alejado del fútbol hasta que me recuperé anímicamente y volví".
 

- ¿Alguna vez su familia le pidió que deje el club?
- "Mi familia toda es de Atlético y por eso siempre tuve un apoyo incondicional. Jamás me dijeron algo en contra del club".
 

- ¿Es cierto que su sus hijos tenían prohibido tener novios o novias hinchas de otros clubes?
- "Nooo…pero si eran de Atlético, mejor".
Ya con una trayectoria muy reconocida en nuestra zona, hizo pie nada menos que en AFA en tiempos donde llegar a la entidad madre de nuestro fútbol era poco menos que imposible si no se estaba en el ambiente. Era tan impactante su accionar que terminó siendo, en consideración mutua, amigo de Julio Grondona. Pero el primer acercamiento fue traumático. En el año 1983, cuando todavía se jugaba aquel viejo Torneo Regional que clasificaban a algunos equipos por región para participar del desaparecido Nacional, Atlético llegó a la final de su zona y enfrentó a Renato Cesarini de Rosario en partidos de ida y vuelta. Fue triunfo en el primero y derrota en el segundo partido, ambos por uno a cero, por lo que la definición se dio a través de un insólito sorteo. "Se hizo en el quinto piso de la AFA. Cuando vi que la bolilla los favorecía a ellos, tuve muchas ganas de tirarme por la ventana. Ese fue una de los golpes más fuertes que tuve dentro de este deporte, junto al partido ante Reconquista, cuando ganábamos 3 a 2 en nuestra cancha y en la última jugada nos empataron. El resto fueron dolores momentáneos".
 

- Se asegura que usted sabe mucho de fútbol, ¿es así?
- "El fútbol me apasiona y como dirigente estoy obligado a conocer todo. Por ejemplo, el entrenador tiene que sugerir que jugadores van a conformar el plantel, pero los que deben decidir son los dirigentes. Y esto no tiene que ver con que yo crea saber más que los técnicos, ocurre que ellos tienen su propia visión y, por sobre todo, suelen tener compromisos que los hace sumar determinados jugadores no porque los necesiten sino porque alguien se lo pide. Los jugadores son el patrimonio del club mientras que los técnicos van pasando. Y más en estos tiempos en donde mandan los resultados con más fuerza que antes. Por eso los dirigentes tienen que conocer de fútbol, para equivocarse lo menos posible".
 

- ¿Alguna vez le armó el equipo al entrenador?
- "Jamás. Cuando disiento con la formación se lo digo el lunes, después del partido, nunca antes. Yo me junto con el entrenador a hablar de fútbol, y opino, pero eso no debe condicionarlo".
 

- ¿Cuál fue el mejor entrenador que contrato?
- "Gustavo Alfaro, sin dudas".
Dirigente de tablón, gritón desde la platea, alguna vez confesó que muchas veces tuvo deseos de golpear a un árbitro, pero inmediatamente, y con una sonrisa cómplice, aclaraba que tenía trato con todos y los reconocía como gente de bien.
Hincha de Boca, admirador de Ernesto Lazzati, Aníbal nos dejó cuando se iba enero, a los 88 años y después de luchar largo tiempo con una enfermedad tan injusta como cruel, que le quitó la posibilidad de seguir transitando su ciudad y su club hasta el último día. Seguramente desde donde esté podrá gozar del fútbol como no podía hacerlo aquí, "porque soy muy apasionado. Qué cosa, quiero tanto al fútbol que lo sufro". La cosecha de su siembra la disfrutamos todos, cuando Atlético juega en un nivel de competencia que de chicos ni siquiera nos animábamos a soñar.


"Si hay algo que me llevaré conmigo es el apoyo de mi familia. Todos, pero todos eh, me respaldaron siempre. Y el amor de Clyde, mi señora, que me aguanta. La conocí en el mostrador del correo, cuando ella iba a llevar la correspondencia y yo me acercaba para piropearla. Nos casamos en el ´56 y seguimos juntos".

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