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Retrato: Ero Francisco Borgogno

Su nombre ya es leyenda

Después de 44 años al frente de la Subcomisión de Automovilismo de Atlético, Chispa deja el cargo en manos del ingeniero Daniel Ricotti, hijo del hombre que lo llevó a ese lugar a él mismo. Pero se trata solo de una formalidad, porque nunca le faltará al Autódromo. Esta es una parte de su historia, vivida con el vértigo de la pasión.


yo opino
lunes, 09 de octubre del 2017 | 04:00Hs

"Los locos abren los caminos que más tarde recorren los sabios", Carlo Dossi.
"Busco a Ero Borgogno, ¿me podés decir cuál es de todos?", me preguntó alguna vez un periodista. Encontrarlo fue sencillo, salí del lugar donde se reunían quienes manejan teóricamente el automovilismo y me dirigí al interior del autódromo. Ero bajaba de su maltratado Ford Escort con las botas puestas, saltó como pudo un charco y dio tres órdenes a sus colaboradores antes que yo pudiera señalárselo a mi amigo. "No, ese no, el dirigente", me dijo el hombre con el grabador a cassette en la mano. Fue tan difícil explicarle que de verdad era Ero, como convencer a este que le dé una entrevista un día antes de una carrera en "su" autódromo.
Hay nombres o apodos que se convierten en una marca. No es necesario aclarar nada después de decir Chispa, una palabra que describe su personalidad explosiva, aunque el mote no haya nacido por esto. "El sobrenombre me lo puso Irineo López, el "Tuerto Queirolo", un extraordinario futbolista que tuvo Rafaela. Según él, yo tenía algunos "chispazos" cuando jugaba al fútbol", me contó cierta vez.
Chispa, que nació a fines de 1932 en Castellanos, se cubrió con la gruesa piel del cascarrabias tal vez para ocultar por pudor su interior más tierno. O simplemente la pasión por su tarea lo convirtió en un loco, uno de esos que abren caminos que más tarde recorren otros. Un loco soñador, como esos que lo acompañaron en una de las epopeyas deportivas más grandes que se destaquen en el país: traer a los autos de Indianápolis, a Rafaela, en 1971. "Recuerdo que empezamos a trabajar en la pista el 29 de noviembre de 1970, después de una carrera de Sport Prototipo. Es decir que hicimos todo en solo tres meses, ¡una locura!". De verdad lo fue, porque después de la llegada de Henry Banks, Director de Competición del USAC, y fundamentalmente tras su segundo viaje junto a Clarence Cagle, Director de Seguridad del USAC, se definió que la carrera se hacía cuando había muchísimo por trabajar. Hubo que ensanchar la pista seis metros, haciéndole además, una capa de concreto asfáltico como la actual, colocar guardarrail doble en las rectas y triple en las curvas, reemplazando los postes de hormigón que los sostenían por otros de quebracho, además de poner un tejido de dos metros de altura en las rectas. Todo eso más el acondicionamiento de los boxes, la pavimentación de las banquinas de los curvones y la colocación de semáforos, entre otras cosas. Pero además, había que hacer la logística del traslado de los autos y convertir a una ciudad pequeña como era entonces Rafaela, en un polo de atracción. Esos locos pudieron con todo.
Esa carrera marcó a Chispa, que desde 1970 era el presidente de la Subcomisión de Automovilismo, cargo en el que sucedió al ingeniero Eduardo Ricotti. Pero su historia de dirigente comienza mucho antes. "Cuando llegué a Rafaela fui a vivir cerca de Ben Hur, pero poco tiempo después me mudé a José Ingenieros 161. Luego pasé a Lavalle y, por último, a calle Tucumán, donde aún vivo hoy. Y me hice hincha del club del barrio. Yo jugaba al fútbol, hice todas las divisiones inferiores dirigido por Emilio Dipámbola y jugué algunos partidos en Primera allá por 1954, pero el padre de mi señora era el ingeniero Juan R. Báscolo, así que el ambiente que yo respiraba habitualmente era de automovilismo. Esa pasión se me metió en la sangre y entonces, desde muy joven, comencé a trabajar en la preparación del autódromo", dice Ero, que vio su primera carrera en 1947, aquellas 500 Millas ganadas por Pablo Gulle.
No hay día en que Chispa no vaya al autódromo, un sitio que siente propio aunque nunca lo dirá. Tuvo responsabilidades en más de mil carreras. Presidió la Mecánica Fórmula Uno, cuando ésta protagonizaba las inolvidables 500 Millas Argentinas y fue hombre de consulta permanente para la Comisión Deportiva Automovilística del ACA, que supo designarlo como comisario deportivo y director de carreras de la Fórmula Uno Internacional en Buenos Aires. Fue el largador oficial de categorías como el TC 2000, el Campeonato Argentino de Pilotos; participó en el diseño y montaje del primer circuito callejero de Santa Fe, y lo mismo hizo en Villa Carlos Paz, donde alguna vez organizó una carrera de la ex-Fórmula 2 Codasur.
De esta carrera en la Villa cordobesa hay una anécdota que lo describe. "Algunos afirman que me robé los guardarraills de la ciudad, no es cierto, pero los saqué y fui preso por eso. La anécdota es así: un día me llamó Alcides Raies, que era el promotor de la Fórmula 3 Codasur  para que le arme un circuito-parque en Villa Carlos Paz. Llegamos a los días previos a la carrera y me faltaban guardarrails, entonces fuimos a hablar con el intendente y nos autorizó a sacar uno de cada tres de los que hay en el acceso, que tiene como 15 kilómetros. Pero el hombre se olvidó de avisarle a la policía, así  que apenas denunciaron que había unos locos 'robándose la autopista' vinieron y nos llevaron detenidos. Al rato el intendente llegó, aclaró todo y nos dejaron libres. Pero la cosa no terminó ahí: al otro día volvimos a buscar los que faltaban, pero después de la experiencia anterior fui con un dirigente cordobés para evitar problemas, que los hubo porque otra vez fuimos detenidos ¡los dos! Así y todo se pudo correr y no faltaron guardarrails, a pesar de que la entrada de Carlos Paz quedó pelada".
Su relación de profunda amistad con Carlos Reutemann, la admiración mutua que se profesaba con Rubén Luis Di Palma y el reconocimiento de cientos de referentes del automovilismo valoran su trabajo. "El Chispa está loco, pero es un loco lindo, muy querible, un tipo imprescindible para el automovilismo", dijo hace algunos años Carlos Pairetti.
Después de 44 años y mil vivencias. Ero Borgogno deja la presidencia de la
Subcomisión de Automovilismo y, como una parábola del destino, se la entrega al hijo de quien se la dio a él, el ingeniero Daniel Ricotti. Pero se trata solo de una formalidad. Todos sabemos que no dejará de ir al autódromo y que no podrá evitar dar decenas de indicaciones, ni evitar pelearse al menos una vez al día ni dejar de meterse con las botas en el barro ni ensuciar las manos de tierra y cemento. El autódromo no dejará nunca de tener Chispa, porque ese fuego de su pasión ya vive en cada centímetro de ese predio cargado de vértigo. Pero su presencia aviva la llama. Es que ese ovalo es su vida. Y su orgullo. Tanto como aquella carrera legendaria. "Sin duda es mi gran orgullo. Como lo fue para Ricotti, Kuschnir, Acastello, el ingeniero Báscolo y el resto de los dirigentes que trabajamos tanto. Por lo que le dimos a la ciudad y porque cumplimos el sueño de los primeros directivos, aquellos que crearon las 500 millas solo para estar más cerca de Indianápolis. Nunca me voy a olvidar de la frase de Tony Hulman, dicha en castellano, "señores pilotos, enciendan sus motores", y del ruido de los motores. Sueño aún hoy con eso". 

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