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La otra mirada

Stress-es tres-tres... Sí, tres. No, ¡cuatro!

"El número tres alude al equilibrio. La armonía conseguida al lograr interna y plenamente las dualidades, al dejar atrás cualquier fricción entre los opuestos". Ibiza Melián, escritora española. Investigadora en el ámbito político. Especialista en comunicación política. De su libro "Crisis de fe y otros relatos".


yo opino
lunes, 11 de diciembre del 2017 | 04:00Hs

Foto: D. Camusso
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Stress-es tres-tres, triangulaba Saura desde el título de su película, en 1968. Recuerda Hugo Asch que en la mitología griega y romana, el número tres era venerado y en la Edad Media se lo consideraba un signo del Ser Supremo. En La Biblia aparece 467 veces y representa, entre otras cosas, la unidad en la trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres. No uno, ni dos. Tres. Una tríada, símbolo sagrado para las culturas antiguas; un número místico, mágico, misterioso. "Omne trinum perfectum" (todo número tres es perfecto), se entusiasmaba Virgilio, el poeta romano, 30 años antes de Cristo. Tres son las letras que articulan el nombre secreto en los crímenes de La muerte y la brújula, el cuento borgiano. Con tres heridas llegó, nos decía Hernández: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Tres son los colores primarios. Tres, los poderes del Estado… "Pare, pare, pare", me dice el tipo de la redacción con su típica soberbia, "¿usted no escuchó el cuarto gol? ¿No sabe ni siquiera como terminó el partido? ¡Y nosotros le pagamos para que escriba algo que valga la pena!", me grita. Yo sé que esperaba esto, es su venganza, y encima tiene razón. "Es que fue en el final, la última jugada, los verdaderamente importante fueron los otros tres goles. El primero porque permitió empatar, el segundo nos dejaba ganadores y el tercero porque nos daba tranquilidad. Además es el tercer partido que ganó Atlético de manera consecutiva, y en los dos anteriores había hecho tres goles", le respondo con tono de súplica. "Pero hubo un cuarto gol", me dice sonriendo. "¿Y sobre qué quiere que escriba? Iba a hacer algo sobre los milagros, por esto de la aparición de Velázquez que como en los otros partidos no la tocó, y sin embargo metió dos goles fundamentales, pero Klusener no lo acompañó y me quedó vacío el análisis. O sobre el fantasma de los equipos de la B Metropolitana que siempre nos complican, pero esta vez lo pasamos por encima a Flandria. Y a este club le dicen El Canario. ¿A usted le parece seductor escribir sobre ornitología? Lo del tres me cerraba perfecto" volví a la carga. "Y bueno, el que queda como un pavo es usted. No será la primera vez que Carlos llama para corregirlo", dice con soberbia. Y se va cantando el gol de Maxi Casa.
Fue el último partido del año y terminamos primeros, ¿cómo no voy a gritar el cuarto gol aunque me arruine la columna? Hoy se perdona todo, hasta esto. O usted no tuvo un golpe de julepe cuando se pusieron arriba en el marcador. Nos ganaba el Club Social y Deportivo Flandria, de Jáuregui, que en 76 años de historia lo más alto que había llegado era a esto. Y apenas había ganado un partido, empatado cuatro y perdido seis, para quedar tercero de seis equipos dentro de la zona del descenso. Para colmo Diego Ceballos no le había cobrado un claro penal a Klusener que podía solucionarnos el partido casi desde el inicio. Las cosas de Ceballos, aquel del pésimo arbitraje en la final de la Copa Argentina del 2.015. Aunque después se acomodó y recobró la imagen de buen arbitro que alguna vez tuvo.
Lo cierto es que ganamos. Un rato antes del comienzo, el escribano Carlos Eguiazu le dijo a Diego Oviedo que ganar tranquilizaba a todos y nos permitía a jugadores, entrenadores, dirigentes, periodistas e hinchas, irnos de vacaciones felices. Y es cierto. Ya nadie discute tácticas y hasta acepta a Velázquez y Klusener dentro del equipo, simplemente porque se trata de fútbol y las victorias, según nuestra particular mirada, todo lo maquillan.
Este Atlético es el que merece su reciente historia de grandeza en el ascenso. Pero no se trata solo de números y lugar en la tabla, aunque es esto finalmente lo que decide todo, sino también de presencia dentro del campo de juego, actitud y contundencia. Todo eso que hace que al revisar los pocos portales que se dedican a la B Nacional, vuelvan a mencionarnos como candidatos y grande de la categoría. Todo esto se ve fantástico de afuera y hace justa la ilusión del hincha que ya imagina el regreso a Primera. Para adentro, seguramente y apenas pase el tiempo del festejo por la victoria y por la altura del año, habrá que repensar algunas correcciones. Pero si yo no pude cambiar mi columna por el grito de Casa, como voy a pedirle a Bovaglio que piense ahora como asegurar el futuro. Por lo pronto, yo, para el año que viene sigo pensando variantes sobre el tres. Y también sobre el tema del milagro. No sea cosa que a Klusener se le termine la sequía y podamos finalmente compararlo con el Yagui. ¿Y usted? Usted, como yo, sufrió un año que nos golpeó duro. Y ahora estamos primeros. Disfrute, se lo merece.

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